Agoniza el plan para sanear el Riachuelo

Los máximos responsables de la limpieza afirman que falta voluntad política y que se reasignará parte del crédito del BID
Laura Rocha
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5 de mayo de 2002  

El Riachuelo es hoy un depósito de basura y sólo puede salvarlo la crisis, ya que no parece haber decisión política de sanearlo y parte de los fondos girados a tal efecto por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) fueron reasignados a otra área del gobierno. Lo aseguran los dos encargados principales de su limpieza.

El comité encargado del saneamiento de aguas y márgenes agoniza. Hace unos días, Eduardo Epszteyn, director de ese organismo, presentó su renuncia y denunció que la tarea es imposible debido a la falta de voluntad política.

“O se hacen las cosas bien o hay que cerrar el proyecto. Es un gastadero de plata inútil. El medio ambiente no está en la agenda política”, afirmó ofuscado el ex funcionario a La Nacion.

Hugo Amicarelli es el titular de la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación, de la cual depende el Comité Ejecutor Matanza-Riachuelo. Y negó que el alejamiento de Epszteyn significara el cierre del proyecto. Pero también informó que la limpieza del río se quedó sin una parte importante del financiamiento al reasignarse al área social parte del crédito otorgado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

“La crisis económica que atraviesa el país no permite que el Estado pueda poner la contrapartida del crédito para realizar las obras hidráulicas. Por eso se está pensando en reasignar las partidas para el área de Desarrollo Social”, dijo Amicarelli a La Nacion.

Aunque aún no decidió quién será el nuevo director ejecutivo del proyecto, aclaró: “El comité seguirá funcionando pese a las dificultades”.

Mientras los funcionarios deciden qué hacer, la crisis parece haberles dado una mano. El cierre de más de cincuenta empresas de la cuenca disminuyó algunos índices de contaminación en el río en el que alguna vez se pudo nadar. Las últimas mediciones hechas en el río por especialistas de la Prefectura Naval Argentina y del comité arrojaron resultados alentadores.

La demanda química de oxígeno, que muestra la concentración de materia orgánica presente en el agua, es de 80,3 miligramos por litro. “Lo ideal es entre 10 y 15mg/l., pero en toda la década del 80 los valores encontrados superaban los 200 mg/l”, indicó Carlos Lombardi, especialista en el comité del área de Control de mediciones de vertidos hasta marzo.

Sin oxígeno, sin vida

Pero lo que menos circula por el río es agua: se vierten diariamente 88.500 metros cúbicos de residuos industriales (el equivalente a arrojar al ex río 445.000 barriles de 200 litros todos los días) y 400.000 metros cúbicos de aguas servidas. Y el caudal promedio de agua es sólo de 250.000 metros cúbicos.

Si uno recoge un litro de lo que queda en una botella, sólo encontrará 0,5 miligramos de oxígeno. Para que se desarrolle alguna forma de vida son necesarios 5 mg/l. de oxígeno.

La cuenca Matanza-Riachuelo está formada por dos ríos principales. Lleva el nombre de Matanza en la provincia de Buenos Aires y se transforma en Riachuelo justo donde se definen los límites con la Capital Federal, debajo del puente La Noria.

Más de tres millones y medio de personas conviven en la cuenca, que concentra el 28% de la población de diecinueve partidos de la provincia de Buenos Aires, la mitad de ellos en villas y asentamientos. Sólo el 45% tiene cloacas y el 65% agua potable.

El 3 de enero de 1993, la entonces secretaria de Recursos Naturales y Ambiente Humano, María Julia Alsogaray, prometió que en mil días se podría nadar en el Riachuelo.

Con ese fin se creó en 1995 el Comité Ejecutor Matanza-Riachuelo. Y en 1997 se elaboró el Plan de Gestión Ambiental (PGA), un proyecto de limpieza y de control de las inundaciones, por el cual se consiguió un préstamo internacional del BID de 250 millones de dólares. El Estado argentino pondría como contrapartida otros 250 millones.

El defensor adjunto de la Ciudad de Buenos Aires, el ecologista Elio Brailovsky, explicó a La Nacion que buena parte del dinero se gastó en consultorías. “Si en vez de gastar la plata en papeles y en estudios se hubiera usado en la limpieza del río, hoy el Riachuelo estaría mejor. Obviamente el saneamiento es un proceso que llevaría por lo menos dos décadas”.

De los más de 37 millones que utilizó la gestión de Alsogaray, sólo el 5% fue destinado a obras, que consistieron casi exclusivamente en la remoción de cascos hundidos.

Pero tampoco con Epszteyn el Comité logró grandes avances. Según el ex funcionario, el obstáculo fue no poder usar el dinero en lo que se debía. “El problema del PGA es que prácticamente no contempla el saneamiento ambiental. Está dirigido principalmente a la infraestructura hidráulica. Desde que asumí en 2000 estoy tratando de reformularlo para que el crédito sea bien aprovechado”.

Pero la reformulación del PGA nunca llegó. Y el Comité dejó de tener injerencia sobre el crédito.

“Un crédito que está otorgado hace cinco años y no se usa tiene algún problema”, opinó Amicarelli.“Esto no quiere decir que el proyecto se pare -aclaró-. Tal vez se continúe con los proyectos de saneamiento que tienen un costo menor.”

Sin embargo, el cierre del proyecto parece estar cada vez más cerca. “Desde agosto último elevamos al Ejecutivo el pedido del poder de policía en la cuenca. Queríamos tener el poder para controlar, especialmente las industrias y sus volcados. Nunca hubo respuesta”, explicó Epszteyn.

“La tercera cloaca máxima está colapsada en cuanto a la recepción de líquidos cloacales. Antes de construir una nueva, se pactó con Aguas Argentinas un Plan de Saneamiento Integral (PSI) que consistía en construir dos caños colectores que bordearían la Capital Federal, uno sobre el Río de la Plata y otro sobre la ribera izquierda del Riachuelo”, advirtió Epszteyn.

Estos caños interceptarán arroyos entubados bajo el asfalto de Buenos Aires, entre ellos los que desembocan directamente en el río: el Elía, el Teuco, el Erézcano, el Perdriel, el Pergamino y el Cildáñez. Los nuevos colectores llevarán el agua a una planta depuradora en la Dársena Sur, para luego volcar el efluente tratado en el Río de la Plata.

“El problema es que la obra de la planta depuradora está parada. Todo el PSI está parado. Hay que esperar que Aguas Argentinas renegocie el contrato de concesión”, se lamentó el ex funcionario.

Sin planta depuradora

Aguas Argentinas lo niega. “Algunas obras están demoradas, pero el problema principal es el financiamiento. El colector de la margen izquierda del Riachuelo está en proceso de licitación. Al igual que el emisario que verterá los líquidos tratados”, replica la empresa en un comunicado, ante una consulta de La Nacion.

El río también se alimenta de la basura que depositan los habitantes de la cuenca y la que arrojan los basurales clandestinos. El comité contrató los servicios del Ceamse para hacer una limpieza en las riberas y en la superficie del Riachuelo.

“Desde diciembre dejamos de hacer esta tarea. Juntábamos 17 toneladas de basura por día. Era como pasar con el basurero, pero por el río”, relató Graciela Gerola, gerente de Saneamiento Ambiental del Ceamse.

La dispersión en las jurisdicciones es un cuarto contaminante. “No es menor el hecho de que veintiún organismos nacionales, provinciales y municipales tengan injerencia sobre la cuenca”, se quejó Epszteyn.

La cuenca está emplazada en la Capital Federal y ocho partidos del Gran Buenos Aires: Almirante Brown, Avellaneda, Esteban Echeverría, Merlo, La Matanza, Lanús y Lomas de Zamora. Y en cuatro del resto de la provincia: Cañuelas, Las Heras, Marcos Paz y San Vicente.

Muchos se quejan por la crisis, pero el Riachuelo se beneficia.“Es increíble, pero con la recesión muchas empresas cerraron y la gente está tirando menos basura. Eso hizo que se detectaran medidas inferiores de contaminación a las de años anteriores, aunque estén lejos de ser las ideales”, se sorprendió Lombardi. Sin embargo, la presencia de materia orgánica sigue siendo alta. “Esto se debe al volcado directo de la población sin cloacas. Para poder sacar una conclusión sería necesario recoger mayor cantidad de datos”, informó Lombardi.

Por el momento no será posible. “Desde hace cuatro meses el Comité está parado. Redujeron el personal a la mitad y dicen que no hay presupuesto. Yo así no iba a seguir. Así nunca se va a limpiar el Riachuelo”, pronosticó Epszteyn. Tal vez la solución quede en manos de la crisis.

Causas de un fracaso repetido en el siglo

El fracaso ni siquiera es novedoso. Desde mediados del siglo XIX se ha presentado más de un centenar de proyectos para la limpieza y el saneamiento del Riachuelo. Ninguno atacó las causas de la contaminación.

Los volcados sin tratamiento en la cuenca, las cloacas clandestinas, la basura que arrojan quienes viven en sus orillas son las principales fuentes de contaminación de este río de 15 kilómetros de extensión.

El 45 por ciento de la contaminación se debe a los residuos industriales, especialmente a aquellos que se vuelcan sin tratamiento previo.

Por cuestiones financieras y por el tipo de producción “son las curtiembres las que más vuelcan al Riachuelo. La planta de tratamiento que iban a hacer, en conjunto, está parada”, informó Epszteyn.

En la producción del curtido se utilizan metales como el cromo trivalente que, volcados sin tratamiento, consumen el oxígeno del agua.

“Somos más olorosos que sucios. Si se midieran los efluentes, comprobarían que no tiramos cromo al río”, aseguró Daniel Argentino, asesor de la Asociación de Curtidores de la provincia de Buenos Aires (Acuba).

“Tratamos de adquirir cualquier avance tecnológico que aparece, pero ahora estamos en medio de una crisis: de más de cien empresas, pasamos a ser sólo 42. Es la situación económica la que no nos permite terminar la obra de la planta de tratamiento”, sostuvo.

El complejo entramado de desagües cloacales también colabora. La red, compuesta por tres cloacas máximas, no daba abasto. Para solucionarlo, Obras Sanitarias de la Nación construyó “espiches”, una suerte de cámaras aliviadoras que conectan las cloacas con los desagües pluviales.

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