A los vecinos les preocupaban las expensas

A principios de noviembre el consorcio había iniciado un juicio civil ejecutivo por la falta de pago
Marina Herrmann
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13 de enero de 2012  

"¿Cómo nadie sintió el olor en el edificio? El problema es que no nos conocemos con nuestros vecinos..." Así, con estupor y amargura, se quejó una vecina de la cuadra, que desde anteayer está conmocionada por el hallazgo de dos mujeres muertas, desde hace tiempo, quizá meses, en el departamento del cuarto piso del edificio de Juncal 1837.

Las hipótesis son varias, ninguna confirmada. Una persona que tiene habitual contacto con los propietarios de los departamentos dijo a LA NACION que los vecinos prefirieron iniciar una acción civil para recuperar el pago de las expensas antes que denunciar la desaparición de las hermanas.

La causa de las muertes son un misterio. Fuentes judiciales confiaron a LA NACION que la autopsia se realizó en las últimas horas, pero aún no se pudo determinar con certeza cual fue la causa de las muertes debido al estado avanzado de putrefacción de los cuerpos, casi momificados; la hipótesis principal sigue siendo la muerte por inhalación de monóxido de carbono.

Si bien en un primer momento se informó que la mujeres tenían 89 y 93 años, ayer se supo que Beatriz y Susana Laguardia tenían 73 y eran mellizas. Los investigadores infieren, del cotejo de las facturas de servicios y expensas impagas, que las mujeres estarían muertas desde agosto pasado. Según la encargada del edificio, Antonia Cruz, de 49, una era soltera y la otra estuvo casada, pero no tenía hijos.

Dijo de ellas Cruz, que trabaja en el edificio hace 20 años: "Eran un poco cerradas y no se daban con la gente de acá. A mí no me saludaban".

Sobre las sospechas y la falta de asistencia, sostuvo: "La señora del segundo piso se había quejado varias veces de que había olor y eso se habló en las reuniones de consorcio. El administrador lo sabía", dijo Cruz.

El administrador, Ignacio Carman, declaró que había recibido advertencias de esa vecina, pero cuando él fue no sintió olor, y el resto de los vecinos del edificio tampoco.

"Eran unas señoras muy grandes y retraídas. Una vez pidieron si podían ir al departamento a cobrarles las expensas y cuando llegaron les pasaron la plata en un sobre por abajo de la puerta", dijo Carman.

El edificio es de cinco pisos, con un solo departamento por planta; ahora viven allí sólo seis personas. La encargada trabaja medio turno los lunes, miércoles y viernes. Las hermanas Laguardia no tenían empleada doméstica e iban a la primera misa de la iglesia Las Esclavas todos los días, a las 7, y al supermercado Disco de la calle Rodríguez Peña.

En la iglesia dijeron a LA NACION que la encargada se había acercado en agosto y había preguntado si las hermanas habían ido a misa porque hacía tiempo que no las veía. Cruz lo confirmó; agregó que desde la iglesia se acercaron dos veces a preguntar por ellas. Nadie más se acercó, inquieto por la ausencia de ellas.

"Cuando no pagaron pensamos que algo pasaba porque ellas siempre eran muy puntuales y en agosto no habían pagado", dijo Carman. El consorcio inició el juicio ejecutivo por el pago de las expensas a principios de noviembre. "Lo que pasa dentro de cada departamento es cuestión de cada uno. Yo sólo soy responsable de los espacios comunes", se excusó.

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