Arco, la feria de arte de Madrid, tendrá que atajar la crisis

En el peor escenario desde su creación, exhibe a los artistas turcos y apuesta por los coleccionistas extranjeros
Alicia de Arteaga
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14 de febrero de 2013  

MADRID.- Alfombra roja para que este mediodía los príncipes de Asturias corten la cinta inaugural de la 32» edición de Arco, la feria que le ha cambiado la cara a Madrid en las últimas tres décadas. El arte contemporáneo transformó la capital provinciana en una ciudad glamorosa y fashionista.

Pero nunca más cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Se viven días de crisis. El fin de la bonanza económica, los 5 millones de parados y el 21% de IVA que grava ahora la compra de obras de arte pueden ser la carta de defunción de una feria que conoció días de gloria.

Ayer por la tarde, durante la visita a puertas cerradas de profesionales, coleccionistas y críticos, una cuota de pesimismo invadió los pasillos del parque ferial Juan Carlos I. Si bien hay 200 galerías de más de 20 países y obras de 2000 artistas, se han retirado de la lista de compradores las comunidades autonómicas, que eran las grandes fogoneras de las primeras adquisiciones para nuevos museos y fundaciones.

Este año las encuentra tapadas de deudas, con el drama de los desahuciados que han perdido el techo y acusaciones de corrupción. No se salva nadie del tráfico de influencias, de los trajes regalados ni de los floreros con micrófonos listos para derrumbar reputaciones. Hasta el yerno del rey, el otrora deportista Undargarin, puede terminar entre rejas por haber usado su nombre y los contactos de la familia real para montar una estafa mayúscula.

A pesar del vendaval que amenaza a los Borbones, serán Felipe y su Letizia quienes corten en pocas horas la cinta inaugural. Arco tuvo años atrás al rey Juan Carlos y a doña Sofía como protagonistas, y a los duques de Lugo, la infanta Elena y su ex Marichalar como anfitriones del almuerzo VIP. Eran los buenos viejos tiempos. Cuando Rosina Gómez Baeza, una española con formación anglosajona, guiaba los destinos de la feria de Madrid, que les disputaba el liderazgo a Colonia, a París y a la máquina helvética de Art Basel.

Un duro golpe fue el lanzamiento en 2000 de Art Basel Miami Beach. La iniciativa de Sam Keller, el suizo de cabeza rapada, le quitó a Arco la posibilidad de contar con el mercado latino, hoy capitalizado por los suizos que saben hacer funcionar los negocios como un relojito.

Cuando Arco desplegó sus velas a fines de los 80, podría haber sido la cabecera de playa del arte latinoamericano en Europa. Tal vez por un error de cálculo o porque la prioridad era sintonizar con la naciente Unión Europea, la oportunidad se perdió.

Mi primera visita a Arco coincidió con la presentación de un "one man show" de Kuitca de la mano de Julia Lublin, su galerista de entonces, con quien lanzó el libro firmado por Fabián Lebenglik, clave en su meteórica carrera. Me crucé con Lublin y Kuitca caminando por Serrano, en el barrio de Salamanca. Un jovencísimo Guillermo se presentaba en la feria madrileña con la mejor estrella, su obra era la sensación del momento y había sido "fichada" por coleccionistas y museos como el Stedelijck, de Amsterdam.

La participación argentina en los 90 era nutrida e importante; liderada por Ruth Benzacar, una de las personas que más influyeron para que Arco comenzara a jugar en primera. En los 90, hubo también un envío de arte argentino al pabellón financiado por el Fondo Nacional de las Artes, cuya presidenta era Amalia Lacroze de Fortabat. Pero, por falta de estímulos y de ventas, la participación argentina se fue apagando.

Siguen firmes Nelly y Jorge Mara con su galería La Ruche, que este año presenta la obra de Ana Sacerdote, todo un descubrimiento y una de las revelaciones de esta edición. En el espacio más jugado de Arco, consagrado al arte en plena producción, está Ignacio Liprandi, que con el entusiasmo de siempre ayer mostraba la obra de Tomás Espina, uno de los elegidos de su staff.

Contra los 15 millones de un cuadro de Bacon que exhibía el año último la galería Marlborough, las obras más caras de 2013 son un Botero de 700.000 euros y un Picasso cubista de 1,6 millones, que tiene a la venta Joaquín Navarro. Elvira González ha colgado un buen Barceló de 350.000 euros.

En general, las obras están en el rango de los 20 a 50.000 euros, algo lógico porque los galeristas más entrenados creen que será difícil vender por arriba de los 100.000 euros.

La presencia llamativa de los artistas de Estambul es un atractivo extra y la fuerte representación alemana indica a dónde mira Madrid en estos días de crisis. Son 30 galerías germanas y se ve mucha obra de Peter Zimmermann, alemán de Colonia, que pinta con resina en colores flúo y vende como pan caliente por un promedio de 25.000 euros.

Las esperanzas de Carlos Urroz, director de Arco, están puestas en los 250 coleccionistas invitados, llegados de todo el mundo, alojados en el Palace y con una agenda que incluye visitas a colecciones privadas como la de Plácido Arango, dueño de la cadena Vips y ex presidente del Real Patronato del Prado. Nobleza obliga, tantas atenciones se agradecen con compras.

ALCORCÓN, SEDE PARA EUROVEGAS

MADRID (De una enviada especial).– Ya está en marcha el proyecto de la ciudad del juego a 20 minutos de Madrid, con cinco hoteles de lujo, media docena de casinos y la garantía de que habrá permiso para fumar en todas partes. Un negocio de miles de millones de euros que dará trabajo a 250.000 personas y promete acrecentar las cifras del turismo, que en España es la gallina de los huevos de oro. Ana Botella, alcalde de Madrid, juega todas sus fichas en Eurovegas. El lugar elegido por el inversor norteamericano Sheldon Aldeson es Alcorcón, un pueblo ignoto al que los casinos harán famoso, cuya máxima virtud es la estratégica ubicación y el fácil acceso por la M40.

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