China y Estados Unidos, una rivalidad global

Rafael Mathus Ruiz
Rafael Mathus Ruiz LA NACION
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8 de diciembre de 2019  

La creciente rivalidad entre Estados Unidos y China se tomó un respiro cuando Washington y Pekín anunciaron un primer acuerdo para dejar atrás meses de disputa y empezar a poner fin -o, cuando menos, marcar una pausa- a una guerra comercial que sacudió a la economía global. Pero fue solo eso: un respiro. Aun con un acuerdo definitivo, la puja entre ambas potencias por influir en el rumbo del siglo XXI, se prevé, será en los próximos años más intensa, compleja, amplia, y tendrá un impacto cada vez mayor en el mundo.

China destronará a Estados Unidos y se convertirá en la economía más grande del planeta hacia el final de la próxima década, según coinciden los pronósticos. Ambos países son competidores, pero también socios: ya a fines de la década anterior, China se convirtió en el principal acreedor externo de Estados Unidos, superando a Japón, y son los mayores socios comerciales el uno del otro. La puja entre Washington y Pekín toca a la economía, la geopolítica, el crucial desarrollo de tecnología -un área donde ambas naciones intentan ser líderes-, y va más allá de la Tierra: ambas potencias están montadas en una nueva carrera espacial.

América Latina ocupa un lugar central en esa rivalidad. La región se ha convertido en uno de los destinos predilectos de las inversiones en infraestructura de China bajo su ambicioso plan " One Belt, One Road". En el norte de la Argentina, en Jujuy, el parque solar más grande de la región y el segundo más grande del mundo, Caucharí, nació con el respaldo de China, que también invirtió en litio, el combustible del futuro. El avance de China en América Latina inquieta a Washington, incapaz de igualar los recursos que pone sobre la mesa el gigante asiático.

China destronará a Estados Unidos y se convertirá en la economía más grande del planeta hacia el final de la próxima década, según coinciden los pronósticos

"Para América Latina y el Caribe, no se trata de elegir entre China y Estados Unidos, sino de cómo incorporar el acercamiento comercial y estratégico con China y con Estados Unidos como parte integral y complementaria de la planificación y desarrollo económico de nuestros países. Hay ocasión para trabajar los dos en muchas áreas respectivas y conjuntas de colaboración", indicó Pepe Zhang, experto en China y director asociado del Atlantic Council.

Zhang remarcó que, más allá de ampliar su rivalidad, China y Estados Unidos también han incrementado las áreas de cooperación. Un claro ejemplo fue el acuerdo climático sellado a fines de 2014 que abrió el camino para la firma del histórico Acuerdo de París, un año después.

China cuenta con los recursos y la escala, pero Estados Unidos es, aún, uno de los países con mayor capacidad de invención del planeta. "La oportunidad y la fortaleza es que Estados Unidos siempre ha tenido una economía vibrante y muy innovadora", describe Zhang. Washington espera que ese atributo le permita sacar una ventaja en un terreno en el que, todo indica, se concentrará una pelea que marcará con mayor fuerza la competencia en el siglo XXI: el desarrollo de tecnología. Una rivalidad inédita entre la democracia liberal occidental y la autocracia más poderosa del planeta.

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