Un escalofriante crimen con mensajes, confesiones e intentos de suicidio

Un resumen del drama familiar que estremeció a la sociedad
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16 de abril de 2012  • 09:37

La imagen de Martín ahogado en el baño de su casa junto a su madre, rodeada de blisters vacíos de sedantes y con las muñecas cortadas, fue una escena estremecedora. Sin embargo, el drama no terminaría allí. A partir del crimen del niño de seis años, una sucesión de hechos y datos escalofriantes conmovió a la sociedad.

El crimen

La mañana del 20 de marzo, Martín (6) fue hallado muerto en el jacuzzi del baño de su casa del barrio privado Lagos de San Eliseo, en el partido bonae­rense de San Vicente.

A su lado estaba el cuerpo de su madre viva, pero inconsciente. Los blisters vacios de sedantes desperdigados por el lugar y los cortes que presentaba en sus muñecas indicaban que Adriana Cruz habría intentado suicidarse. Fue una empleada doméstica, cerca del mediodía, la que descubrió el espantoso escenario y dio aviso a los vigiladores privados, quienes, a su vez, llamaron al número de emergencias 911.

Mensajes en las paredes

Pocas horas después del hallazgo, comenzaron a circular fotografías de la casa, donde supuestamente Adriana Cruz había dejado mensajes a su marido y a su otra hija, Florencia. "Psicópata, manipulador, mentiroso", se podía ver escrito con aerosol en una de las paredes de la casa. Otro mensaje, en el espejo del baño, decía: "Flor te amaré forever".

Además, en la casa se hallaron más mensajes con aerosol en distintas paredes e incluso en la ropa del papá de Martín.

Video

Una confesión ante la cámara

Tras la orden de detención de la madre, un hecho causó todavía más estupor en este caso. Mientras Adriana Cruz era trasladada en un patrullero, confesó el crimen ante una cámara de televisión.

"¿Lo mató por venganza?", preguntó un cronista de Telefé que logró arrancar la confesión. "Sí", fue la firme y lacónica respuesta de la principal sospechosa. Acto seguido, y consultada por las razones del asesinato, Adriana Cruz agregó: "Para cagar al padre."

Los ruegos de sus hijas

Días más tarde se conocieron más detalles del drama familiar. Adriana Cruz y su marido, Carlos Vázquez, CEO de Covelia, una firma de recolección de residuos, mantenían una mala relación, con escenas de violencia, muchas veces frente a sus hijas.

La violencia rondaba el seno familiar desde hacía tiempo, pero en los últimos meses se había acentuado, según informaron en su momento a LA NACION fuentes de la investigación. Varias veces, las dos mayores, de 15 y 14 años, les escribieron a sus padres notas en las que, casi a manera de ruego, les pedían que no continuaran agrediéndose: "Mamá, paren la mano", "No se peleen más", "Los dos tienen razón, pero esto nos hace mal", decían las misivas.

En agosto de 2011, Vázquez decidió separarse de su mujer de nacionalidad brasileña, con la que lleva 16 años de casado, y dejar la casona del country. No obstante, cada fin de semana el hombre volvía para visitar a sus hijos. Pasaban tiempo juntos: solían salir de compras y de paseo.

La muerte de Cruz

Finalmente, esta mañana Adriana murió luego de un nuevo intento de suicidio.

La mujer había intentado ahorcarse en el baño de la celda que ocupaba en la unidad penal 45 del Servicio Penitenciario Bonaerense. Una de las personas que la custodiaba la encontró todavía con vida e hizo que la trasladaran, pero el daño cerebral ya era irreversible. Llegó agonizando al hospital Alejandro Korn de Melchor Romero, donde perdió la vida horas más tarde.

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