El coronavirus no frena a los sicarios en Rosario: otras dos ejecuciones elevan la cifra de homicidios a 60 en el año

Ataque de sicarios en Rosario
Ataque de sicarios en Rosario Crédito: Marcelo Manera
Germán de los Santos
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18 de marzo de 2020  • 18:11

ROSARIO. Ni las recomendaciones de aislamiento ni de cuarentena preventiva para evitar la circulación del coronavirus logró apaciguar a los sicarios en esta ciudad. En las últimas 24 horas se produjeron dos asesinatos, lo que elevó la cifra de homicidios a 62 en lo que va del año, una cifra que se acerca a la del pico de violencia que estalló en 2013 tras la ola de venganzas entre bandas narco, entre ellas Los Monos.

Uno de estos asesinatos se produjo en Colombres al 3000, en la zona oeste, donde recrudecieron los homicidios a partir de este año, la mayoría con sello narco.

Débora Fernández, de 28 años, murió a causa de los disparos de pistolas 9 milímetros. En medio de una calle desierta durante la tarde, por las restricciones recomendadas para la circulación, dos sujetos se bajaron de un auto rojo y golpearon la ventana de su casa. Cuando la joven se asomó para ver quién era, los sicarios le dispararon.

Sus familiares la trasladaron a un policlínico de la zona, pero debido a la gravedad de su estado fue derivada al Hospital de Emergencias, donde Fernández falleció por heridas de bala en el tórax y en la espalda. La policía encontró en la escena del crimen siete vainas servidas de calibre 9 milímetros.

Unos minutos después, en la zona sur de la ciudad, se produjo otro homicidio protagonizado por sicarios, con una metodología similar al crimen de Fernández. Durante la tarde, vecinos de Paraguay y Estanislao López llamaron al 911 para alertar sobre una serie de disparos que habían escuchado en la zona.

Efectivos de la policía fueron hasta el lugar y se encontraron con un cadáver, detrás de dos autos. El cuerpo de Sergio Zapata, de 43 años, tenía un disparo en la cabeza y otros cuatro tiros en el pecho.

Este hombre vivía en Lamadrid al 1600, a metros del lugar donde fue asesinado. Uno de los vecinos que llamó a la policía dijo que durante la tarde había empezado a escuchar detonaciones, pero que en realidad no sabía qué ocurría en el lugar, donde de manera frecuente se producen tiroteos.

La Fiscalía de Rosario no descarta que estos dos crímenes estén vinculados, dado que hay puntos en común entre las biografías de las víctimas, relacionadas con la venta de drogas al menudeo.

El sábado pasado se produjo otro ajuste de cuentas entre narcos. Esa vez fue ejecutado Luciano César, de 60 años, en el barrio La Tablada.

El suyo es un apellido con historia dentro del mundo criminal: es el tío de Milton César, un sicario de esa zona que fue perseguido por miembros de la banda de Los Monos para vengar la muerte de Claudio Cantero, el Pájaro, líder del clan, fue asesinado en mayo de 2013.

Unos días después del crimen del Pájaro, los Cantero mataron a Nahuel y a Norma, hermano y madre de Milton, y al padrastro de César, Marcelo Alomar. Los acribillaron cuando se movían en una camioneta, al mediodía, frente a un jardín de infantes. Cinco años después fue ejecutada Diana Irrazábal, pareja de Nahuel César, que había testificado en el juicio contra Los Monos.

En Irak al 1900

El domingo pasado se produjo otro ataque con la misma metodología. Un joven de 30 años fue atacado a tiros cuando abrió la puerta de su casa, en Irak al 1900, en el norte de la ciudad.

El jueves pasado, como publicó la nacion, fue acribillada Mariana Ortigala, quien salvó su vida a pesar de ser blanco de cinco disparos. Es la hermana de Rodrigo Ortigala, uno de los testigos clave en la causa por homicidio y asociación ilícita contra Esteban Alvarado, uno de los capos narcos de Rosario, quien desde febrero de 2019 se encuentra detenido en la cárcel de Piñero.

No es la primera vez que los Ortigala son blanco de un ataque a balazos. En julio pasado el frente de un edificio situado en Servando Bayo 1085, donde trabajaban Ortigala y su hermana en una oficina, recibió una andanada de tiros.

Rodrigo Ortigala fue clave para que fuera detenido Alvarado, que hasta presentarse como arrepentido había sido su jefe en la banda narco. Por eso, el testimonio de Ortigala fue determinante para que los fiscales Matías Edery y Luis Schiappa Pietra avanzaran, junto al Organismo de Investigación, para desmantelar un clan narco que había ejecutado al prestamista Luciano Maldonado, cuyo cadáver apareció el 11 de diciembre de 2018 en una colectora de la autopista Rosario-Buenos Aires. Junto al cuerpo del prestamista había un cartel de cartón escrito con birome azul que decía: "Con la mafia no se jode".

Esa leyenda era la que dejaban como sello los miembros de Los Monos en los ataques a balazos contra las casas de funcionarios judiciales y jueces. Con ese artilugio -que después volvió a usar, pero de manera más sofisticada-, Alvarado pretendía que culparan e investigaran a Los Monos por los crímenes y amenazas que él había ejecutado. Esas pistas falsas las sembraba con la ayuda de altos jefes de la policía que hoy están detenidos, como los hermanos Martín y Marcelo Rey, y los comisarios Cristian Di Franco y Luis Quebertoque, entre otros.

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