Aquellos a los que el agua dejó sin trabajo

La mayoría de los 3000 comercios afectados son negocios familiares que difícilmente puedan recuperarse Eran pequeños locales, el único sustento de algunas familias Y muchos de ellos deben seguir pagando los salarios de sus empleados Algunos donarán a escuelas lo que logren recuperar
Evangelina Himitian
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18 de mayo de 2003  

SANTA FE.- Lo que ellos perdieron no está calculado en el perjuicio material del desastre. El agua no sólo les arruinó la casa y les sacó todo lo que tenían adentro. Se metió en sus negocios. Les estropeó la mercadería. También borró de un plumazo a los clientes de años, que fueron evacuados y que no podrán volver al barrio en por lo menos medio año. Y los dejó con un mar de deudas y sin ingreso alguno.

A ellos, el desborde del Salado les sacó, de un día para otro, el trabajo. La inundación los convirtió en nuevos desocupados.

Se calcula que la inundación del 29 de abril último afectó a unos 3000 comercios de esta ciudad. Y según estimó el gerente del Centro Comercial de Santa Fe, Lionel García, más del 90% son negocios chicos, en su mayoría el único sustento de familias que levantaron su pequeño comercio a fuerza de mucho trabajo y por muchos años.

"La mayoría de esos comercios no podrá volver a empezar. En general, son negocios que producían lo necesario para la subsistencia: quioscos, mueblerías, almacenes, carnicerías, pequeñas casas de electrodomésticos. Sus clientes eran los vecinos del barrio. Mucha de esa gente no va a volver. A muchos los saquearon; tienen que reconstruir sus comercios, además de sus viviendas. Y los que tenían empleados, seguir pagando sueldos", asegura García, mirando delante de sí una carpeta con las pérdidas que denuncia cada uno de los dueños damnificados. Cada folio es la puerta de entrada a la dimensión familiar de la desgracia de la ciudad.

En la mayoría de los cuadernos de clase de los chicos del barrio Roma hay algún aporte de la librería El Gurí, que el entrerriano Raúl Bourlot tiene desde hace 16 años en la esquina de Tucumán y Circunvalación.

Papel glacé, plasticolas de colores, pinturitas, marcadores que cambian de color. Tesoros escolares quedaron sepultados y arruinados cuando el agua invadió la librería. El olor a madera de los lápices y el del papel de cuadernos por estrenar se cambió por un nauseabundo tufillo a barro, a humedad, que quedará por muchos meses.

"Necesito unos 6000 pesos para arreglar el negocio. Perdí 50.000 pesos en mercadería, necesito otro tanto para poner vidrios nuevos... Después de toda una vida de sacrificio, no tengo más que deudas con proveedores. ¿Cómo voy a hacer para volver a empezar? Me faltan las fuerzas y la forma", asegura Raúl, mientras sus hijos Iván y Mariela seleccionan con paciencia china la mercadería que se puede recuperar de la montaña de barro. "Uno lava una por una lapiceras que valen 50 centavos, gomas de 30 centavos. ¿Pero se supone que con esto vamos a poder volver a empezar? Lo más probable es que donemos lo que se salvó y busquemos empezar en otra cosa", asegura Iván.

Empezar de menos quince

"El problema no es que empecemos de cero. Sino de menos quince. Y ya no tenemos 20 años, sino 60. Y pocas fuerzas", dice José Francisco Moreno Díaz, que tiene un polirrubro que vende artículos de quiosco, perfumería y despensa en la calle Sáenz Peña. Además, se dedicaba a la fabricación de champú y fragancias en el patio trasero. Todo lo que construyó con mucho esfuerzo y con la indemnización que cobró al quedar desocupado, resultó reducido a nada.

Con botas y guantes de látex -el conjunto que uniforma a todos los que limpian lo que quedó de la inundación-, Moreno Díaz explica cómo perdió su única fuente de ingresos. "No tengo ni un centavo. Estoy viviendo en la casa de mi madre. Le tengo que pedir dinero para viajar hasta el negocio. Viviré de prestado por no sé cuánto tiempo. Como si toda la vida no hubiera trabajado..."

Oscar Rojas muestra el álbum de fotos que tomó el día de la inundación y vuelve a sucumbir bajo las aguas que usurparon el supermercado que, con muchos años de trabajo, él y su esposa, Adela, establecieron en Alfonso Durand 4501, al oeste de esta ciudad.

"Tantos años de trabajo, de esfuerzo, para que de la noche a la mañana perdamos todo. Todo. Se estropeó la mercadería, las heladeras, las cajas registradoras. Nosotros presentamos la declaración jurada de las pérdidas ante la Secretaría de Comercio de la provincia. Estimamos que perdimos unos 200.000 pesos", asegura Rojas.

El Centro Comercial evalúa hacer presentaciones judiciales para reclamarle al gobierno las indemnizaciones correspondientes. Por ahora, desde la provincia sólo se habló de subsidios que rondarían los 5000 pesos, cifra sustancialmente inferior a la que denuncian haber perdido los comerciantes. Y que difícilmente les permita volver a empezar.

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