Aventurera: la motoquera de 62 años que planea viajar sola hasta Ushuaia

Zencich compró su primera moto a los 60 años.
Zencich compró su primera moto a los 60 años. Crédito: Gentileza: Silvia Zencich
Gabriela Origlia
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9 de enero de 2020  • 12:42

CORDOBA.- Después de dos décadas explorando rocas empezó a explorar el subconciente. Así define Silvia Zencich, una geóloga cordobesa de 62 años, la búsqueda personal que atravesó luego de una depresión profunda. Además de viajes a la India y formación en diferentes terapias, incluye hace el andar en moto. Ser motoquera no era una pasión de siempre, surgió hace dos años y, para ella, es una "forma de estar presente todo el tiempo", de aplicar lo que enseña la meditación.

Recibida de geóloga, trabajó en explotación de petróleo en YPF primero en Mendoza y, después, en Neuquén . "Esa era mi pasión, porque siempre doy ciento por ciento en lo que hago -cuenta a LA NACION-. Lo de la moto surgió hace relativamente poco; mi hermano maneja de toda la vida, yo había subido y siempre le decía que quería viajar con él, pero nunca pasó de eso".

El año pasado fue una de las coordinadoras argentinas del Relevo Mundial de Mujeres Motociclistas -que por estos días se realiza en África-, por entonces hacía sólo un año que se había comprado su primera moto, a los 60. Una RMV tipo enduro con estética de ruta para hacer off road. Empezó a andar por las sierras de Córdoba y a extender horizontes. A los cuatro meses, sola, se fue a Chaco .

En el 2000, viajó a India y con el tiempo se recibió de terapeuta integrativa. "Durante unos cinco años llevé una doble vida. Trabajaba como geóloga e iba profundizando más en otras áreas y me iba maravillando. Viajé, asistí a cursos, me perfeccioné, di charlas, hasta que renuncié a YPF en 2016", repasa. Se instaló en Río Cuarto para cuidar a su mamá enferma y abrió un centro de desarrollo personal.

Cambio de vida

Asegura que fue otro viaje de medio año a India el que le terminó de cambiar la vida. "Me voló la cabeza y el corazón", dice. Cuando regresó dejó su trabajo, aunque no tenía nada organizado. "Aprendí a escuchar el ser interior, a dejarse mover por el alma. Al final, así, las cosas salen mejor de lo que uno imagina".

Una depresión "profunda" la hizo cambiar de vida.
Una depresión "profunda" la hizo cambiar de vida. Crédito: Gentileza: Silvia Zencich

Jubilada le insistió a su hermano con viajar juntos en moto. Esa vez la respuesta fue "comprate una y aprendé a manejar. No te voy a llevar atrás". Zencich sostiene que le resultó "algo diferente, mucho más maravilloso y desafiante. Estoy acostumbrada a meterme en desafíos; empecé a andar, hice clínicas de manejo porque no tenía tanto tiempo y mi objetivo era a los 70 manejar muy bien para poder seguir".

La aventura motoquera terminó siendo más de lo que ella pensaba. Se integró a grupos, organizó otros y se sumó al Relevo Mundial. El desafío -que comenzó en Escocia en febrero pasado y termina el próximo mes en Emiratos Árabes Unidos- apuesta a visibilizar cuántas mujeres andan en moto e incentivar que las propias unidades se adapten ergonómicamente a ellas, al igual que la ropa y los accesorios.

Cambio de moto

"Sirvió para conocernos más; hubo 128 inscriptas y en los siete tramos de la Argentina siempre hubo rodando más de 50. En el recorrido de Buenos Aires a Paysandú fuimos 90", comenta Zencich. Ahora se prepara para ir por la Ruta 40 hasta Ushuaia . Viajará sola y espera cambiar su moto de 250 cilindradas a una más grande.

"La idea de ir a Alaska por ahora quedó en segundo plano -agrega-. Lo estoy pensando para 2022. Primero quiero recorrer la Argentina de punta a punta; prepararme para un viaje tan largo en solitario. Es que todavía me rondan preguntas. Aprendí a arreglar motos, nunca me tocó, pero lo sé hacer".

Enfatiza que el amor por la moto se basa en que está "más presente" que cuando viaja en auto. "Estoy más alerta porque estás más vulnerable. No te podes dar el lujo de 'ausentarte' por mucho tiempo".

Zencich entrena, trata de estar bien físicamente y se dice "saludable"; prefiere no llevar una mochila de agua, sino dejar su botella en la baulera y cada 50 o 70 kilómetros bajar, estirar las piernas, hidratarse y "acomodar" la espalda. "Esa es mi rutina", dice.

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