Comenzó el rescate del Graf Spee

Sacaron el telémetro del acorazado alemán, de 27 toneladas
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26 de febrero de 2004  

MONTEVIDEO.- Un nuevo intento otra vez fallido. Alfredo Echegaray, concesionario del rescate del acorazado alemán Graf Spee, se agarraba la cabeza y no ocultaba su expresión de disgusto. "Otra vez, no...", comentaba, mientras veía que el famoso telémetro del buque de guerra que fue hundido en 1939, en el Río de la Plata, era más fuerte que las herramientas de rescate, y, como en cámara lenta, la pieza histórica volvía al río.

Una hora después estallaron los festejos cuando la grúa del puerto de Montevideo logró, finalmente, rescatar el telémetro del barco, que estalló ante los ojos de miles de uruguayos hace 64 años. En aquella ocasión, el comandante del Graf Spee, Hans Langsdorff, decidió hacerlo explotar para que no cayera en manos de la flota inglesa, que lo perseguía y lo había sitiado en Montevideo. Todo el mundo quería ver el final de la batalla, pero no fue así, y el Graf Spee se hundió envuelto entre explosiones y fuego.

Ahora, la platea fue más íntima. Y el festejo de los rescatistas, rodeados de periodistas, tuvo un doble motivo. Por un lado, se celebraba la recuperación en sí misma de una pieza histórica: era el novedoso telémetro, que pesa 27 toneladas y tiene seis metros de alto por 10,5 metros de ancho. El aparato es un sistema óptico que permite apreciar desde el punto de mira la distancia a la que se halla un objeto lejano. Así se ajustaba la puntería de los cañones hacia los barcos enemigos.

Los responsables del operativo admiten que la repercusión internacional les permite promocionar el caso para obtener inversores asociados, auspiciantes o fundaciones interesadas en contribuir con el rescate. "Te imaginás, con tantas cámaras de TV de todo el mundo, si había un logo en la grúa... era una gran promoción", comentó Echegaray a LA NACION.

La inversión que precisan es para continuar con las tareas e ir por piezas mucho más pesadas. Como el barco se partió por la mitad, en el fondo del río están la proa y la popa del llamado acorazado bolsillo. La proa pesa 8000 toneladas y la popa, unas 2000 toneladas, explicó el concesionario.

El telémetro estaba llegando anoche al puerto y será exhibido en el frente del Ministerio de Turismo. Por allí ingresa la mayor parte de los turistas argentinos que llegan en buques que cruzan el Río de la Plata.

La expedición se prepara ahora para el rescate de una pieza de 300 toneladas: una de las dos torres con tres grandes cañones de 28 cm de calibre cada uno. Entienden que se deberá trabajar en el alivianamiento del casco de casi 200 metros de eslora.

El grupo de buzos que trabajó en el rescate estuvo comandado por el uruguayo Héctor Bado. El otro responsable del operativo fue el capitán de navío Alberto Braida.

En diciembre de 1939, el Graf Spee se enfrentó a dos buques británicos y a otro neozelandés que lo perseguían. Tras una corta batalla frente a Punta Ballenas, el acorazado alemán se refugió en Montevideo. Víctima de una operación de inteligencia británica por la que se acercaban más barcos enemigos al Río de la Plata, Langsdorff decidió hundirlo; tres días después, se suicidó.

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