Contar cuentos, un placer que nutre y crea lazos sociales

Un grupo de relatores voluntarios visita comedores y bibliotecas populares
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26 de mayo de 2003  

Contalo otra vez. Frase que ya integra el patrimonio de la acción social, en comedores y bibliotecas populares, en villas y escuelas, en geriátricos y hospitales.

"Las actividades artísticas en poblaciones marginales evitan el empobrecimiento subjetivo y otorgan posibilidades para transformar las condiciones de vida. La narración provoca un placer estético natural, al tiempo que actúa como nutrición simbólica. El cuento conduce a reconstruir la identidad y establecer un nuevo lazo social", explica Patricia Orr, narradora, en la que confluyen su formación psicoanalítica y el compromiso social.

En la última década, la narración oral fue ganando espacios, más allá del jardín de infantes, donde siempre fue protagonista. Hay espectáculos en teatros, bibliotecas y bares. Forma parte del menú escolar, incluso en el secundario. Y cada vez está más difundida, entre adultos y niños, sin la obligación del consabido dibujo o análisis literario exigidos por la antigua pedagogía, aseguran los expertos.

Pero contar cuentos no es tan fácil como parece. "Encierra una enorme complejidad, como los otros sistemas narrativos. La más sencilla de las anécdotas cotidianas tiene un andamiaje, oculto o manifiesto -precisa Ana María Bovo, directora de la Escuela del Relato-; detectar esa estructura y operar sobre sus elementos nos ayuda a reproducir su eficacia o corregir los errores, para enriquecer el próximo cuento."

Hacer lo que gusta

La palabra voluntariado aparece cada vez que se habla de acciones sociales y la narración no es una excepción. Esto trae aparejados el desaliento y, junto a él, la falta de continuidad en proyectos que deberían tener una planificación sistemática.

"Se cuida poco al voluntario. Nos invitan mucho, pero ni siquiera nos pagan los viáticos. Es muy difícil encontrar organismos o entidades que financien proyectos serios, con narradores profesionales", apunta Gabriela Halpern, que destaca el grupo formado en 2002 por la Dirección de Bibliotecas de la Ciudad de Buenos Aires.

A los 16 años, Marco D´Angelo ya tiene trayectoria narrativa. Integra el grupo neuquino Con otro sol, que todos los miércoles visita el Servicio de Pediatría del hospital Castro Rendón. "Ser cuentero es una de mis características como buen argentino", se ríe. Pero enseguida agrega: "Preparamos cada presentación en forma minuciosa, con bastante tiempo".

Aun con hambre

Quedan pocas personas que todavía preguntan para qué sirve contar cuentos. Pero muchos se preguntan si tiene sentido hacerlo ante gente careciente, con necesidades básicas insatisfechas. Es tanto o más importante, coinciden los cuentistas. Dejar de hacerlo sería quitarles la posibilidad de conocer mundos diferentes.

"El cuento no es un lujo. El pibe de la villa lo necesita como cualquier otro pibe. Es cierto que con el estómago vacío no puede concentrarse. Pero, en todo caso, nos toca buscar soluciones de fondo al hambre, sin quitarles ese derecho. Sólo hacen falta un narrador y una historia", resume Patricia Orr.

Lo mismo ocurre con los contenidos. No tiene sentido evitar temas. Bovo dice que los únicos cuentos "olvidables" son aquellos basados en la frivolidad, cuyos héroes son consumidores natos. Junto a los alumnos avanzados de la Escuela del Relato, la actriz y cuentista desarrolla un proyecto en la escuela Indira Gandhi, detrás del Aeroparque, con el propósito de rescatar las historias de los chicos.

Por supuesto, no faltarán las fábulas y leyendas, las historias fantásticas, los cuentos tradicionales ni los mitos. Todos podrán escuchar "Caperucita roja", "La Cenicienta" o "Pinocho", inmersos en ese mundo creado por quienes dicen: "Había una vez..."

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