Avanzan las tareas de demolición de la ex cárcel de Caseros

Vuelven a analizar la implosión
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7 de mayo de 2003  

En unos 40 días se conocerá la modalidad con la que se derribará el viejo edificio de la cárcel de Caseros. Así lo afirmaron ayer autoridades del gobierno porteño, al término de un recorrido en el que se comprobó el avance de las tareas de demolición que se realizan desde hace dos meses.

"Hay características que hacen prever que se puede derribar el edificio por implosión usando explosivos en tres etapas", dijo Ibarra, para quien "a fin de este año la cárcel puede estar demolida".

El costo total de ese proceso es de unos cinco millones de pesos que "el gobierno tiene previsto", según aseguró Ibarra.

El uso de los explosivos es la modalidad más resistida por los vecinos y, en especial, por las autoridades del hospital Garrahan, situado frente al ex presidio, inaugurado en 1979 y cerrado en 2000.

El coronel e ingeniero Juan Martín Meredis, responsable de la demolición por parte del Ejército, informó que si se acepta el uso de explosivos se haría con el muro externo en pie.

Este actuaría como contención del edificio que ocupa toda la manzana entre las calles Pichincha, 11 de Noviembre de 1889 y Pasco.

"Contar con este muro es una suerte porque tiene diez metros de alto y las paredes se derribarían dentro de un pozo de siete metros de profundidad", dijo Meredis, que también informó que la semana próxima comenzará, bajo la supervisión de Greenpeace, el desmantelamiento de las calderas y cañerías que contienen asbesto o amianto, un aislante considerado residuo peligroso.

Los trabajos que comenzaron el 28 de febrero último, y que se prevé que terminen en unos 60 días, incluyen tareas de desinfección y desratización; el retiro de fuel oil, y la demolición de tabiques, lozas, control de vibraciones, descontaminación y retiro de 3000 m3 de escombros y de basura en el subsuelo, en la planta baja y en el primer piso.

Según lo acordado entre el Gobierno de la Ciudad y los vecinos, una vez terminada la demolición y transferido el terreno a la Capital se levantará allí un complejo habitacional, una plaza seca y un centro cultural.

Vecinos auditores

"Venimos cada veinte días y recibimos informes mensuales sobre las obras que se están haciendo", contó Cristina Castro, que representa a ocho familias que viven a pocos metros de la ex cárcel.

Castro y otros vecinos, que ayer asistieron al recorrido propuesto por el gobierno porteño, expresaron su conformidad por el desarrollo de los trabajos.

"Desde hace mucho quería entrar porque este edificio tiene una historia valiosa", dijo Romina Casullo, una estudiante universitaria que, como otros visitantes, se llevó un azulejo como souvenir del área donde funcionaba el hospital del presidio.

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