Amenazan a militantes contra las carreras de galgos

Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
Mañana se podría aprobar una ley en el Congreso para prohibirlas
Teresa Sofía Buscaglia
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31 de octubre de 2016  • 17:21

“ Quemar los autos de estas mujeres y cagarlas a palos, que se pudra todo”, esas son las instrucciones difundidas por Whatsapp que un galguero envió a sus contactos. En palabras de este activista, del que no trascendió la identidad, se desprende la preocupación del sector porque mañana está previsto que la Cámara de Diputados discuta un proyecto con media sanción del Senado que penaliza con tres meses a cuatro años de prisión a quien la infrinja la prohibición de organizar carrera de galgos.

El jueves pasado, muchos militantes contra las carreras marcharon en la ciudad de Casilda en defensa de la ley. Los galgueros organizaron una contramarcha, que amenazaba crear disturbios y ejercer violencia, específicamente sobre las mujeres. Eso no sucedió, ya que hubo un fuerte operativo policial custodiando a las manifestantes. “Este audio refleja pura omnipotencia, la sensación de que se puede traspasar barreras éticas y judiciales. Las mujeres deben ser tratadas como los perros que ellos crían y se descartan cuando no sirven más. Defienden las carreras con una lógica mercantilista”, analiza Karina Bidaseca, Socióloga.

El proyecto fue presentado por Magdalena Odardo, senadora por Río Negro por la Coalición Cívica, quien en las últimas semanas también recibió amenazas. “El compromiso de tratar la ley el miércoles profundizó las amenazas y los que están en el negocio de las carreras de galgos están furiosas con protectoras y vecinos que los denuncian. Nos preocupa la violencia contra los animales y también la violencia de género que este tema también despertó. La mayoría de los que se pronuncian en defensa de los derechos de los animales son mujeres”, explica la senadora.

Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

Las carreras de galgos consisten en hacer correr en un circuito ovalado (canódromo) a varios ejemplares de esta raza con un bozal en el hocico detrás de una liebre artificial, a la que nunca podrán dar alcance, hasta llegar a una meta. En las mismas los galgos pueden alcanzar trotes de hasta 60 kilómetros por hora. Tradicionalmente, las provincias más afines a esta práctica son Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y Río Negro. En todas ellas, menos en Córdoba, están prohibidas, pero se realizan igual, clandestinamente y son denunciadas por los vecinos y las protectoras.

La pelea es feroz y los intereses en juego son muchos. Frente a la prohibición, hay sectores que se muestran a favor de la legislación, tras el argumento de que prohibir significará más clandestinidad. “Las carreras de galgos son una pasión. Hay que ver a la gente para entenderlo. Mueve a miles de personas en todo el país. Lo que hay que hacer es legislar, regular y exigir. Hay gente buena, que no maltrata a sus animales, no son todas mafias. Los perros deberían estar inscriptos, tener un chip identificatorio como un documento de identidad y las carreras controladas por el Estado”, afirma un criador que prefirió resguardar su nombre.

Mientras tanto, desde el Estado, el Presidente del Instituto Provincial de Lotería y Casinos, Eugenio Melitón López, refuta esta posición. “Acá no hay ninguna pasión. A los galgos que ya no sirven para correr los matan a balazos, los ahorcan a veces. Son organizaciones criminales que van tras el dinero. No hay ningún respeto por los animales. En la provincia hay una ley que prohíbe las carreras y protege a los animales. Lo que estamos haciendo, simplemente, es que se cumpla”, afirma.

Leyes penalizando

Las carreras están penalizadas no sólo por la ley 14.346 sobre maltrato y crueldad animal, sino también por otras leyes en vigencia: la ley 23.737, de narcotráfico (muchos perros son inyectados con numerosas drogas y estimulantes que terminan con la muerte de los mismos) y la ley provincial 13.470 sobre prevención y represión del juego de azar ilegal. También afectan las normas que prohíben el trabajo no registrado, por cuanto se tratan de organizaciones con clara división de roles que propenden, publicitan y desarrollan esta actividad sin estar insertas en el mercado laboral.

Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

“ Las carreras de galgos son parte de las violencia social que se hace con la complicidad de la policía, el hospital, las escuelas y todos a los que se les reparte el dinero que se obtiene de ellas. Es un delito y prolifera con la degradación social. Hace 13 años conocí estas carreras y, desde ese día, lucho para que se prohíban. Los galgos son maltratados, son drogados y encerrados para que ganen. Cuando no sirven más los abandonan y los dejan al costado de la ruta o en basurales”, denuncia Isabel Estrada, presidente de la Fundación Zorba y autora del libro Vivir para correr, que documenta lo que ella vio en esos eventos mientras investigaba el tema.

Héctor “El Alemán” Ramos es un “galguero” con más de 30 años de criar perros greyhound para participar en carreras. Defiende su actividad y también denuncia tener mensajes insultantes de proteccionistas que le desean la muerte a los miembros de su familia. Él afirma que los que crían a los perros los aman y los cuidan como a un miembro de la familia y cree que son unos pocos los que maltratan a sus animales y deben ser castigados por la ley. “Nosotros también estamos en contra del maltrato animal. Queremos que se legisle y se regule. El perro greyhound nació genéticamente para correr y no tiene nada que ver con los galgos que denuncian haber sido abandonados y tirados en las calles. No es verdad que los entrenemos con bichos vivos, ellos corren instintivamente. Yo reconozco que pasan cosas en nuestra actividad, pero como en cualquier actividad. Si se prohíben, eso llevará a la clandestinidad, como hoy pasa con las riñas de gallos y peleas de perros. El negocio lo va a hacer la policía, los que se llevan la plata son los organizadores, no los criadores. En el primer mundo, estas carreras están controladas con veterinarios y el proteccionista trabaja en conjun-to con el galguero y el legislador.”, afirma Ramos.

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