Hay que mirar el problema del abuso con perspectiva amplia

Miguel Espeche
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9 de junio de 2019  

Las cifras siguen generando angustia: crece el abuso y la adicción de sustancias en nuestro país. Se habla mucho, se generan programas, se proponen campañas? pero las cifras indican que cada vez más gente apela a modificar su estado de ánimo a través de sustancias que llevan a "otro lugar", obnubilando la conciencia, perjudicando su salud y poniendo en severo riesgo el entorno social, además, claro está, de las implicancias delictivas de la situación.

El volumen de las cifras nos indica que la cuestión es mucho más que un tema policial y, de hecho, es más también que un tema de política o de salud pública. La cuestión es, a esta altura, y desde hace mucho, un tema cultural y hasta existencial, si se nos permite la expresión en este contexto.

Es importante entender que si hay mercado es porque hay consumidores, más allá de que, obviamente, están quienes aprovechan perversamente los terrenos propicios para acrecentar esa masa de consumidores a través de acciones insidiosas y delictivas. Es ya recurrente el abordaje del aspecto policial, restrictivo y educativo en relación con el tema del consumo abusivo, y de las adicciones que vienen como consecuencia del mismo. Eso debe continuar, con la acción legislativa, policial, educativa, preventiva y asistencial del caso.

Desde hace décadas, con enfoques diversos, los gobiernos y las organizaciones de la sociedad han manifestado la importancia de informar de los males que trae el mencionado consumo abusivo, que tantas veces lleva a la adicción. Es difícil suponer que aquellos que consumen a esta altura no sepan los peligros que suponen los abusos.

Aun contando con la información las cosas siguen de mal en peor. Al igual que con el cigarrillo, en ocasiones, saber lo nocivo que es su consumo genera una angustia que hace que el fumador informado, por increíble que parezca, encienda un cigarrillo, justamente, para atemperar el estado angustioso que le suscita el saber las ulterioridades de lo que está haciendo. Eso es así porque, en definitiva, la cuestión esencial es el estado del ánimo herido o alterado, más que el cigarrillo o cualquier sustancia que suponga daño en la salud psicofísica.

Muchos hablan de "vacío existencial", aunque quizá valga la pena investigar si lo que habita en el ánimo de tantos es más un "lleno". Ese lleno en psicología se llama angustia, y la misma remite a una fuerza vital que no encuentra destino, acumulándose en el pecho y generando conductas desesperadas, conductas propias de aquel que nada espera al no encontrar sentidos significativos para su vida.

Una sociedad que se autonomina como "de consumo" puede esperar, sin demasiada sorpresa, que se generen problemas superlativos relacionados con, justamente, el "consumo". Hay algo en la filosofía misma del concepto endiosado de "consumir" que termina siendo tierra fértil para la patología. Se nos enseña que necesitamos algo externo a nosotros mismos para "ser", y ese "algo" suele ser un producto o, quizás, una persona vista como un producto, como ocurre en las relaciones patológicas (llamadas "adictivas" por algunos) que tanto se observan en el día a día vincular.

La lectura de las estadísticas que hoy nos preocupan merece un horizonte amplio si queremos ir entendiendo mejor las cosas.

El autor es psicólogo especialista en vínculos

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