Llevaron a declarar a la última persona que chateó con el diácono asesinado

La policía lo trasladó a los tribunales y anoche prestaba testimonio ante el fiscal Mohoraz
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11 de junio de 2019  

Un hombre, el último que chateó con el diácono Guillermo Luquin antes de que fuera asesinado en su casa de Temperley, fue llevado a los tribunales de Lomas de Zamora para declarar ante el fiscal Gerardo Mohoraz. Al cierre de esta edición no había trascendido el contenido de su testimonio.

En tanto, ayer también terminó la autopsia, en la morgue distrital. Los forenses certificaron que Luquin, de 52 años, presentaba un golpe en la cabeza y cinco heridas de arma blanca, una de ellas en el cuello, de carácter mortal.

Según el preinforme presentado por los peritos, la lesión en el cráneo fue provocada con un elemento contundente; los investigadores del caso creen que, como adelantó LA NACION en su edición de ayer, ese objeto sería el velador que fue hallado roto sobre la cama del diácono, que fue encontrado muerto, precisamente, junto a su lecho.

Con excepción del profundo corte en el cuello, que seccionó la arteria carótida de Luquin, los forenses convinieron que las demás lesiones causadas con un arma blanca -presumiblemente, el cuchillo hallado junto al cadáver- tenían carácter "superficial" y estaban en distintas partes del cuerpo, lo que denotaba que la víctima habría intentado defenderse.

En tanto, los médicos forenses de la Morgue Judicial de Lomas de Zamora continuaban hasta última hora de ayer con el análisis del cuerpo para establecer otras cuestiones sobre cómo y cuándo ocurrió el crimen, aunque habría consenso en cuanto a que la muerte se habría producido unas 12 horas antes al hallazgo del cadáver, es decir, en los primeros minutos del domingo.

Ayer, antes de recibir a la persona que mantuvo la última comunicación con el diácono, el fiscal Mohoraz tomó declaración al hermano de Luquin y a otros familiares. Hasta el momento no se encontraron indicios de que la víctima le temiera a alguien o tuviera algún conflicto o deuda; tampoco hay constancias de denuncias penales contra la víctima.

Los primeros rastros e indicios fijan el radio de sospechosos dentro del entorno de amistades y conocidos de la víctima. En principio, los investigadores habían descartado el clásico homicidio en ocasión de robo, dado que no encontraron en la casa de Bombero Ariño 829 el típico desorden que deja quien busca algo de valor sin saber a ciencia cierta dónde encontrarlo. Sí faltaban del lugar el celular y la billetera del diácono, que se habría llevado el homicida.

Ninguna puerta de acceso o ventana había sido forzada, lo que indica que o bien el asesino tenía llave o Luquin le franqueó la entrada porque lo conocía. Un juego de llaves estaba puesto en la reja del frente de la propiedad. Y en la mesa de la cocina había una gaseosa y dos vasos servidos.

Luquin, que era diácono en la parroquia Nuestra Señora del Carmen y empleado de la sucursal Banco Provincia de Temperley, fue encontrado muerto el domingo al mediodía, desnudo y envuelto en sábanas al costado de la cama, donde se halló una gran mancha de sangre a la altura del cabezal.

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