Mató a su madre y a su tía, se cree un gato y entró maullando a los tribunales

Pereg, al entrar maullando en los tribunales
Pereg, al entrar maullando en los tribunales Crédito: Captura de TV
(0)
6 de noviembre de 2019  • 13:09

Desde que cayó preso, en enero pasado, acusado de haber asesinado a su madre y a su tía en una propiedad de la localidad de Guaymallén, el exmilitar israelí Gilad Pereg adoptó un comportamiento intimidante y especialmente curioso: ante los guardias del penal de Boulogne Sur Mer, donde está encerrado e incluso ante los jueces que deberán resolver su futuro procesal, él actúa como un gato. De hecho, ayer, cuando fue conducido a los tribunales de Mendoza, a una audiencia clave para su defensa, profirió sucesivos y desafiantes maúllos.

El abogado del hombre que, una vez afincado en Mendoza, se hizo llamar Nicolás, sostiene desde hace meses que su cliente sufre una psicopatología severa y que su estado físico y mental se deteriora rápida e inexorablemente. "Su salud empeoró y va a seguir empeorando ya que por su patología (se cree un gato) no es comprendido por los penitenciarios, que saben tratar a presos normales, y él no lo es. Esta situación va a ir creciendo; ya tiene una mano quebrada y no pasaron ni diez meses. Posteriormente puede terminar en algo peor", advirtió el defensor de Pereg, Maximiliano Legrand, que quiere que trasladen a su cliente a un centro especializado.

De hecho, la audiencia a la que Gil Pereg entró maullando estaba relacionada con una apelación de la defensa, que reclamaba la admisión de pruebas que le habían sido denegadas en la primera etapa de la instrucción de la causa por los asesinatos de la madre del acusado, Pyrhia Saroussy, de 63 años, y de la tía de Nicolás, Lili Pereg, de 54.

Pereg, maullando de camino a la sala de audiencias de la Cámara de Apelaciones de Mendoza

00:18
Video

La Cámara de Apelaciones de Mendoza hizo lugar a todos los planteos de la defensa y aceptó la incorporación de nuevos testigos y de peritajes psicológicos y psiquiátricos antes del juicio, cuya fecha aún no ha sido fijada.

Según fuentes judiciales consultadas por la agencia de noticias Télam, Pereg no pudo escuchar ese veredicto: a causa de su comportamiento anómalo y a su permanente caracterización de un gato, los jueces ordenaron desalojarlo de la sala para permitir el normal desarrollo de la sesión.

Sobre la decisión judicial, el abogado Legrand dijo a Télam: "En esta audiencia se trataron todas las apelaciones que presentamos en conjunto y el tribunal hizo lugar, teniendo en cuenta que se estaba vulnerando el derecho a la defensa al no admitir todas las pruebas que hemos presentado desde un principio".

Señaló que entre esas pruebas se encuentran las declaraciones testimoniales de los peritos psicólogos y psiquiátricos y las declaraciones de testigos que conocían a Pereg. Fundamentalmente, resaltó la incorporación de peritajes que le habían realizado a su cliente en Israel, antes de su llegada a Mendoza, que daban cuenta de ciertos "comportamientos aberrantes".

Sobre el comportamiento de Pereg esta tarde y su estado general de salud, el abogado dijo: "Lo vi muy mal, hace rato lo veo así, ingresó a la sala gritando. Son los episodios psicóticos, como lo dijo en su momento el Cuerpo Médico Forense".

Antecedentes impúdicos y escatológicos

La de ayer no fue la primera vez que Pereg realiza este tipo de exhibiciones. Desde el principio de su encierro comenzó con una estentórea y evidente actividad desafiante hacia los guardiacárceles en Boulogne Sur Mer, en especial, cuando no se atendió, por razones obvias, su pedido de que se le permitiera volver a la escena del crimen porque debía darles de comer a sus 35 gatos. Luego comenzó una huelga de hambre y, a partir de ese momento, sus actos impúdicos y escatológicos y su manía por parecer y actuar como un gato se volvieron moneda corriente en la prisión. Y hace más de siete meses ya ejecutó otra manifestación obscena en los Tribunales, donde se desnudó.

Según publicaron varias veces medios de comunicación mendocinos, permanecía desnudo en el calabozo, hacía sus necesidades fisiológicas en el piso y manchaba las paredes con sus heces, con las que escribía los nombres de algunos de sus felinos. Se lo filmó siseando y haciendo con sus manos los típicos gestos de ataque de los gatos con sus patas delanteras cada vez que los guardiacárceles pretendían ingresar para verificar el estado de la celda.

Recientemente debieron llevarlo esposado para bañarlo, dado que se negaba sistemáticamente a asearse y, sobre todo, a estar cerca del agua, rechazo que le es históricamente atribuido a los felinos. Y en un episodio extraño en situación de encierro, Pereg se rompió una de sus manos. Por eso se lo vio ayer con un medio yeso.

Ante la consulta de cómo continua la causa, Legrand adelantó que "ahora van a empezar a ver a los testigos y eventualmente, cuando terminen todas las pruebas, se decidirá el mérito de la acusación y si corresponde la declaración de inimputabilidad o incapacidad" sobre su cliente.

Pereg está procesado con prisión preventiva por el homicidio agravado por el vínculo de su madre y el homicidio simple de su tía. Las hermanas, también israelíes, fueron vistas con vida por última vez el 12 de enero pasado en la casa del acusado, situada en Roca al 6000, de Guaymallén, y 14 días después la Policía Científica encontró los cuerpos de ambas tapados con piedras y tierra en un sector del mismo predio.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.