Mató a su novia y se fugó: el miedo constante de la familia de la víctima

Ivana Correa, de 23 años, murió en un hospital el 29 de enero de 2011, porque Roberto Almirón la roció con alcohol y la prendió fuego en la localidad bonaerense de El Jagüel; la familia de la víctima pide que alguien se encargue de buscar al criminal
Ivana Correa, de 23 años, murió en un hospital el 29 de enero de 2011, porque Roberto Almirón la roció con alcohol y la prendió fuego en la localidad bonaerense de El Jagüel; la familia de la víctima pide que alguien se encargue de buscar al criminal Crédito: Interpol
Belisario Sangiorgio
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8 de agosto de 2019  • 18:36

Pocos minutos antes de morir, Ivana estaba en calma: sentada, decoraba -con un pincel y con pintura celeste y rosa- dos camas nuevas, que había comprado para sus hijos. Luego, llamó a su madre y le pidió que cuidara a los pequeños. De aquella noche maldita, Liliana Correa recuerda que ella dijo que sí, que se quedó con sus nietos, y que no tenía ni cinco pesos en la billetera. Recuerda también que la niña lloraba mucho y que fueron hasta un almacén para sacar fiadas algunas golosinas.

Al mismo tiempo, no muy lejos de allí, en una humilde casa de la localidad bonaerense de El Jagüel, Roberto Almirón atacaba por la espalda y sin motivos a Ivana: la roció con alcohol, luego la prendió fuego y después la inmovilizó contra una pared mientras las llamas quemaban el cuerpo de la joven de 23 años.

El 24 de junio de 2014, Roberto Almirón fue condenado a 18 años de prisión por asesinar a Ivana, simular un intento de suicidio y luego trasladarla a un hospital para desligarse del hecho. Sin embargo, estuvo preso apenas 15 días. Luego se fugó.

Actualmente, cinco años después de la condena de primera instancia, la familia Correa vive atrapada en una sensación de temor que nunca termina: "Yo creo que a Roberto Almirón no lo están buscando. ¿Durante cuánto tiempo se puede esconder? Tengo miedo por nuestra familia. Cuando estoy en la calle lo busco entre la gente, en los colectivos, en la estación Constitución", confiesa Liliana Correa a LA NACIÓN.

Y agrega: "Estamos viviendo una situación horrible. El dolor crece cada vez más, porque es mentira que el paso del tiempo calma la tristeza. Aún extraño a mi hija, sueño con ella, le hablo a sus fotografías".

Siempre que puedo, a las chicas que sufren violencia, les digo que se vayan, porque las van a matar
Liliana Correa

"Roberto Almirón dejó todo para conquistar a mi hija, y después matarla; no la dejaba hablar, ella no tenía palabra, pero en ese momento yo no me di cuenta", dijo la madre de Ivana
"Roberto Almirón dejó todo para conquistar a mi hija, y después matarla; no la dejaba hablar, ella no tenía palabra, pero en ese momento yo no me di cuenta", dijo la madre de Ivana

Para Liliana Correa, el reloj se detuvo el 23 de enero de 2011, cuando Almirón mató a su hija. Ivana, a su vez, era madre de dos pequeños, que todavía preguntan por ella: "Yo les digo que Ivana está en el cielo y les muestro fotos". Además del miedo, ahora quedan recuerdos de una historia que quedó -para siempre- signada por el sacrificio y la violencia.

"Cuando mi hija nació, vivíamos en San Miguel de Tucumán y, cuando Ivana cumplió cinco años, decidí venir a Buenos Aires. Viajamos nosotras dos, solas. Al principio nos quedamos en la casa de una de mis tías, en Florencio Varela. Yo trabajaba todo el día", recuerda Liliana. Y agrega: "Ella fue una niña muy linda. Iba al colegio, tenía buenas notas y buenas amigas. Le gustaba compartir y defender a las personas".

"Alguna vez, me vio llorando y me preguntaba qué me habían hecho, para defenderme. Después creció; y creció sana. De cuerpo y de mente. Pero cuando lo conoció a Almirón todo cambió", se lamenta la mujer.

Violencia y muerte

Liliana es consciente de que no puede regresar al pasado, pero sabe que los conocimientos que adquirió del dolor pueden transformar la historia de otras mujeres. Por eso, reconstruye la vida de Ivana: "Cuando se puso de novia con Almirón ella tenía 23 años, y a pesar de que había cosas que no me gustaban, yo no podía agarrarla y llevármela porque ella era una mujer adulta".

Una de las primeras cosas que te prohíben los violentos es el maquillaje; después te prohíben salir
Liliana Correa

"Siempre les digo a las chicas que sufren violencia que se vayan, porque las van a matar. Cuando Ivana estaba sola, cuando era soltera, ella se podía reír, podía teñirse el pelo. Después, ella ni siquiera tenía palabra. Roberto Almirón dejó todo para conquistar a mi hija y después matarla. Pero en ese momento yo no me di cuenta", dice la madre de Ivana.

"Una de las primeras cosas que te prohíben los violentos es el maquillaje; después te prohíben salir. Cuando conversábamos, el femicida contestaba por ella, le hablaba encima", agrega. Correa.

Un camillero del primer hospital adonde llegó la joven, en Monte Grande, declaró luego que -durante la noche del ataque- observó cómo, a espaldas del médico y en terapia intensiva, el femicida Roberto Almirón amenazaba con señas a Ivana, que aún estaba viva y desde una cama lo miraba aterrada.

La noche del 23 de enero de 2011, luego de prender fuego a Ivana, Almirón llamó a Liliana y le dijo que algo había pasado, que él salió y que, al regresar, encontró a la joven quemada. Fue el propio femicida el que, en su afán por simular un suicidio, llevó a la víctima hasta un hospital de Montegrande.

Según relata su madre a LA NACIÓN, Almirón -que tenía las manos quemadas- amenazó a la joven para que ella misma dijera que intentó quitarse la vida, y que él la había rescatado. "Me quise suicidar", explicó la joven al cirujano que la recibió aquella madrugada.

Después, todo sucedió muy rápido. El silencio, el coma y el dolor eterno. Ivana murió el 29 de enero por la mañana, en el hospital San Martín de La Plata. El fuego había quemado más de la mitad de su cuerpo.

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