Cómo escribir en el pizarrón lo que pasó

La difícil tarea que les toca a los maestros Con la vuelta al colegio, los docentes tendrán que ayudar a los chicos a elaborar lo que les ocurrió Los especialistas dicen que no se debe ignorar sino integrar a los contenidos
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11 de mayo de 2003  

La vuelta al colegio significa el principio de una vuelta a la normalidad para miles de chicos que, como todos en Santa Fe, tratan de recuperar una vida perdida de un minuto para el otro, sin previo aviso. Alumnos y maestros deberán seguir adelante pese a haberse enfrentado a la devastación, el despojo, el robo, la desaparición e, incluso, la muerte. ¿Cómo encaminar la enseñanza en medio de esta crisis?

Hablar de la catástrofe es indispensable, coinciden especialistas consultados por LA NACION. Negarlo, dicen, sería el peor error. Integrar los contenidos programáticos con la realidad que viven y asociarlos a la reconstrucción, buscar alternativas para que los chicos sean partícipes de esta reparación y hacerlos sentirse útiles para que no se queden estancados en el dolor son tres aspectos que recomiendan no dejar de lado.

"Hay que empezar por tener bien claro que muchos chicos y docentes van a estar bajo un efecto de shock y que eso no se va a acabar de un día para el otro. Hay que preguntarse qué tenemos cuándo ya no tenemos nada. Y lo que nos queda es la palabra. La palabra tiene que adquirir una función pacificadora. El papel que cumple la escuela dentro de la comunidad es sumamente necesario. Hay que buscar las formas para que los alumnos canalicen sus trastornos, sus inquietudes, ya sea hablando, jugando o estudiando", dijo Stella Maris Rosconi, psicoanalista y docente de la Universidad de la Marina Mercante.

Continuar con el desarrollo de los programas y hacer como que nada ha pasado sería sumamente contraproducente, de acuerdo con Inés Dussel, doctora en educación y coordinadora de esa área en Flacso: "Todos han pasado situaciones muy traumáticas y es necesario que puedan discutirlas, entender lo que pasó y ver de qué forma se puede salir".

Daniel Bogiaizian, director del área psicológica de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad, consideró que habrá que esperar un tiempo para saber quiénes desarrollaron un stress postraumático producto de las situaciones vividas, pero que es de esperar que en un comienzo se verán alumnos exacerbados, con temores, con dificultades para conciliar el sueño y para concentrarse, y con ciertas aprensiones que pueden traducirse en un nivel de preocupación distinto al que tenían antes frente a un cambio de clima.

"Sólo a los seis o siete meses van a empezar a verse quiénes son las personas que presentan síntomas de stress postraumático. No se puede salir a tratarlos a todos masivamente -dijo el especialista-. Hay que darles tiempo para que vayan reelaborando todas las cosas que han vivido. Las clases no van a ser iguales a cómo eran antes de las inundaciones, pero no hay duda de que volver va a ser muy bueno, les va a dar ciertas pautas de rutina y normalidad que necesitan".

El encuentro con lo cotidiano, explicó Rosconi, calma y ayuda a bajar las tensiones. "La escuela brinda seguridad. La maestra ejerce una autoridad especial frente a la familia y sigue siendo un referente clave en nuestra sociedad", dijo Hugo Sverdloff, secretario del Comité Nacional de Pediatría Social de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP):

"Tomar contacto con la escuela puede ser reconfortante para los chicos y para los padres como una conexión con el mundo que tenían antes. Puede servir como elemento tranquilizador, un ancla a lo conocido en medio de la tormenta. Además, es un medio de sustraerlos por un lapso de la realidad agobiante", aseguró el pediatra.

No cabe duda de que los planes de estudio van a estar atravesados por las vivencias de catástrofe, sobrevivencia y reconstrucción, consideró Lilian Armentano, directora de Psicología y Asistencia Escolar de la Dirección de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires.

Sumas que duelen

"Toda la currícula sirve. No hay que tomar los contenidos en abstracto. Se puede enseñar a sumar y restar en relación a lo que teníamos y tenemos, a lo que necesitamos y a lo que podemos dar. Los conocimientos van a tener que estar al servicio de la construcción".

Hablarles de otras situaciones de devastación como el terremoto de México o el de Caucete, en San Juan, y mostrar cómo se pudo salir adelante es otra buena alternativa, dijo Dussel. En las clases de matemática se puede, explicó Rosconi, calcular qué materiales se necesitan y cómo dividir los que se tienen.

El juego cumple un papel muy importante, tanto en el colegio como en este momento en que los chicos están en centros de evacuados: "Hay que darles un espacio para que puedan divertirse, canalizar sus miedos y angustias de esa forma y no poner en ellos expectativas desmedidas ya que no pueden existir los mismos niveles de exigencia que había antes de que el agua se lleve todas sus cosas", consideró Bogiaizian.

Los especialistas coincidieron en que hay que lograr que los alumnos se sientan parte de este esfuerzo por empezar de nuevo.

¿Cómo hacerlo? Pueden formar grupos para ayudar, organizar colectas, escribir cartas, analizar situaciones o calcular cuantas raciones se necesitan para el comedor de la escuela. Lo importante, dijeron, es buscar formas de estimularlos para que no se queden paralizados frente a la pérdida y el dolor.

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