Matar por placer, un agravante que fue rechazado en el juicio al "sátiro de las niñeras"

Daniel Gallo
Daniel Gallo LA NACION
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8 de febrero de 2020  

Matar por placer. El agravante que busca imponer la representación legal de la familia Báez Sosa podría llevar a prisión perpetua a los asesinos de Fernando, el adolescente de 19 años atacado por una patota en Villa Gesell. Para los abogados que impulsan la acción penal contra los agresores varios elementos expondrían que los homicidas disfrutaron golpear hasta dejar sin vida a su víctima. Esa figura aparece en el inciso 4 del artículo 80 del Código Penal y lleva la misma sanción que otros agravantes mencionados en ese punto, como el homicidio por ensañamiento, alevosía o con concurso premeditado de dos o más personas, otras posibilidades que podrían ser utilizadas en este caso. Quizás esas últimas opciones tengan mayor peso real en el momento de calificar el homicidio, ya que la alternativa de una condena bajo el agravante de matar por placer no tiene muchas antecedentes locales. Incluso fue rechazado el un caso emblemático de violencia de género: el asesinato de Sandra Ayala Gamboa en 2007.

Se trata de un expediente que vale la pena repasar en los días previos a conocerse la calificación que expondrá la fiscal Verónica Zamboni para argumentar los pedidos de prisión preventiva. En ese caso se trató de un violador serial y los psiquiatras que actuaron como peritos fundamentaron la acusación fiscal de homicidio por placer, en concurso con varios delitos.

A fines de 2009 una adolescente de 14 años logró escaparse de un agresor sexual en la localidad misionera de Apósteles. Cuando la policía local atrapó al sospechoso se descubrió que este tenía pedido de captura en Buenos Aires por el asesinato de Ayala Gamboa, una joven peruana que fue engañada por una propuesta laboral el 16 de febrero de 2007 en La Plata. Su cuerpo fue encontrado en un edificio ubicado en avenida 7, entre 45 y 46, en una de las oficinas donde funcionaba el archivo del Ministerio de Economía bonaerense. Ese lugar funciona hoy un centro de asistencia para víctimas de violencia de género y está a cargo de la madre de esa asesinada estudiante de medicina. El rastro de ADN guió la investigación hacia Diego Cadícamo, el hombre que finalmente fue capturado dos años después en Misiones. Su perfil genético apareció en varios ataques sexuales.

La fiscal del juicio, Maribel Furnus, se apoyó en el dictamen de psiquiatras para determinar que Cadícamo había matado por placer e invocó en el pedido de reclusión perpetua el inciso 4 del Código Penal. "El placer máximo de Cadícamo es lograr la destrucción total de la víctima" fue uno de los argumentos expuestos ante el Tribunal en lo Criminal n° 5 de La Plata. Sumó, además, el agravante de alevosía por el estado de indefensión en el que sometía a sus víctimas. El acusado fue juzgado en noviembre de 2012 por el homicidio de Ayala Gamboa y otras siete violaciones.

Cadícamo fue condenado, pero se rechazó el agravante de homicidio por placer y también quedó de lado el pedido de sumar pena por alevosía. Frente a un caso en que el acusado tenía no solo negativos informes psiquiátricos, sino también comprobadas repeticiones de su penable conducta, el tribunal no fue permeable a sumar el agravante de homicidio por placer.

De todas maneras, Cadícamo fue condenado a prisión perpetua al considerar los jueces que se trató de un homicidio criminis causa -asesinato que ocultó otro delito, en ese caso el intento de violación de Ayala Gamboa-, sumándose siete violaciones.

A Cadícamo se lo conoció como el "sátiro de las niñeras" porque contactaba a jóvenes para ofrecerles el supuesto trabajo de cuidar a menores. El mismo ardid utilizó al menos cuatro veces en Misiones, donde se había refugiado en la vivienda de un familiar. Pese a esos antecedentes de ataques sexuales cada vez más violentos, no pudo imponerse el agravante de matar por placer, la figura que se pretende impulsar en el asesinato de Báez Sosa a manos de una patota en Villa Gesell.

El caso de Cadícamo puede dejar, incluso, otras enseñanzas sobre las diferentes visiones que pueden encontrarse en el sistema judicial. Aquello que hoy puede ser claro para la sociedad -por ejemplo un ataque en manada a un joven y la clara manifestación de violencia expuesta por las patadas en la cabeza- encontraría, tal vez, otra mirada cuando todo pasa por el frío filtro del procedimiento penal. Al ser revisada la sentencia de Cadícamo en segunda instancia se confirmó la condena a prisión perpetua por el asesinato de Ayala Gamboa, pero resultó absuelto por dos violaciones debido a tecnicismos legales.

En uno de los casos, la defensa objetó que se había incorporado por lectura la declaración de la víctima. Se trataba de una menor de 14 años que había señalado a la psicóloga que se mataría en caso de ser obligada a dar su testimonio ante otras personas. El caso estaba fundamentado con la declaración de la médica que atendió a la víctima y el rastro de ADN encontrado en su cuerpo, coincidente con el del acusado. Una situación similar se notificó en el segundo caso. Para los jueces de cámara el supuesto error procesal era suficiente para anular las condenas en ese caso. Tomó intervención la Suprema Corte bonaerense, que en 2016 -a cuatro años de la condena inicial- ordenó que esos dos casos fuesen nuevamente tratados. En Misiones, Cadícamo, sumaría otros 15 años de condena, pero no prosperó la acusación de matar por placer.

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