Con un centro cultural, la Biblioteca del Congreso se moderniza

María Elena Polack
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16 de marzo de 2012  

Espacioso y luminoso, el flamante centro cultural de la Biblioteca del Congreso de la Nación impresiona por su diseño y por la combinación de lugares para el público -entre el subsuelo y el primer piso- y para el centro de nuevas tecnologías, donde se trabaja en la microfilmación y digitalización de documentos históricos.

En el predio que ocupó por años la Sala Pública de esa biblioteca, en Alsina 1835, de esta ciudad, se levanta un edificio único en su tipo en América latina, ya que fue construido y estandarizado por normas internacionales de usos y procedimientos.

Ayer fue inaugurado el auditorio con proyección de cine 3D para 130 personas, autorizado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), cuatro salas de usos múltiples en las que se dictan talleres gratuitos, y el centro de nuevas tecnologías.

Esta biblioteca hace 35 años que microfilma documentación y hace 11 que digitaliza. "La microfilmación nos permite ahorrar 97% de espacio", explica el director coordinador general de la biblioteca, Alejandro Santa, al recordar que cotidianamente reciben "cuatro metros en libros y diarios".

"El microfilm, que tiene valor legal, dura 500 años, según lo sostienen investigadores de las principales universidades del mundo", añade Marcelo Marone, jefe del departamento de calidad y duplicación de la Biblioteca.

Por ese motivo es que hace 10 años se decidió preservar los documentos históricos. "En el primer piso hemos desarrollado el laboratorio de digitalización y microfilmación, que es el más importante de América latina", sostiene Santa, respaldado por Alejandro Contato y Alejandro Monteil, responsables del sistema de certificación vigente del edificio y de sus procesos de trabajo bajo normas IRAM ISO 9001:2008.

La actividad cultural es importante para el público, al punto de que ya se cerró la inscripción para los talleres que se brindarán a 1500 personas y durante marzo se exhibirán películas de temática femenina.

Pero para quienes trabajan cotidianamente en la Biblioteca, la tarea de preservación de documentación es la más delicada y fascinante.

"Dentro de una carta de Facundo Quiroga dirigida a una mujer encontré una flor seca. Microfilmé la carta y volví a guardar la flor como la había encontrado", cuenta Pedro Savoy, que desde hace muchos años trabaja en esa dependencia.

Y el recuerdo vuelve a la última carta que tenía "el tigre de los llanos" en su sobretodo cuando fue asesinado. "Se microfilmó la carta con la mancha de sangre", añadió.

Con menos tiempo de trabajo, pero con igual fascinación, Carlos Llamas clasifica y revisa manualmente los documentos antes del proceso de microfilmación. "Me sorprenden mucho las firmas de los presidentes", cuenta al mostrar una página del expediente del ascenso del militar Pedro Retolaza, de 1866.

Por estos días, se trabaja en la digitalización del diario El Mundo y de El Mundo Deportivo, perteneciente a la British Library, que está integrado por 1000 cajas de archivos de fotografías.

Hace poco tiempo, se concluyó la tarea de microfilmar y digitalizar las 250.000 cartas personales de Justo José de Urquiza que fueron devueltas al Palacio San José.

Una de las grandes sorpresas, entre tantas anécdotas, es saber que la original Constitución Nacional fue escrita en un libro de contabilidad típico de la época.

La Constitución de 1853 está preservada y se guarda en una caja ignífuga y con gas argón para su mejor conservación. Cada año permanece tres días expuesta, ya que encabeza la ceremonia de apertura del año legislativo nacional.

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