Coronavirus: cambiar de actividad para enfrentar la crisis laboral

Antuña embotella alcohol en gel
Antuña embotella alcohol en gel Crédito: Gentileza Erika Antuña
Del área hotelera a cultivar frutillas o de diseñar productos a embotellar alcohol en gel, argentinos fuera del país se reconvierten en medio de la pandemia
Carolina Otero
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17 de mayo de 2020  

"De un día para el otro, con algo inimaginable, tuvimos que dar un volantazo y cambiar los planes", dice Santiago Lera, argentino, de 27 años, que hace un año se mudó a Australia. "Antes de la pandemia del nuevo coronavirus Covid-19, trabajaba a la mañana en un café haciendo desayunos y a la noche en una cervecería alemana ubicada en Gold Cost -en el estado de Queensland-, y mi novia trabajaba en un restaurante cubano. Con esos tres sueldos íbamos bien, a veces mejor y otras no tanto, porque es una ciudad turística", cuenta Lera y explica que al perder sus trabajos tuvieron que usar los ahorros para mantenerse hasta encontrar una nueva ocupación.

Para evitar la propagación del Covid-19 en Australia, como también sucede en la Argentina, se suspendieron los trabajos con atención al cliente y se cerraron hoteles, bares y restaurantes, lo que generó la pérdida de numerosos puestos de trabajo. Si bien los supermercados y la construcción continúan funcionando en ese país, cuando surge una vacante se prioriza contratar a personal nativo que haya quedado desocupado.

"Buscando alternativas nos salió una oportunidad laboral en un campo de producción de frutillas. Al principio viajábamos dos horas, trabajábamos y volvíamos manejando otras dos horas. Gastábamos más de nafta que lo que cobrábamos, pero la idea era conseguir un puesto de trabajo en este momento de crisis y pasar la tormenta. Lo conseguimos y nos mudamos a media hora del campo para no viajar tanto", afirma el argentino, y explica que es una tarea en la que pagan muy poco y que genera un enorme desgaste físico, ya que están muchas horas en cuclillas plantando las frutas y limpiando las plantas.

Una situación similar sucede en la ciudad de Miami, donde Nicolás Medina, porteño, de 31 años, llegó hace 3 meses junto con su novio, Nicolás. Los dos trabajaban con el tío de Medina fabricando mesadas de mármol y granito para muchos edificios de Miami Beach y también vendiendo empanadas. Ante la prohibición del acceso de personas ajenas a los edificios y el cierre de los hoteles, ambas actividades cayeron abruptamente y tuvieron que buscar una nueva ocupación en medio de la pandemia.

"Ahora [unos días antes del Día de la Madre, que en Estados Unidos, se celebró el domingo pasado] trabajamos en un almacén de flores y se empieza a mover mucho la producción y venta de flores", dice Medina, que, para llegar desde Hialeah, donde vive, hasta la tienda tiene que viajar en dos ómnibus y un tren.

Lera y su pareja, en un campo de frutillas
Lera y su pareja, en un campo de frutillas Crédito: Gentileza Santiago Lera

"En mi sector armamos pedidos para grandes cadenas de supermercado o tiendas de flores, es un trabajo bastante pesado porque hay que estar subiendo cajas, moviéndolas y estás en constante actividad", explica el porteño, que trabaja 13 horas todos los días.

La suspensión de todas las actividades que impliquen la concurrencia de personas generó una fuerte caída en el trabajo de muchos profesionales, que, en relación de dependencia o de manera autónoma, tuvieron que reacomodarse dentro de las empresas donde trabajan o buscar alternativas fuera de sus oficios. Ante la disyuntiva de quedar desempleada cobrando el subsidio del gobierno español del 70% de su sueldo o cambiar de sector en la empresa de cosmética para la que trabaja en Valencia, Erika Antuña, de Ramos Mejía y diseñadora gráfica, optó por cambiar de área.

Así, pasó de diseñar productos de fragancias a ser operaria de línea de producción y llenar manualmente botellas de alcohol en gel, cargar las cajas y armar los palets. "Sos como una máquina, pero en humano, te dan una ruta, te dicen lo que tenés que hacer, lo ejecutás y terminó. Tu única preocupación del día a día es ir rápido y llegar al objetivo de llenar el mínimo de 3000 botellas por jornada", explica Antuña, y dice que su profesión está más ligada a la creatividad de ideas.

"Como diseñadora siempre estás pensando en el nuevo producto, y si se me ocurre algo lo dibujo o busco en internet y no paro de pensar. El otro es un trabajo totalmente operativo que termina a las 13.30 porque en media hora tengo que limpiar la sala, tirar la basura y se terminó", concluye.

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