Ahora es el turno de los países emergentes

Eduardo Constantini
(0)
22 de abril de 2014  

Por convicción propia y por asuntos ligados a mi trabajo, siempre establecí una relación cercana con los países de América latina. Desde los tempranos noventa se percibía que el mundo daría un viraje, y este cambio sería la gran oportunidad para la región. Y lo fue. La expresión de los setenta periferia dio lugar a la de países emergentes, beneficiados por la estabilidad política y la convergencia macroeconómica. Actualmente, China es mucho más eficaz que Francia y que Italia, como lo demuestran sus altas tasas de crecimiento: hoy es la segunda potencia mundial; en no mucho tiempo más, Brasil será la quinta. Hay otro equilibrio de fuerzas.

Los nuevos consumidores beneficiaron a los países productores de alimentos, y si bien, en algunos casos, el crecimiento se frustró por programas equivocados, se crearon las condiciones para un cambio geopolítico.

Todo convergía para creer en el arte latinoamericano. Basta ver lo ocurrido en Brasil, México, Perú, Bolivia y Colombia, entre otros países. Quizá mi visión fue comenzar a coleccionar arte latinoamericano y luego fundar Malba cuando los coleccionistas fuertes y los museos aún no habían puesto sus ojos en la región. Difícilmente hoy una institución pueda adquirir el conjunto de obras del período moderno con el que cuenta Malba. No solamente no están disponibles en el mercado, sino que sus presupuestos serían insuficientes para incorporar piezas como las de Rivera, Frida, Tarsila, Torres García, Matta, Lam y Portinari, entre otros.

Después de fundar Malba, el Museo de Houston llamó a Mari Carmen Ramírez, curadora considerada por Time una de las latinas más influyentes en los Estados Unidos; el MoMA nombró un curador latinoamericano; la Colección Daros de Zurich abrió su filial en Río de Janeiro y se crearon los departamentos latinoamericanos en museos como Tate Modern y Reina Sofía. Señales de cambio.

Del mismo modo que nadie imaginaba que China, el país con más reservas en dólares del planeta, tendría obras de arte contemporáneo valuadas arriba de los 10 millones de dólares; nadie pensaba en Río de Janeiro como un activo centro de ventas, animado por las galerías más importantes del mundo. En este contexto, la Argentina a nivel mercado del arte está rezagada. Tenemos una tradición cultural que no está a la altura de lo que sucede, no se materializa en la valoración de nuestros artistas. Los precios del arte argentino no tienen punto de comparación con las obras de artistas brasileños; prueba de ello es la ausencia en las ferias locales de piezas de alto valor. En las subastas de Sotheby's y Christie's, que son un barómetro del mercado, el total que moviliza el arte argentino es muy bajo. No hay un coleccionismo fuerte como en Brasil y, lamentablemente, parte de los coleccionistas argentinos dejan sus colecciones en un depósito en el exterior.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Sociedad

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.