Abandonados a su suerte en el puerto platense

Son nueve tripulantes de un barco panameño; reclamo internacional
Pablo Morosi
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19 de diciembre de 2009  

LA PLATA.- Sin provisiones, combustible, luz, agua potable, ni servicio sanitario a bordo, y con la sensación de estar abandonados a su suerte lejos de sus hogares, nueve marinos subsisten en el buque Tor Atlantic, de bandera panameña, varado en un muelle del puerto La Plata hace más de un año.

La tripulación, conformada por nueve hombres -tres peruanos, dos cubanos, dos argentinos, un panameño y un uruguayo- dejó de cobrar sus salarios en julio último, y la semana pasada denunció la situación ante la Prefectura Naval de Ensenada. Además, el buque tanque tiene vencidos los permisos para operar y no cuenta con asistencia médica ni remedios.

El carguero está en el país hace unos tres años pero, desde entonces, apenas hizo unos pocos viajes llevando fueloil a Mar del Plata y a Bahía Blanca. Desde el 28 del mes pasado está inmóvil, amarrado en un muelle del puerto platense.

El armador del Tor Atlantic, una embarcación de casi 92 metros de eslora construida en Alemania en 1981, es la firma Yucatán Sea Cargo Corp. y el operador, Burgundy Sea Corp. Desde hace meses, el representante del dueño, identificado como Roberto Garrido, de origen colombiano, viene prometiendo a los marinos que regularizará la situación. Contrariamente, empeora cada día.

Fuentes de la agencia argentina que representa la embarcación, Marítima Basal SA, señalaron que la deuda de Garrido con la empresa supera los 500.000 pesos.

Al ser consultado por LA NACION, Garrido, que el 4 de este mes arribó a Buenos Aires, dijo: "He venido hasta aquí, precisamente, para tomar cartas en el asunto y espero poder avanzar en una solución para la semana próxima", indicó y se excusó de hacer otros comentarios.

El capitán de la nave, Rafael Cabrera Esteris, contó que, hace 20 días, la Prefectura interrumpió los servicios provistos al buque por falta de pago, deuda que arrastra desde el 31 de mayo pasado. "No es posible vivir comiendo galletas y ketchup, como en los últimos días desde que se nos acabó todo y nos quedamos sin combustible", dijo a la Nacion el cubano, de 52 años, con 28 años de experiencia embarcado.

Padecimientos

"Estoy atravesando una situación angustiante porque mi hijo está enfermo y no tengo forma de hacer frente a las medicinas y el dinero para su internación, con el agravante de que me encuentro muy lejos como para, siquiera, poder acompañarlo", dijo Hernán Linares Urbano, un electricista peruano, de 27 años.

El cocinero, Daniel Harispe, uruguayo, de 41 años, se las arregla para calentar agua con leña que recoge junto a sus compañeros de las inmediaciones del puerto.

El hombre relató que tuvo que endeudarse para lograr pagar el colegio de su hijo y pidió a las autoridades de la empresa naviera que tengan "consideración".

Por su parte, el contramaestre argentino, Hugo Pelufo, aseguró: "El grupo está mal psicológica y moralmente. Detrás nuestro están nuestras familias. Yo tengo 40 años de marino y nunca me había pasado algo así".

En septiembre pasado comenzó a intervenir en el caso la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte Marítimo (ITF), a través del capitán Rodolfo Vidal, uno de los representantes argentinos de dicha institución, encargada de luchar por los derechos laborales de los hombres de mar.

En la Justicia

Vidal, que tomó la representación de los tripulantes y ahora se propone iniciar acciones legales, explicó que "se trata de un buque que hizo contratos laborales basura. Hasta ahora -dijo- no hemos logrado que el armador se haga cargo y resuelva el problema de esta gente que, según la normativa internacional, se encuentra en situación de abandono". El dirigente elevó un informe a la sede central de ITF para que sea remitido a la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

También se interesó por el caso el religioso José Juan Cervantes, director del Apostolado del Mar, quien ya tramitó ayuda a través de Caritas, la que podría llegar al barco en las próximas horas. Varios de los tripulantes apelaron, asimismo, a la intervención de las sedes consulares de sus países, en busca de ser repatriados.

En 2005, el Tor Atlantic había protagonizado una situación similar en Chile donde permaneció abandonado por 112 días en la bahía de Puerto Montt. Aquel episodio derivó en una multa y al menos dos demandas judiciales millonarias contra Garrido.

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