En Cutral-Có volvieron a las rutas, pero para llamar a la Gendarmería

Más de 100 gendarmes fueron enviados a pedido de los habitantes de Cutral-Có
Más de 100 gendarmes fueron enviados a pedido de los habitantes de Cutral-Có Crédito: Gendarmería
El asesinato de un niño de 9 años generó una reacción social en la cuna del piqueterismo y se interrumpió el tránsito durante dos días para exigir el patrullaje federal
Daniel Gallo
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12 de octubre de 2019  

Fue necesaria la presencia de la Gendarmería para liberar un corte de ruta. Podría verse como un evento más de protestas resueltas con una fuerza de choque. Sin embargo, en esta oportunidad todo fue diferente. Suena paradójico, pero por primera vez los manifestantes se convirtieron en piqueteros durante dos días para conseguir el envío de gendarmes. Y no ocurrió en cualquier lugar, sino en la cuna del piqueterismo.

En el tramo de la ruta 22 que une las localidades neuquinas de Cutral-Có y Plaza Huincul se generó en los años noventa un sistema de protesta social que se repitió desde entonces en la mayoría de los reclamos sociales: la interrupción del tránsito para bloquear el flujo de mercancías y forzar de esa manera una negociación. Allí aparecieron en 1996 los llamados fogoneros que derivarían en la denominación colectiva de piqueteros. Un año después de la irrupción de ese grupo formado por desocupados originados por la por entonces privatización de YPF, docentes combativos y punteros políticos que aprovechaban el momento, un nombre se convertiría en bandera de toda protesta. En abril de 1997 Teresa Rodríguez recibió un disparo mortal cuando la no preparada policía local se entrometió en el despeje de la ruta que realizaba un destacamento móvil de la Gendarmería.

Pasaron 22 años y esta semana nuevamente fue bloqueada la ruta 22 durante 48 horas. En el petitorio figuró un punto que los manifestantes consideraron de resolución obligatoria antes de levantar el piquete: exigieron la presencia de la Gendarmería para patrullar esos pueblos.

Más allá de rápidos operativos judiciales de búsqueda y captura de algún narco, la Gendarmería no ingresaba en ese territorio desde aquella vez en 1997, cuando un despeje de ruta de escasa complejidad se transformó en una pueblada que forzó el retroceso de las unidades de esa fuerza federal. Ahora, la presencia de esa fuerza de seguridad federal fue reclamada por los vecinos, que hicieron visible la situación de violencia urbana que padecen los 50.000 habitantes de Cutral-Có y Plaza Huincul.

Más de 100 gendarmes llegaron a esa región en la tarde del jueves pasado y fueron recibidos por los vecinos que encabezaban los cortes en la ruta 22. Con la aparición de las unidades federales se levantaron los piquetes que habían sido sostenidos durante dos días.

El detonante de este inusual piquete fue la muerte de un niño de 9 años. El pequeño jugaba frente a su casa poco antes de las 15 del pasado lunes cuando recibió el impacto mortal de una bala. El disparo se había efectuado a 400 metros de distancia, según definió el Ministerio Público Fiscal de Neuquén al establecer la prisión preventiva de un sospechoso. Ese hombre habría pasado con una motocicleta y disparado contra una vivienda, por razones que aún se investigan. Una de las balas siguió su trayectoria hasta la cabeza del menor, que falleció un día después. Ese asesinato generó la indignación popular, el corte de la ruta 22 y un petitorio de 27 puntos a las autoridades provinciales que se encabezó con una exigencia: el patrullaje de la Gendarmería.

El asesinato del niño provocó un descontento social como hace 22 años lo generó la muerte de Teresa Rodríguez. Al igual que entonces, está vez la protesta se sustentó en situaciones que se repitieron sin solución. En la década del 90 la zona quedó desequilibrada por la privatización de YPF y la pérdida de puestos de trabajo. Las nuevas zonas de exploración de hidrocarburos dieron hoy nuevo empuje socioeconómico a la zona de Cutral-Có y Plaza Huincul. El problema allí es diferente al que llevó antes a las poblaciones a la ruta. El intenso crecimiento de la violencia urbana representa en estos días el mayor peligro en esa comarca.

Poco antes de la muerte del niño Luciano Fuente, otro homicidio había conmovido a la zona. El 27 de septiembre pasado, un atacante disparó contra un grupo y mató a un hombre. La sombra del narcomenudeo sobrevoló esa agresión y se sospecha que los disparos que por azar cobraron la vida del chico habrían surgido como una venganza por el anterior crimen. Menos de un mes antes había sido ejecutado un hombre de cinco balazos, en otro episodio que llevaría la pesquisa hacia territorios narco.

Varios informes oficiales establecieron que en esa zona de Neuquén se hicieron fuertes grupos que fusionaron las redes de trata de mujeres con el narcomenudeo. El petitorio que expusieron los manifestantes durante las dos jornadas de corte de la ruta 22 dejo en claro, también, que la presencia de las drogas es una preocupación social en ascenso. Además del pedido de una inmediata presencia de la Gendarmería -y el reclamo de que esa fuerza mantenga una actividad constante en la zona-, se solicitó a las autoridades la instalación de una unidad especial de la Policía Federal focalizada en la lucha contra los vendedores de sustancias psicoactivas.

También se exigió el regreso a la investigación del fiscal Santiago Terán, desafectado del caso Fuente luego de declaraciones públicas en las que reclamaba una acción más intensa de las fuerzas policiales.

Los gendarmes, por su parte, iniciaron los patrullajes en Cutral-Có, en grupos tácticos que coordinan las acciones con la policía neuquina. En las primeras 24 horas de vigilancia especial se notificaron seis arrestos, el secuestro de escopetas de fabricación casera -conocidas como armas tumberas- y la incautación de un cargamento de ropa con marcas adúlteras.

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