A la intemperie y rehenes del frío
Más de 1400 personas viven en las calles de Buenos Aires; cómo los asisten en los paradores de la ciudad
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Son rehenes del invierno, de la crisis social y de la indiferencia. Cada vez que el frío recrudece en la noche porteña, ese problemático escenario se agrava en la ciudad: más de 1400 personas viven hoy en la calle, según el último censo, aunque la sensación es aún más crítica.
Pese a que el gobierno afirma haber duplicado los recursos humanos y los equipamientos, y activar un operativo de rastrillaje para asistir a los que pasan frío, muchos siguen durmiendo allí, a la intemperie, sin medir riesgo alguno. Más aun cuando nueve días atrás un bebe de casi un mes de vida murió, presuntamente, por una neumonía, y cuya familia se asentaba en la calle Pichincha y Cochabamba, bajo la Autopista 25 de Mayo, en San Cristóbal.
Es cierto, muchas personas que duermen en colchones o cartones sobre la vereda, y se cubren con viejas frazadas, no quieren dejar ese lugar. Rechazan la comodidad de disponer de su tiempo y de las exigencias que deben cumplir en los paradores, como prohibiciones de fumar, beber alcohol y el respeto por los horarios para comer y dormir, según constató LA NACION en una recorrida con trabajadoras sociales del programa Buenos Aires Presente (BAP).
Son numerosos los puntos críticos donde familias con chicos se cobijan a la intemperie, mientras que los siete paradores y hogares que pertenecen a la ciudad están completos cada noche. Sin embargo, hay otros 17 establecimientos de varias ONG que el gobierno porteño dispone para trasladar nuevos huéspedes.
Basta con transitar los bajo-autopistas para advertir el dolor de gente cuyo único capital son algunos trapos viejos, un colchón y un puñado de mantas rotas. En Rincón y Cochabamba, a dos cuadras donde murió el bebe, crece otro niño de un año y cuatro meses: Alan Bravo. Sus padres, Víctor Hugo (de 40 años, pero parece 15 años mayor) y Andrea (32) hace tres años que armaron allí una vivienda de cartón sobre la vereda.
"A mi hijo lo cuidamos y lo vacunamos, pero estamos tranquilos porque ya es su segundo invierno. El gobierno me ofreció un subsidio para irme de acá, pero esa plata no me alcanza", dice Bravo.
LA NACION acompañó a un grupo del BAP que cada noche asiste a cientos de personas sin vivienda. La primera parada es en Madero al 900: allí, dos hombres, padre e hijo, se cubren bajo mantas. Ambos están descalzos. Laura Alonso, coordinadora de Asuntos Sociales de la ciudad, entra en acción con la simpleza y la sabiduría de alguien que sabe cómo enfrentar a esta población vulnerable.
"Venite a dormir esta noche al parador y, mañana, arreglamos para que recibas un subsidio y se busquen un lugar. Pero salgan de acá hoy, por favor", les repite Alonso, una y diez veces, sin lograr convencerlos. Los argumentos de ambos se sostienen con firmeza: cuidan coches en la zona y no quieren alejarse demasiado. Gustavo, el hijo de 26 años, es adicto a la marihuana, consume alcohol con frecuencia y tuvo varios intentos de suicidio.
Otra visita fue al hogar Josebepo Ghezzi, en Parque Patricios, donde hombres solos pasan el día. Tiene una población de 85 personas (diez son extranjeros) y el sitio luce ordenado y limpio. Los menos rechazan las "exigencias horarias", pero agradecen el trato recibido por su coordinador, Miguel Berdulari.
Precariedad
La contracara es el parador de Retiro, pegado a la villa 31. Un enorme galpón con 200 camas para hombres, sólo climatizado con dos equipos de calor; tiene un baño inundado de agua, y una gotera que cae sobre un enchufe tapado con un cartel: "No usar".
En ese lugar, el coordinador Leonardo Pasatir, con las manos dentro de su sobretodo, explica que la calefacción es insuficiente, pero que cada ocupante tiene tres frazadas. También, que la inundación de los baños responde al descuido de sus usuarios. Eso sí: nadie supo decir por qué había restos de basura tirada en el piso y cuatro gatos que viven dentro del gimnasio.
La ministra de Desarrollo Social, María Eugenia Vidal, afirmó: "El gobierno duplicó todos los recursos para asistir a la gente que vive en la calle y los esfuerzos son enormes. Hoy nadie pasa frío en la calle si no quiere estar allí y les pedimos a los vecinos que llamen al número 108".
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