Areco, epicentro del flagelo del agua

En dos meses llovió lo mismo que en todo 2008; la peor inundación en décadas provocó enormes pérdidas
Pablo Tomino
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29 de diciembre de 2009  

SAN ANTONIO DE ARECO.- En esta ciudad, donde en los últimos dos meses llovió tanto como en todo 2008, persiste el drama de los casi 3000 evacuados y de los damnificados por la grave inundación que provocó el desborde del río que la cruza. San Antonio de Areco, corazón de la tradición criolla, es el principal exponente del desastre que golpea a todo el norte bonaerense.

La angustiante situación se registra mientras el caudal de la cuenca del Paraná está aumentando a ritmo sostenido, lo que alarma a los productores agrarios, que temen por sus cosechas. En la zona pasaron de la sequía más acuciante al drama del agua casi sin tregua. Aquí se lloran las pérdidas materiales y la muerte de una chica ahogada. En Pergamino, otros dos menores murieron arrastrados por un arroyo. Parecería que las condiciones meteorológicas se han ensañado con estas tierras y sus habitantes.

José Antonio Rodríguez hunde su humanidad en una improvisada laguna de un metro de alto en la que se transformó su humilde vivienda del barrio Amespil, una de las tres zonas que están bajo el agua desde hace dos días. Un televisor, un cuadro, dos naranjas y dos portaretratos que flotan pretenden escapar de la casa cuando este herrero de 44 años se esfuerza para abrir la puerta y mostrar sus penurias.

Sus robustos brazos intentan poner de pie la heladera; luego, rescatar un radiograbador, un cuadro, un oso de peluche? hasta que un suspiro lo inmoviliza. Sus lágrimas le inundan los ojos. "Perdí todo lo que tenía, todo. Las herramientas, la casa y mirá, lo peor: las fotos. Ahora soy un tipo sin historia. Suerte que esto pasó de día, porque sino ¡no podría haber sacado vivo a mis tres hijos!", cuenta José, cuando la lluvia de la mañana repiquetea otra vez en su techo de chapa.

Dotaciones de bomberos, efectivos de Defensa Civil, del Ejército, de Gendarmería y voluntarios colaboraban en la asistencia de cientos de personas que decidieron quedarse en sus casas, incluso para pernoctar en los techos y así resguardarlas de posibles saqueos.

El agua bajó ayer al menos un metro, según las autoridades locales, aunque la lluvia ocasional, durante el mediodía y buena parte de la tarde, preocupó mucho a los vecinos.

Los otros dos barrios anegados y comprometidos, sin cloacas ni agua corriente -y desde el sábado también sin luz- son Don Pancho y Canullio, a la vera del río Areco. Anoche, cerca de 70 personas permanecían en el gimnasio municipal, uno de los puntos que el municipio local dispuso para albergar a las familias que se quedaron sin nada.

En tanto, 2400 personas continuaban autoevacuadas y otras 600, asistidas por las fuerzas destinadas a colaborar en esta emergencia.

La polémica

Claro que la polémica por las razones de esta catástrofe, como la definió la intendenta María Estela Lennon, se potenció aún más con los vecinos enardecidos. Molestos, dolidos. "Esto nos pasó porque los campos de la zona, desde Junín hasta acá, fueron canalizados. Eso lo sabe todo el mundo, pero nadie quiere decir nada. Yo pago siempre los impuestos, pero de este barrio se acuerdan cuando viene el festejo de la tradición. Si no, ni noticias", dijo a LA NACION María Rivero, habitante del barrio Amespil.

La ministra bonaerense de Obras y Servicios Públicos, Cristina Alvarez Rodríguez, recorrió nuevamente la zona. Dijo que se investigará si la causal de la inundación fue la canalización clandestina en algunos campos y aseguró que, de comprobarse, se tomarán medidas (ver aparte).

Sin embargo, para el presidente del Concejo Deliberante local, Aldo Menconi, hubo una multiplicidad de factores en este desastre natural. "En tres días llovió más de 310 milímetros, por lo que las napas están saturadas. Además, hay complicaciones con la suciedad del río Areco, que no permite el normal desagote del agua, lo que, sumado a la crecida del Paraná, complicó la situación", dijo Menconi, del partido Unión Pro.

Fernando De Ferrari, coordinador del consejo provincial de emergencia, comentó que en la jornada de ayer se continuó con el rescate de personas cuyas casas resultaron anegadas y con la entrega de alimentos fríos para las personas que decidieron quedarse en sus viviendas. Eso se advirtió con frecuencia en cada una de las zonas afectadas: el esfuerzo de los bomberos, las fuerzas de seguridad y de vecinos, siempre dispuestos a dar una mano.

"Todos los equipos de trabajo están a pleno; fue una jornada provechosa para continuar con la ayuda a los más necesitados, pese a que por la mañana la lluvia complicó un poco la situación", dijo De Ferrari.

En tanto, el Ejercito dispuso de dos plantas móviles de potabilización del agua para suministrar a los tres barrios anegados, mientras el municipio elevó el nivel de cloro en el agua corriente para prevenir la presencia de parásitos.

Prevención de enfermedades

Las autoridades provinciales y locales comenzaron a elaborar un plan para "el día después" de la inundación, acaso el fantasma más temido por estas tierras. Ayer al mediodía, Mario Masana Wilson, director de Epidemiología de la provincia de Buenos Aires, se reunió con la intendenta Lennon, otras autoridades locales y docentes para diagramar un esquema de prevención de enfermedades que pueden surgir tras una inundación de esta naturaleza, como la leptospirosis y el dengue, entre otras.

"Se pondrán a disposición de la población todas las vacunas que sean necesarias para evitar la propagación de algunas enfermedades, mientras es necesario que los docentes sirvan como agentes sanitarios para informar a la población, aunque no alarmarla", dijo Masana Wilson.

La aparición del dengue, de enfermedades por cortaduras o lastimaduras, de hepatitis por la contaminación del agua y la presencia de ratas y víboras por la inundación de las madrigueras determinarán un escenario que requerirá mayor precaución para la población de esta ciudad.

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