Perpetua para los asesinos del dueño de la editorial Sigmar

Martínez Castro, uno de los condenados
Martínez Castro, uno de los condenados
Gabriel Di Nicola
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4 de abril de 2019  • 14:12

En octubre de 2016, Roberto Gerardo Chwat, gerente de la tradicional editorial Sigmar, fue asesinado durante una entradera en su casa de Vicente López. Allí, a solo cinco cuadras de la Quinta Presidencial de Olivos, lo mataron de tres tiros a no más de 30 centímetros de distancia. Disparos a quemarropa que causaron la muerte en el acto. Hoy, casi 900 días después, los tres acusados por el crimen fueron condenados a prisión perpetua.

Así lo resolvió el Tribunal en lo Criminal (TOC) N° 6 de San Isidro, integrado por los jueces Débora Ramírez, Federico Tuya y Marcelo García Helguera. En el debate, el Ministerio Público Fiscal estuvo representado por el fiscal de Vicente López Martín Gómez, que también instruyó la causa.

Los tres acusados en el juicio fueron Leandro Barzola, alias Pelado y de 25 años; Sasha Martínez Castro, de 25, y Héctor García, apodado Bebe o Bebu, de 32. Los jueces los encontraron culpables del delito de homicidio criminis causa agravado por el uso de armas de fuego en concurso real con robo calificado por el uso de arma de fuego y por su comisión en poblado y en banda en grado de tentativa.

Los delincuentes quedaron grabados por las cámaras de seguridad instaladas en la casa de la víctima

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"En el juicio declararon los tres acusados. Dijeron que únicamente habían ido a robar y Barzola se hizo cargo de haber efectuado los tres disparos en el garaje de la casa de la víctima. Esos disparos, según los peritajes, fueron hechos a no más de 30 centímetros de distancia", explicó a LA NACIÓN una calificada fuente judicial que intervino en el debate.

El arma homicida fue una pistola calibre .45 que fue secuestrada por la policía bonaerense en uno de los allanamientos hechos cuando fueron detenidos los sospechosos.

Chwat tenía 67 años, era ingeniero y presidente de la editorial infantil fundada en 1941 y que a lo largo de los años se expandió hasta llegar a mercados como el canadiense, con un catálogo que ronda los 3000 títulos.

La víctima fue asesinada el 27 de octubre de 2016 en su domicilio de Lisandro de la Torre 1640, a solo cinco cuadras de la Quinta de Olivos. Los delincuentes entraron por el portón del garaje en el momento en que el empresario entraba con su vehículo.

El empresario asesinado a quemarropa
El empresario asesinado a quemarropa

El robo se frustró. La hipótesis de los investigadores es que los delincuentes mataron a quemarropa al empresario cuando se negó a bajarse del vehículo y que, de inmediato, huyeron sin concretar el asalto.

Además de no descender del vehículo, según el fallo, "la víctima efectuó una rápida maniobra marcha atrás, embistió el portón al punto de deformarlo y, arrinconó a Barzola y lo apretó parcialmente al menos en su pierna izquierda según propuso el nombrado [el acusado], y entonces ahí, tal lo confesó, disparó.

La fuga de los delincuentes quedó grabada en los videos de las cámaras de seguridad que la víctima tenía montadas en su cocina y en la puerta de entrada. En las imágenes se ve a dos de los ladrones a cara descubierta, ambos armados con sendas pistolas.

El portón del garaje se cerró y, al quedar atrapados dentro de la casa, los delincuentes cruzaron la cocina y fueron hacia la entrada principal de la vivienda para escapar. Pero como la puerta estaba cerrada con llave, en uno de los videos se ve que con la culata de sus armas rompieron un ventiluz sobre la puerta para poder escapar por esa estrecha abertura, para lo cual se valieron de una banqueta.

Los asaltantes saltaron por la reja perimetral, ante la mirada de dos vigiladores privados que se hallaban dentro de sus garitas, ubicadas a solo 50 y 30 metros de la vivienda de Chwat. Los custodios relataron en el juicio que los ladrones efectuaron disparos para cubrir su fuga. Los esperaba un cómplice que conducía un Toyota Corolla.

"La única decisión genuina e incuestionable, fue la de Chwat. A partir de esa reacción, producto de la necesidad de defender lo suyo, su familia, su vida, sus bienes, o quizás de huir, pero que adoptada en segundos no hizo más que poner en riesgo el plan criminal con todo lo que ello implicaba, recibió la respuesta letal a través de las armas llevadas para el caso de que fuera necesario usarlas", sostuvieron los jueces en su fallo al que tuvo acceso LA NACION.

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