Bajo la sombra del abandono de persona

Germán Fernández pidió perdón por si alguien perdió un hijo por falta de atención; "las cosas se hicieron lo mejor posible"
Ángeles Castro
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21 de mayo de 2005  

"Un papá agarró de los brazos el cuerpo de su hijo, que yacía en el piso, y le dijo: «Vamos, hijo... Vamos, hijo». E insistió. Entonces yo le pedí a una médica que lo reanimara igual, aunque sabía que estaba muerto. Cometí un error médico gravísimo. Pero actué como padre. Si alguien perdió un hijo por falta de atención, que me disculpe", se sinceró Germán Fernández, director general del SAME, que coordinó desde el acceso a Cromagnon el operativo de atención sanitaria a las víctimas durante la noche de la tragedia. Y agregó: "Las cosas se hicieron lo mejor posible. Cuando a las 23.30 se destrabaron las puertas, se abrió un conducto de pacientes sin vida. Esto era imposible de remontar. No se hubiera podido hacer más. Se hizo lo mejor posible".

Fueron dos de los pasajes más sentidos de su declaración ante los diputados de la comisión investigadora, que citaron al responsable del SAME -entre otros médicos que participaron de las maniobras de socorro- para empezar a deslindar responsabilidades en torno de la acusación de los familiares por la presunta existencia del delito de abandono de persona que se habría cometido aquel trágico 30 de diciembre.

El funcionario defendió con uñas y dientes el despliegue de ayuda médica efectuado por el SAME y a veces llegó a aplicar una dosis de soberbia, ante un grupo de legisladores que no pudieron romper la solidez de su relato.

Como balance, podría decirse que salió bien parado. Aunque terminó por confesar lo inconfesable.

"Si usted me pregunta si planeamos un escenario con 927 pacientes, todos con A [afecciones o lesiones en las vías aéreas], no, no lo hicimos. Lo que ocurrió la noche del 30 de diciembre fue un hecho atípico; trasladamos a 927 pacientes a los hospitales públicos del sistema sanitario porteño, pero no operamos a ninguno. Yo no tenía pacientes traumatizados y el más quemado tenía sólo un quince por ciento de la superficie corporal afectada. Y lo que había ocurrido era un incendio... Hicimos un montón de simulacros sobre distintos escenarios posibles. Pero era imposible prever un hecho de estas características, yo no lo preví", confió Fernández.

El funcionario también admitió que los médicos se vieron en apuros a la hora de establecer las prioridades de derivación de los pacientes. Tal como lo describió Fernández, especialista en emergentología, los profesionales empezaron a clasificar pacientes por el método Triage, que usa cinco colores para determinar la gravedad del cuadro y establecer prioridades de derivación.

"Hasta que nos dimos cuenta de que este método no nos servía. Porque estábamos ante una intoxicación masiva con monóxido de carbono. Y que en el lugar el único tratamiento indicado es la provisión de oxígeno. El grado de intoxicación no se puede medir en la etapa prehospitalaria, se mide con una prueba en el hospital. Entonces decidimos dar orden de rojo [indica máxima prioridad] a todos los pacientes y trasladarlos."

Indagado sobre la supuesta falta de insumos -tubos de oxígeno, con sus máscaras, conectores y tubos endotraqueales-, Fernández negó la versión. "No faltaron insumos ni equipamientos. Trabajaron 46 ambulancias y cinco móviles de apoyo, incluida la Unica [la unidad de catástrofes], que es como una ambulancia gigante, con equipamiento múltiple. Me preguntan por el oxígeno... Fíjense que era un jueves, víspera de un feriado largo. Llevamos todo el stock de oxígeno que teníamos para los tres días, y sobraron tubos", arremetió.

El director del SAME no perdió la oportunidad de recordar que la Policía Federal y los bomberos, que dependen de ella, no instalaron el vallado para aislar la zona de trabajo e impedir así la intromisión de gente inexperta.

"En las emergencias tenemos tres patas: la búsqueda y el rescate, a cargo de los bomberos; la seguridad, a cargo de la policía o la Prefectura o, hasta hace poco, la Policía Aeronáutica, según la jurisdicción; y la atención sanitaria, a cargo del SAME. El cordón de seguridad y el vallado lo tienen que hacer las fuerzas de seguridad, en este caso, la policía. Los médicos no sabemos poner vallas", aclaró.

También recordó a los diputados que "lamentablemente, la policía y los bomberos dependen de una instancia nacional y el SAME, de la Ciudad", casi como en campaña por el traspaso de la fuerza de seguridad al gobierno porteño.

Para entonces, Fernández ya había aclarado que él había llegado al boliche de Once, alrededor de las 23.15 y que se había ido de allí cerca de las 2.30, una vez que los bomberos le notificaron que en el interior del local ya no había personas con vida.

Según su propio relato, partió rumbo al comando operativo de emergencias (COE). Allí estaban, entre otros, el secretario de Salud del gobierno porteño, Alfredo Stern, y el propio jefe de gobierno, Aníbal Ibarra.

"¿Y usted no transmitió la problemática del vallado al COE central para que desde allí reclamaran?", repreguntaron los legisladores. "Sí, lo hice y yo personalmente lo pedí. La respuesta que tuve fue: «Doctor, para hacer un cordón efectivo tengo que reprimir y no lo puedo hacer». Hay que entender la escena en la que estábamos trabajando, con 5000 pacientes en el lugar. Ya había existido una riña cuando se barreteaban las puertas porque la gente pensó que la policía quería reprimir, cuando se acercaba para ayudar. Lo digo en favor de las fuerzas de seguridad: éste fue un hecho atípico", retrucó.

Cuestión de prioridades

En un tramo de su exposición, el director general del SAME, Germán Fernández, tuvo que referirse al procedimiento que, en caso de catástrofes o emergencias como la de Cromagnon se sigue con los pacientes vivos y que es lo que se indica con los muertos.

Lo que sigue es parte de las preguntas que le efectuó la diputada María Eugenia Estenssoro (Bloque Plural).

M. E. E.: -Una mamá nos comentó que encontró a su hija, que todavía estaba viva, en el patio del hospital Ramos Mejía. ¿Qué sabe de esto?

G. F.: -¿La encontró en medio de las personas muertas?

M. E. E.: -Sí.

G. F.: -No, no sé nada. Yo coordiné la etapa prehospitalaria.

M. E. E.: -Bueno, otro encontró a su hijo muerto en la vereda del hospital, porque el SAME lo había dejado ahí.

G. F.: -Desconozco el hecho en particular. Lo que hay que saber es que en medicina de emergencias los criterios son absolutamente distintos de los empleados en situaciones normales.

Temo que haya aquí familiares de personas fallecidas, pero debo decir que el lugar y el destino de los muertos no es prioritario, ni deben ocupar el lugar de un vivo. Tal vez lo dejaron para volver a buscar a alguien que necesitaba atención. Yo también pedí a los policías que no trasladaran cuerpos. No es correcto, pero tendrían hijos y habrán actuado como padres.

M. E. E.: -¿No tenía usted entrenamiento para imponer su autoridad y evitar el caos?

G. F.: -Fue una situación difícil, pero no de caos. Y yo no tengo autoridad sobre la policía.

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