Una sociedad que no se asombra por la circulación de las drogas

Daniel Gallo
Daniel Gallo LA NACION
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27 de septiembre de 2019  

El decomiso de 258 kilos de cocaína hubiese causado un fuerte impacto social en 2004, año en que se descubrió, un poco por azar, que se despachaban en Ezeiza valijas sin dueño rumbo a España. Fue el llamado caso Southern Winds que, entre otras cosas, generó la creación de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) que intervino ahora en la investigación que originó una de las mayores incautaciones de drogas en la principal terminal aérea argentina. Sin embargo, esos 258 kilos no causan mayor asombro.

El mercado local de drogas se consolidó tanto desde aquellas valijas voladoras que hoy solo impresionan cargamentos superiores a los 700 kilos de cocaína. Llamó más la atención la mecánica del intento de contrabando -una decena de pasajeros con una veintena de valijas cargadas con droga- que la cantidad de cocaína secuestrada. Cuando una sociedad no se inmuta por la aparición de un cargamento de cocaína es un síntoma de resignación o, lo que es peor, de acostumbramiento.

Es cierto que este decomiso no se integra siquiera en una lista de los veinte mayores en una historia encabezada por los 2200 kilos de cocaína descubiertos en 1997 en la llamada Operación Strawberry. Sin embargo, tiene una característica que resulta importante resaltar: una investigación había expuesto que el martes pasado se intentaría despachar en Ezeiza equipaje con drogas. Ese es el hecho relevante de un operativo que, medido solo bajo parámetros de droga decomisada, no supera a las incautaciones habituales durante simples controles viales en el norte argentino.

Un informe del Ministerio de Seguridad reveló este año que circula en la Argentina cada año unas 27 toneladas de cocaína, según las estimaciones oficiales. El promedio de decomisos en los últimos cuatro años fue de 12 toneladas de esa droga. Una alta performance en comparación con otros países. Entre esas cifras parece menor un hallazgo de 258 kilos de cocaína. Pero la sociedad no debería sentirse acostumbrada a que la cocaína circule sin reacción social.

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