Aguas Blancas, casi un agujero negro

Hacia allí los porteadores cruzan el río Bermejo desde Bolivia con los bultos sobre sus espaldas
Hacia allí los porteadores cruzan el río Bermejo desde Bolivia con los bultos sobre sus espaldas
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26 de diciembre de 2011  

AGUAS BLANCAS, Salta (De un enviado especial).– Para muchos de los 1500 habitantes de este pueblo situado a orillas del río Bermejo, cruzar la frontera con bultos de 40 kilos de mercadería comprada en Bolivia luego de eludir dos puestos de control de la Gendarmería y de la Aduana, es la única posibilidad de acceder a un trabajo. Aunque sea ilegal.

Bastó con quedarse una hora en la playa para que este cronista observara cómo una caravana de cinco hombres, con el agua hasta los hombros, empujaban dos balsas desde la ciudad boliviana de Bermejo. Al llegar al lado argentino, más de veinte hombres se arremolinaron sobre las precarias embarcaciones y descargaron los bultos.

La escena sucedió a 600 metros de uno de los puestos que la Gendarmería y la Aduana tienen en la zona. A no más de cinco kilómetros del pueblo, sobre la ruta nacional 50, está el segundo puesto de control.

Todos los vehículos que salieron cargados hasta el techo de la playa de Aguas Blancas se detuvieron en cierto punto a la vera del camino. Desde detrás de los árboles salió un segundo grupo de changarines, que volvió a descargar los bultos y los metió por un camino que atraviesa el monte paralelo a la ruta. No querían que se los fotografiara. Cuando advirtieron la presencia de los enviados de LA NACION, la catarata de insultos y amenazas no se hizo esperar.

A pesar de los 40 grados que marcaba el termómetro a las 14, los changarines siguieron su trayecto a través del monte y pasaron con los bultos con mercadería no declarada por el costado del puesto de control instalado debajo de un tinglado, a través del monte, a no más de cien metros de la ruta, visibles desde el camino.

Al mismo tiempo, los automóviles y camionetas conducidos por la gente que compró esos bultos con mercaderías pasaron los controles vacíos. Más adelante, a 500 metros, los conductores estacionaron al costado de la ruta y esperaron a que los changarines salieran desde una senda con sus bultos, luego de atravesar el monte y eludir los controles.

Cada changarín cobra entre 30 y 50 pesos por bulto de mercadería pasada sin declarar por la frontera. Pero si lo que se lleva es cocaína, el precio sube a mil pesos por kilo.

Lo que en otras partes del país es una infracción a las leyes aduaneras, en este pueblo situado al final de la ruta 50, a 330 km de Salta capital, es costumbre, una forma de vida. "Por este paso internacional ingresa en la Argentina el 20% de la cocaína producida en Bolivia. El problema con el contrabando es que, así como existen porteadores que pasan zapatillas, ropa o electrodomésticos, también quienes llevan droga y nadie los controla", explicó un funcionario judicial.

Según este funcionario que se desempeña en un área dedicada a combatir el tráfico de estupefacientes, el lugar utilizado por la mayoría de los narcos es el paso que comunica la ciudad salteña de Salvador Mazza con San José de Pocitos, Bolivia.

"Como allí hay frontera seca, pasan la droga con camiones, camionetas 4x4, motos o con personas que ingieren cápsulas con cocaína. El mayor volumen de droga ingresa por allí. En ese lugar también se concretaron los secuestros más importantes de cocaína en lo que va del año. En Aguas Blancas se registra más contrabando de mercaderías, pero también hubo operativos donde se secuestró droga", explicó el investigador judicial.

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