Casi 50.000 jóvenes son jefes de hogar

Tienen entre 15 y 19 años y están a cargo de una familia; en Formosa, uno de cada 10 adolescentes está casado o en pareja
Evangelina Himitian
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21 de diciembre de 2001  

Se levantan temprano y ponen en marcha la casa: preparar el desayuno, ordenar la cocina, despertar al resto de los miembros de la familia. Organizar el día y salir. A estudiar, a trabajar o a buscar empleo. O a hacer las tres cosas al mismo tiempo, sin desatender las actividades de la casa. Son jóvenes que antes de cumplir los 19 se convirtieron en jefes de su hogar.

En la Argentina, 1,5 por ciento de los adolescentes de entre 15 y 19 años está a cargo de su casa, según los últimos datos del Sistema de Información, Monitoreo y Evaluación de Programas Sociales (Siempro), tomados sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares.

En valores absolutos, significa que existen unos 49.457 hogares que están a cargo de adolescentes.

Esta cifra contempla tanto a quienes se independizaron y formaron su propia familia y a los que se fueron a vivir solos, como a quienes viven con alguno de sus padres, pero por razones económicas se convirtieron en el principal sustento.

Si bien la situación difiere de provincia en provincia, las cifras hablan de un aumento en la franja poblacional que se encuentra en esta situación.

Las mediciones nacionales más recientes todavía están siendo procesadas, pero algunos distritos donde ya hay datos comparativos permiten ver el crecimiento.

En el Gran Buenos Aires, por ejemplo, la cantidad de jefes de hogar adolescentes se duplicó en sólo 10 años: mientras que en mayo de 1991 quienes estaban en esa situación eran 8019 jóvenes, en mayo último la cifra trepó hasta los 15.975. De ellos, 4230 están por debajo de la línea de pobreza.

Autoridad y sustento

Según explicaron en la Dirección Nacional de Juventud, se considera "jefes" a las personas que son reconocidas como autoridad y sustento por los demás miembros del hogar. A la vez, se define como hogar a un grupo de personas, parientes o no, que viven bajo un mismo techo de acuerdo con un régimen familiar. Es decir: que comparten sus gastos de alimentación.

La tendencia indica que cuanto más grandes son los jóvenes varones, en mayor medida se hacen cargo de su hogar y son reconocidos como jefes. Pero este patrón no se repite entre la población femenina.

"La porción de jefes de sexo masculino crece de acuerdo con el aumento de la edad. Así, de cada 100 varones de entre 15 y 19 años, casi seis son jefes de hogar. Esa cifra sube a siete en la franja de 20 a 24 años, y a un poco más de ocho en la de 25 a 39 años.

En el caso de las mujeres, esta tendencia no es regular: si bien en esas edades proporcionalmente disminuye la cantidad de mujeres jefas, en 11 provincias del país, en términos absolutos, hay más jefas de hogar en la franja de 15 a 19 años que en la de 20 a 24 años", señala el informe.

Según consideró el titular de esa dependencia, Gustavo Fernández Russo, esto se produce como consecuencia del aumento en el índice de maternidad entre adolescentes, situación que no siempre culmina en un casamiento o en vida en pareja.

"En muchos casos, la maternidad convierte a la adolescente en jefa de un nuevo hogar. Pero no ocurre lo mismo con los hombres, ya que muchos no asumen su paternidad", explicó Fernández Russo.

La dinámica familiar

La cantidad de jóvenes casados o unidos crece en tanto aumenta la edad. Casi 53 de cada 100 jóvenes de entre 25 y 29 años viven en pareja, mientras que sólo cuatro de cada 200 de entre 15 y 19 años se encuentran en esa situación.

En la provincia de Formosa, por ejemplo, casi uno de cada 10 adolescentes está casado o en pareja. Es decir: el doble de la media nacional.

La decisión de asumir un embarazo como pareja en muchos de los casos culmina en una alteración de la dinámica familiar: los adolescentes tienen a su vástago, pero continúan viviendo con los padres de algunos de ellos.

Si bien muchos se independizan, otra gran cantidad acaba por conformar lo que en la Dirección de Juventud denominan una economía familiar de subsistencia.

"Continúan viviendo bajo el mismo techo por la necesidad económica. Cada miembro hace su aporte y difícilmente puede independizarse del resto", concluyó Fernández Russo.

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