Carrascosa, a la cárcel común por el crimen de su esposa

El juez Barroetaveña le dictó la prisión preventiva por el hecho
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17 de mayo de 2003  

Para la Justicia hay semiplena prueba de que Carlos Carrascosa es coautor del asesinato de su esposa, María Marta García Belsunce.

Por eso, el juez de Garantías de San Isidro, Diego Barroetaveña, le dictó la prisión preventiva, y, si bien el viudo seguirá por lo menos 48 horas en un calabozo de la Delegación Departamental de Investigaciones de San Isidro, luego será trasladado a una prisión bonaerense, que se designará según la disponibilidad de lugar.

En fuentes de la procuración bonaerense se especulaba anoche con la posibilidad de que su destino sea el penal de Campana, el de Magdalena o la cárcel de Florencio Varela.

Barroetaveña basó su decisión en tres testimonios que cuestionan la coartada del detenido y en un peritaje que señala la posible existencia de pegamento en la cabeza de la víctima.

Carrascosa podría ahora seguir detenido hasta el momento en que se lo juzgue, salvo que la Cámara de Apelaciones de San Isidro revoque la prisión preventiva o que durante la investigación surjan indicios que alejen las sospechas en su contra. Por ejemplo, aún está pendiente la comparación de los resultados de los estudios de ADN realizados sobre el material genético hallado en la escena del crimen con la sangre del acusado.

El viudo se enteró de que deberá seguir detenido por boca de sus abogados Marcelo Nardi y José Licinio Scelzi, que se entrevistaron con él durante pocos minutos en la DDI de San Isidro. Allí, según relató Nardi a LA NACION, le explicaron que se trataba de un fallo de primera instancia que es posible apelar y le entregaron una copia de la resolución. "Recibió la noticia con preocupación, pero con la perspectiva de quien se sabe inocente y que tarde o temprano se va a demostrar la verdad", dijo Nardi más tarde.

Los fundamentos del juez

La resolución del juez se basó en tres testimonios que indican que Carlos Carrascosa no estuvo donde dijo haber estado la tarde del crimen y la falta de justificación de sus acciones durante 23 minutos, en los que pudo asesinar a su mujer.

Además consideró clave un peritaje sobre los restos de piel que rodean las heridas del cráneo donde los expertos encontraron restos de ciano, uno de los componentes del pegamento conocido como "La Gotita" y que habría sido usado para disimular las heridas que presentaba el cadáver.

El juez comenzó narrando la versión de Carrascosa. Explicó que el viudo sostiene que la tarde del 27 de octubre estuvo viendo el partido entre River Plate y Boca Juniors en la casa de su cuñado Guillermo Bártoli, en compañía de Diego Piazza, un vecino, su novia, los hijos de la familia y el vecino Sergio Binello. Irene Hurtig, la mujer de la casa, estaba en el lugar, así como una empleada doméstica. Pero al descreer de esa afirmación el juez citó los testimonios de Alba Benítez, encargada del restaurante del club house de Carmel, del mozo Gerardo Oberndorfer y de Catalina Vargas, la empleada doméstica de los Bártoli.

Los dos primeros afirmaron que Carrascosa estaba en el restaurante del house tomando café y lemoncello y la mucama aseguró que no vio a nadie mirando TV a las 18, cuando terminaba el partido de fútbol entre River y Boca.

El juez valoró que en los careos entre Carrascosa y los testigos todos se mantuvieron firmes en sus relatos, que fueron apoyados por las declaraciones de la nuera de Benítez, Claudia Narciso, de Raúl Verona y de Javier Castro, empleados de Benítez. No obstante, el juez reconoció que las declaraciones de Benítez y de Oberndorfer son contradictorias en algunos puntos, pero -dijo- "eso es demostrativo de su frescura y espontaneidad".

Las declaraciones de los parientes y allegados a Carrascosa fueron descartadas por el juez, justamente por su cercanía con el acusado. Por eso concluyó que "se encuentra probado" que Carrascosa, cuando ocurrió el homicidio, "no dio una explicación plausible del lugar donde se encontraba".

Luego analizó los tiempos, sobre la base de una visita que realizó a Carmel. Consideró que Carrascosa pudo haber salido de la casa de Bártoli a las 18.10, tres minutos después de la finalización del partido de fútbol. Que pudo haber llegado al club house a las 18.12 -conduciendo su auto a una velocidad de entre 10 y 15 kilómetros por hora- y permanecer allí quince minutos, hasta las 18.27. Desde esa hora y hasta las 18.55 no justificó dónde estuvo.

"Tuvo la posibilidad de llegar a su finca a las 18.32,30. Contó entonces con aproximadamente 23 minutos, teniendo en cuenta el horario de las 18.55, cuando la masajista Beatriz Michelini arribó al country, para estar en el lugar en el cual se perpetró el hecho pesquisado, ejecutarlo, salir y hacer ver que recién llegaba", especula el juez.

Pero reconoce que "es cierto también que Carrascosa, durante ese tiempo, no haya estado perpetrando el hecho y haya estado en otro lugar". No obstante que nadie lo haya visto, excepto sus familiares y amigos, a los que el juez descartó.

Luego Carrascosa analizó el peritaje realizado sobre la piel de la cabeza de la víctima, donde se halló ciano, un componente de un pegamento. Ese estudio fue firmado por los peritos de parte, que en ese momento no se opusieron, cuando podían presentar sus conclusiones por separado, señaló, y la consideró una prueba de cargo.

Completó el análisis con su visita al baño donde ocurrió el crimen, de la que concluyó que es raro que todos hubieran pensado en un accidente, cuando el cuerpo estaba alejado de las canillas de la bañera. Nardi anoche entendió que el fallo es arbitrario y adelantó que lo apelarán. Scelzi, apesadumbrado, dijo a LA NACION que puso su renuncia a disposición de la familia, la que lo ratificó como defensor.

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