ArteBA: una recorrida por la feria de la mano de Rogelio Polesello

LA NACION extendió un simbólico "cheque en blanco" al gran artista para que seleccionara las obras que compraría para su propia colección en la muestra, que desde hoy estará abierta al público en La Rural
Loreley Gaffoglio
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23 de mayo de 2014  

Un "cheque en blanco" para cimentar la Colección R.P. con obras de arteBA y la autonomía de su depositario para "comprar" allí las diez piezas más afines a su gusto y sensibilidad creadora. Con esa premisa, LA NACION recorrió ayer la feria de arte, que hoy se abre al público general en La Rural, junto con el maestro de la abstracción geométrica Rogelio Polesello, reconocido a sus 75 años como uno de los máximos exponentes latinoamericanos del op-art.

"Pole", como lo llaman sus amigos, hizo de las distorsiones visuales junto a su irreverente uso del color la gramática distintiva de una obra que abreva en múltiples soportes: del colorido Plexiglas a las transparencias del acrílico, del objeto en madera a la tela y, de allí, al mural, sus creaciones engrosan el acervo de instituciones como el MNBA, el MoMA y el Guggenheim de Nueva York.

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En cinco horas de trajín por los 86 espacios, Polesello corrió, cómodo, con ventaja: casi un vanguardista en el vestir, además de joggings grises de lana, a tono con su suéter animal print y su infaltable foulard de seda, encaró, previsor, la visita con zapatillas blancas. Tuvo permiso para criticar obras ajenas, amparado en el rigor de una justificación teórica. Pero con su natural bonhomía hizo suya aquella frase de Truffaut que invitaba a debatir "solamente de las cosas que nos gustan". Y así fue. Silencio ante lo que desaprobaba y lacónicos "me gusta" o "me maravilla" ante sus elecciones, nunca meditadas, siempre impulsivas.

A pesar de su confesado narcisismo ("soy leonino, ¿qué esperás?", se despachó), enarboló de entrada un límite ético: "No compraré ninguna de mis obras", dijo, al encontrarse con Marta Minujín en Vasari, y jugar juntos a las deformaciones del cuerpo humano con uno de sus acrílicos expuestos allí. Fue ella quien lo condujo hasta Nido de hornero, la obra en barro que reeditó 38 años después de exponerla en el CAyC, cuando con 30 kilos de tierra traída del Machu Picchu imitó las formas de la naturaleza. "Existe para cada uno de nosotros una casa onírica, una región de los sueños.. Sin nido, el hombre sería un ser disperso", leyó sobre la pared Polesello y se adentró en el obra como un niño que juega a las escondidas. Al salir, selló su primera compra.

El volumen y el espacio

Allí mismo, en la galería Faría, le puso otro punto rojo a Prisma de aire, la histórica estructura cúbica de hierro que, a partir de su vacuidad, desafía la percepción espacial, según la concibió el vanguardista rosarino Juan Pablo Renzi. "La idea de abordar el volumen y limitar el espacio con el cubo me parece maravillosa. Hasta le pondría el nido de hornero dentro", justificó Polesello.

Juicio final, polémica obra de León Ferrari, en la que la Capilla Sixtina, decorada por Miguel Ángel, aparece "repintada" por heces de palomas, como si fueran chorreaduras de óleo, fue otra de sus adquisiciones. "Festejo como creación estética el cambio de sentido en la obra de Ferrari -argumentó-. La polémica no me interesa. La quiero para mi colección."

A medida que recorría los 86 espacios y saludaba a sus conocidos, entre ellos Yuyo Noé, Polesello preguntaba dónde se hallaban las obras de Vik Muñiz y de Alejandro Puente. Nadie lograba orientarlo hasta que una volumétrica cabeza esculpida en carbón, acompañada por 36 pinturas sobre seda, detuvo su marcha. En Cabinet LAN, la instalación de Vicente Grondona, Memorias del carbón, y la secuencia de recuerdos de una testa que sobre la pared simulan proyectar el inconsciente humano, lo cautivaron. "¿Cuánto? ¿US$ 50.000? La compro", disparó.

Mediaba ya la mitad del recorrido, cuando "Pole" pidió una tregua y un café. La pausa invitó a las confidencias y entonces, a raíz de la muestra que prepara para Malba el año próximo, contó un recuerdo que, dijo, nunca antes había compartido: "De chico vendía bloques de hielo en Villa Urquiza. Una mujer los partía y yo los entregaba. Pero antes de hacerlo, miraba todo a través de esos bloques. Ése, junto con los prismas, es el otro origen de las distorsiones ópticas en mi obra, que ahora vuelven a la pintura".

En la galería Liprandi sumó una de una mujer enmascarada al lado de dos iglesias ortodoxas construidas con fósforos: instalación de Fabián Bercic. "Esa tensión entre la vanguardia y el conservadurismo religioso me resulta interesante, además de la destreza escultórica para crear esos templos en miniatura", encomió.

"Reventa"

New York Times, obra de Liliana Porter de 1970, que exhibe la foto de una anciana vietnamita amenazada por una ametralladora sobre su sien junto a la leyenda en inglés de que ésa mujer es "mi madre, mi hermana, vos, yo", sumió al artista en silencio. Al señalarla, el galerista en el U-Turn explicó que ya había sido vendida a una colección colombiana. A Polesello no le importó y le adosó un segundo punto rojo de "Revendido".

Al pasar por el stand del Museo Xul Solar, preguntó: "¿Puedo comprar como si fuera sólo una obra todas estas acuarelas de Xul? Son pequeñas y quedarían muy bien con las de Berni, Seguí, De la Vega, Macció y Aizemberg que cuelgan en casa", bromeó. Pero se quejó como un niño ante el recordatorio de que debía ceñirse sólo a diez obras.

El arte social de Antonio Berni en Sur y, con él, una gema pocas veces vista en el país, ya que el lienzo del 56 que lo cautivó permaneció "oculto" desde entonces en Suiza, acicateó su avidez coleccionista. Se trataba del óleo Los inmigrantes, en el que la incertidumbre y la esperanza se enlazan entre cuerpos dormidos en la proa de un barco que capea un temporal. Berni había enviado esa obra al Salón Nacional bajo el seudónimo, al dorso, de Carlitos Chaplin. Ni aquella humorada rosarina logró sortear el rechazo, por escrito, de la institución, que se negó a exhibirla. Pero Polesello lo "redimió" y compró la obra por US$ 800.000. De paso, se llevó un taco de Juanito Laguna Pescador, del 61, exhibido junto a su gofrado.

La perseverancia da frutos y Polesello lo supo bien cuando, luego de mucho caminar, se topó con el puzzle de la Mona Lisa del paulista Vik Muniz. En Xippas anotó ese otro punto rojo para la deconstrucción de la enigmática sonrisa de Lisa Gherardini.

"¡Ahí está, por fin!" Sonó casi un grito de júbilo cuando Polesello halló la ristra de plumas, agrupadas por colores, sobre una tela de arpillera. Era ése su objeto de deseo: la obra de Alejandro Puente, fallecido el año pasado, quien con racionalidad cromática dibujó franjas de negro, rojo, blanco y negro con plumas de avestruz. ArteBa cerraba sus puertas, pero la colección R.P. y, con ella, también un recorrido antológico, había quedado finalmente plasmada. La firma es la del maestro sensible de la geometría: Rogelio Polesello.

Nuevo director en Malba

El historiador y curador español Agustín Pérez Rubio fue designado ayer nuevo director artístico del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), según anunció en una conferencia de prensa el director de la colección, Eduardo Costantini.

Pérez Rubio será el máximo responsable de la colección y nuevas adquisiciones, del programa de exposiciones y de la supervisión general de los programas de publicaciones, educación y extensión cultural, cine y literatura del museo.

"La incorporación de un director artístico responde a una mirada orgánica e integral de Malba. Se trata de una decisión institucional estratégica para consolidar el futuro del museo y reforzar sus vínculos con el mundo, a través de una programación que se ponga en sintonía con los problemas y desafíos del siglo XXI", señaló Costantini.

El curador español, nacido en Valencia, en 1972, tiene a su cargo estos días el espacio U Turn Project Rooms, auspiciado por Mercedes-Benz, que se exhibe en arteBA.

"Me siento muy honrado de venir a Buenos Aires y formar parte de esta nueva e importante etapa del Malba, porque ha sido un museo que he visto crecer y que siempre ha sido un referente no sólo en América latina, sino a nivel mundial", afirmó Pérez Rubio.

El español fue director del Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, y realizó la curaduría de más de 70 exposiciones, como la Bienal de Venecia, el Centro George Pompidou de París y el ICI Nueva York.

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