Lo asaltan y asesinan a su hija

Le dispararon a un gendarme que quiso escapar de los ladrones cuando llegaba en una camioneta a su casa
Cecilia Millones
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20 de abril de 2012  

"¡Dame el fierro! ¡Dame el fierro!", le dijo uno de los delincuentes al gendarme Luis Eduardo Aguilar, de 45 años. Luego, sin esperar respuesta, como si no la necesitaran, abrieron fuego. Aguilar apenas sufrió un rasguño en un brazo, pero la bala siguió su camino y alcanzó en el abdomen a su hija mayor, Anabela, de 22 años, que iba sentada a su lado. De inmediato los ladrones huyeron y, sin esperar la llegada de la ambulancia, Aguilar llevó a su hija hasta al hospital, donde murió poco después.

La policía investiga por estas horas las circunstancias del ataque mortal. Entre las distintas hipótesis que sopesan no pasa por alto la afirmación de Cristina, una de las hermanas de la víctima: «Lo reconocieron a mi papá»".

Carmen Medina, una vecina de 43 años y amiga de la infancia de Aguilar, confirmó a LA NACION las palabras de esta joven de 18 años tras la pesadilla que vivieron, luego de ser sorprendidos anteanoche por un grupo de delincuentes cuando abandonaban la casa de su padre, situada en la localidad bonaerense de Llavallol, partido de Lomas de Zamora.

Según relataron fuentes policiales y vecinos de la zona, el hecho se desencadenó alrededor de las 23, en Túpac Amaru 794, a metros de su cruce con la calle Luján. Aguilar había estado de compras con sus tres hijos y una amiga de ellos en un supermercado Jumbo de la zona y se disponía a llevarlos con su Volkswagen Suran gris a la casa de su ex mujer, situada en Monte Grande.

En el momento de partir, un Volkswagen Fox gris con cuatro hombres jóvenes se les cruzó en el camino y descendieron de éste tres delincuentes armados. Mientras Aguilar intentaba huir con su vehículo, se produjeron cinco disparos. Uno de ellos rozó un brazo del sargento y luego impactó en el abdomen de su hija mayor, Anabela Soledad. Los delincuentes se dieron a la fuga y de inmediato la joven fue trasladada por su padre al hospital Santamarina de Monte Grande, donde falleció.

"Pensamos que los ruidos eran cohetes porque justo había terminado el partido en el que ganó Boca. Pero después salimos y vimos lo peor", agregó Carmen, angustiada.

"No disparen"

"Como no llegaba la ambulancia, Luis se la llevó al hospital y nosotros nos quedamos con los chicos, Cristina, de 18 años, Tobías, de 14, y una amiguita de las nenas, hasta que llegó el tío de ellos para contenerlos", señaló Carmen, mientras recordaba que éstos le explicaron que Aguilar no suele salir armado cuando está con ellos y que "les pedía los ladrones que no disparen, por los chicos".

En tanto, personal de la comisaría 4a. de Lomas de Zamora y de la Gendarmería Nacional trabajaba ayer en el lugar para establecer las circunstancias del ataque. A su vez, el jefe de la Departamental de Lomas de Zamora, el comisario mayor Juan Abramo, calificó el escenario de "complicado", mientras los peritos levantaban de la calle los rastros de goma adherida al asfalto que dejó el vehículo de los asesinos.

A la vivienda se acercaron decenas de familiares, amigos y personal policial y de la Gendarmería para acompañar a "Johnny" -como dijeron que era llamado en su trabajo- en tan difícil momento. Señalaron, a su vez, que "la familia Aguilar es de Llavallol de toda la vida" y calificaron de "doloroso y tremendo" lo que vivió su compañero.

El hecho es investigado por el fiscal de instrucción N° 1 de Lomas de Zamora, José Luis Juárez, mientras ayer por la tarde se encontraban trabajando en los videos de las cámaras de seguridad del municipio para seguir los pasos del vehículo de los delincuentes.

"Zona liberada"

Varios vecinos, en tanto, manifestaron ayer su preocupación por los hechos de inseguridad en este barrio de casas bajas, donde en la mayoría se han reforzado puertas y ventanas con rejas. "Esta es una zona liberada. Te asaltan a cualquier hora y siempre andás con miedo", señaló Sandra, una asistente geriátrica de 48 años y vecina de Aguilar.

"Cobro $ 3200 y todas las noches tengo que disponer de $ 24 de ese sueldo para regresar a casa desde Temperley, más tranquila y en un remise, cuando tengo un colectivo que me deja a dos cuadras de casa, pero me da mucho miedo caminarlas", agregó.

Por su parte, Ricardo, de 62 años, vecino de Aguilar, señaló que en el barrio "se oyen tiros casi todas las noches", principalmente durante los fines de semana. "Entran a robar en las casas, rompen vidrios para sacarles los estéreos a los autos y en las paradas de colectivo les roban las zapatillas y las mochilas a los pibes que van al colegio. Y por acá sólo pasa un patrullero destartalado con el paragolpe y el capot abollados. ¡Es un desastre!", agregó con bronca.

"El año pasado le robaron a mi marido en el taller mecánico. Le sacaron todo, usaron nuestro coche y lo dejaron tirado en el Camino de Cintura", agregó Sandra. "La inseguridad se da a cualquier hora y en todo lugar. Nosotros terminamos poniendo más rejas a nuestras viviendas, cuando ellos son los que deberían estar tras las rejas", dijo indignada.

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