Colchones, inmuebles y zapatos

Los lavadores buscan rubros con altos retornos y bajo o nulo control estatal real
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28 de agosto de 2011  

Colchones, milanesas, locales de ropa y melones. Esos son algunos de los rubros y productos en los que concentraron sus esfuerzos los dos únicos grupos de narcolavadores a los que, hasta ahora, la justicia argentina puso contra las cuerdas. Uno fue en Córdoba, el otro en el conurbano, pero con inversiones en Neuquén y proyectos hasta para Irak.

Esos rubros se suman a otros muchos que, según los expertos consultados por LA NACION, suelen utilizarse para blanquear. Entre ellos, el mercado inmobiliario, los créditos no bancarios en los que suelen intermediar las escribanías e, incluso, hasta fábricas de zapatos, aunque en el caso de narcolavadores peruanos.

María Eugenia Rodríguez, su marido Julio Guillermo Vallejo y su cuñado Gonzalo Maximiliano Vallejo fueron los tres primeros lavadores condenados como tales en el país, luego de que el Tribunal Oral Federal N° 2 de Córdoba consideró probado en diciembre de 2009 que blanquearon las ganancias de Jorge Guillermo Altamira, un colectivero según su empleo formal, pero más conocido como "el Gallo" o "el Narco".

Para eso, el trío utilizó un local de ropa trucha montada por la esposa de Altamira como pantalla para dibujar ganancias ficticias con las que, a su vez, compraron dos departamentos, una casa, dos autos, una camioneta, televisores plasma, equipos musicales y hasta una mesa de pool por 5000 pesos.

Más relevante que la mercadería, sin embargo, el trío también compró el fondo de comercio del restaurante y bar "Como en Familia", con el que también enjuagó las ganancias obtenidas de la venta de cocaína y marihuana en la capital cordobesa.

En tanto, el Tribunal Oral N° 5, pero de San Martín, ordenó la suspensión del juicio a prueba tras aplicarle una multa a otro traficante con vínculos en Colombia y España, Osvaldo Rosario Altuna, cuyas ganancias eran reintroducidas en el mercado legal, entre otras, por su hermana Ana María.

Según el fiscal federal Marcelo Darío Fernández, los Altuna concentraron sus inversiones en Neuquén, donde compraron la fábrica de colchones Quemu Quemu, otra de casas rodantes y trailers llamada Fortinera Neuquina con las que, en teoría, proyectaban exportar a Irak, y un campo de 180 hectáreas para la producción de melones.

Fútbol y calzados

Para el titular del Centro Argentino de Transparencia Inmobiliaria (CATI), Ricardo Tondo, el mercado de bienes raíces es "central", hoy, para el lavado. Entre otras posibilidades, a través de las compras con cesión de venta –más conocido como "cesión de boleto"–, pero también por medio de los alquileres de departamentos con, en teoría, fines turísticos. Carentes de control real por la AFIP, la unidad lavado (UIF) o Rentas, remarca, "casualmente, esas son las propiedades más buscadas".

Tondo enumeró otros rubros que considera canales habituales para el blanqueo: desde los cheques de viajero a "los créditos no bancarios, los falsos intermediarios, por ejemplo en el negocio del fútbol, y volviendo al rubro inmobiliario, los remates de propiedades".

Desde Lima, el consultor en la lucha contra el narcotráfico y el lavado, Jaime Antezana, alertó sobre lo que definió como "el proceso de cartelización de los narcos peruanos", que comenzaron a desplegar "contactos y enlaces" en Bolivia y la Argentina. "Operan al menos tres grandes clanes familiares, más otros más pequeños, en la Argentina, que se dedican a comercializar la droga lavar parte de sus ganancias allá y también traen dinero físico al Perú", argumentó. En uno de esos casos, comentó a LA NACION, el blanqueo es a través de una "fábrica de calzado" cuyo nombre no difundió.

En el caso de los narcos cordobeses liderados por "el Gallo" Altamira, apelaron al local "J&M" para dibujar ventas formales por unas pocas decenas de miles de pesos. Pero con eso, según el tribunal, dieron "apariencia de legalidad a la liquidez monetaria proveniente de la venta de estupefacientes".

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