Buenos Aires, aquí y allá

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15 de mayo de 2003  

El Cid también conquista el Centro

Según la superstición, nunca se le debe cambiar el nombre a un barco, aunque éste cambie de dueño, a menos que se pretenda tentar a la mala suerte y, con ella, a la catástrofe.

Un principio similar siguió Néstor Goldberg al abrir el primer local de El Cid, su marca de ropa masculina, en noviembre último, en Palermo: a pedido de su antiguo dueño, mantuvo para su proyecto el nombre de la boutique de barrio, ya cerrada, de donde recicló nobles mostradores y exhibidores.

Los supersticiosos podrían usar el caso a su favor: a pocos meses de aquella apertura, Goldberg, ex dueño de Key Biscayne, acaba de inaugurar un segundo local, con el doble de metros cuadrados del primero, esta vez en el Centro (Reconquista 949).

"La idea es tener prendas clásicas con detalles modernos, pero no modernosos", explica Goldberg, que se encarga tanto de la colección como de toda la logística de la marca, con la que planea expandirse con más locales. Como ejemplos de su búsqueda clásica y moderna, que abarca desde trajes hasta básicos y accesorios, muestra poleras sin cintura elástizada, corderoy con efecto de cuadrados y camisas con charreteras. Toques británicos, tweed, gamuza; cortes leves, pero notoriamente al margen de lo convencional.

Quien imagine por todo esto el look del personaje de Fabián Vena en Resistiré no se equivoca: el actor se viste en El Cid para la novela.

Heroínas con los colores del frío

Un día con los pelos de punta, en el Hilton, donde L’Oréal presentó su línea Majirel, Vibraciones de color otoño/invierno 2003, en una maratón de moda. Unas 3500 personas llenaron el subsuelo del hotel y alternaron de la mañana a la noche desfiles, peinados y cortes en pasarela.

Si alguien quiere cambiar el look, por qué no elegir distintos negros sobre marrones fríos. O mezclas de rubios en tonos diversos. O cobrizos con efectos de luz sobre bases oscuras o rojizas. Esas son las tres gamas de la paleta que L’Oréal propone para el tiempo frío, para tres tipos de heroínas bien diferenciadas: la dramática, oscura y de armas llevar; la de leyenda, infantil y romántica, y las barrocas exuberantes. Entre tanto styling capilar, la ropa también tuvo su espacio: Mary Tapia mostró diseños urbanos con texturas rústicas. Francisco Ayala, audaces transparencias, brillos y juegos geométricos, en vestidos diminutos o largos hasta los pies.

Lita Calviño y Ana Barretto siguieron con la gala, pero incluyeron flecos, strapless con faldones inflados, y dúos de negro y colorado. Como cierre, Fabián Kronenberg aportó elegancia y sensualidad, con variedad de telas de buena cepa, compartiendo cartel con tocados, rulos y lacios de Oscar Colombo. Nora Cárpena, Anamá Ferreyra, Luisina Brando, Patricia Sarán y Dora Baret, clientas de más de uno de los anfitriones, aplaudieron desde la primer fila. No hizo falta pedir champagne ni flashes para todos.

Cosmética, política y trofeos en pleno Abasto

Noche en el Abasto, más iluminado que nunca y con su figura emblemática, Gardel, enchambergado y sonriente en paredes y rincones.

Anchorena al 600, lo que fue la fábrica de electrodomésticos de los Scioli es punto de encuentro de las editoras de moda. Adentro, donde viven, no está el candidato a la vicepresidencia, Daniel Scioli, sino su mujer, Karina Rabolini. Y tampoco se habla de política (aunque sí se habla), sino de las novedades que la chica que fue modelo y tuvo una empresa de lencería promete ahora para su línea cosmética. Una propuesta con packaging agradable y creíble, en venta en farmacias y perfumerías a precios muy accesibles.

Son productos de baño, relax, pelo, cuerpo y tratamiento facial con fórmulas francesas y realización nacional (o no, depende el caso), que según Ramiro San Pedro, director comercial de Virgin, la empresa responsable, están al nivel de los más prestigiosos del mercado.

Corren el champagne y las empanadas en la sala del primer piso, ámbito de trabajo de Scioli. Un espacio enorme y minimalista, con una megamesa oval digna de la Casa Blanca, frente a la que Rabolini da noticias: en julio llegará su perfume; a fin de año, una línea de cosmética infantil.

Fin de charla chispeante y segunda parte del programa, en uno de los pisos superiores. El museo del ex motonauta, in-cre-í-ble (de trofeos a juguetes, de todo), espera con pizzas y lasagnas. Y con sorpresa final: el candidato asoma para el café y habla. De política, se entiende.

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