Coronavirus. Después de la cuarentena, ¿cambiarán nuestros hábitos sociales?

Distancia social para evitar contacto, una de las claves para prevenir el contagio de coronavirus
Distancia social para evitar contacto, una de las claves para prevenir el contagio de coronavirus Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk
Lorena Oliva
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25 de marzo de 2020  • 17:25

La cuarentena obligatoria para frenar el avance del coronavirus en el país nos puso ante el desafío de hallar nuevas formas de trabajar, de realizar nuestras actividades y hasta ante la necesidad de implementar nuevos hábitos a la hora de relacionarnos tanto dentro como fuera de nuestras casas

Nuestros vecinos e, incluso nuestros seres más cercanos, se han convertido en una potencial amenaza de contagio del virus, que sólo se puede combatir con higiene y aislamiento. La desconfianza y el prejuicio están a flor de piel. El miedo al otro nunca fue tan palpable como en nuestros días. "Nosotros somos humildes y ahora tenemos que confinarnos por culpa de los que tienen plata y pueden viajar", se queja el referente de un comedor comunitario. "No tenemos que comprar más en los supermercados chinos", aconseja la vecina de la esquina. "No hay que salir a los balcones para hablar con los vecinos o para aplaudir, porque el virus se propaga en el aire", recomiendan en redes sociales.

El miedo al otro, una de las postales locales cotidianas en tiempos de cuarentena por coronavirus
El miedo al otro, una de las postales locales cotidianas en tiempos de cuarentena por coronavirus Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno

Inmersos en una situación tan atípica como inesperada, que ha trastocado todas nuestras rutinas, los argentinos debemos poner a prueba nuestra capacidad de adaptación en forma cotidiana. ¿En qué decantará todo este proceso, cuando la pandemia sea controlada y la cuarentena quede en el pasado? Nosotros, los de entonces ¿seremos los mismos de antes? ¿Qué aprendizajes nos llevaremos individualmente y cómo impactarán en nuestro tejido social?

A lo largo de nuestra historia, la humanidad ha atravesado diferentes tipos de colapsos. Sin embargo, el filósofo y ensayista, Santiago Kovadloff cree que la capacidad de aprendizaje que el género humano ha demostrado en esas circunstancias ha sido relativa. Los miles de casos diarios de violaciones a la cuarentena parecen confirmarlo.

"No podemos presumir que la actitud de aprendizaje vaya a ser muy distinta a la que fue tras las guerras mundiales o el Holocausto. La humanidad tiene una propensión trágica a repetir sus errores", se lamenta Kovadloff.

De todas maneras, si bien el otro se ha convertido en un organismo amenazante y el aislamiento, en la forma de prevenirlo, la distancia social también es una forma de solidaridad. "Lo que genera separación al mismo tiempo genera unidad. La evidencia es el reconocimiento que se pone de manifiesto todas las noches en los aplausos a los guardianes de nuestra salud, y es también el alivio de encontrarnos con nuestros semejantes", agrega.

Aplausos desde un balcón como señal de apoyo al personal sanitario que trabaja para combatir la pandemia de coronavirus
Aplausos desde un balcón como señal de apoyo al personal sanitario que trabaja para combatir la pandemia de coronavirus Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

La cautela y el cuidado extremo que hoy tenemos para vincularnos contrasta con nuestras costumbres históricas. ¿Cómo se verán afectadas? ¿Volveremos a compartir el mate en el trabajo? ¿A beber de la misma botella después del picadito de los viernes? ¿A saludar con beso a nuestros conocidos? ¿A abrazarnos o darnos la mano? ¿A viajar en subte, tren o colectivo como lo hemos hecho siempre?

Este tiempo de aislamiento, que pone a prueba los vínculos más cercanos, es también una oportunidad para revalorizar la importancia del trato humano. Eso cree Miguel Espeche, coordinador general del Programa de Salud Barrial del Hospital Pirovano. "Pasará posiblemente un tiempo hasta que nos demos un abrazo o un beso sin sentir cierta culpa o resquemor. Una vez que pase el coronavirus, sabiendo que los efectos sociales, económicos, políticos y hasta culturales serán a largo plazo, en lo inmediato, desde el punto de vista psicológico, nos va a costar quizás un poquitito sentir algo tan diáfano como antes a la hora de darnos un beso o un abrazo", considera.

Espeche recuerda una afirmación de Freud según la cual, las neurosis de guerra las sufrían más aquellos que no habían sido siquiera rozados por una bala. "Vamos a tener mucha gente bastante fóbica a los encuentros, mucha gente con estrés postraumático. Pero también va ha haber personas orgullosas de sí mismas por como atravesaron este tiempo", agrega.

En cualquier caso, según la neurociencia y la psicología, los cambios de hábito no son cosa sencilla porque requieren de una rutina sistemática. "Cuando desaparezca la necesidad de relacionarnos en forma virtual y de mantener cierta desconfianza presencial en la calle, lo más probable es que esos hábitos disminuyan. Tenemos una cultura del beso, del saludo con la mano y es difícil que eso se modifique porque es parte de nuestra cultura. Y podemos estar tranquilos de que nuestra cultura no va a desaparecer cuando la pandemia termine. Siempre que las condiciones sean las mismas, vamos a mantener nuestras costumbre", considera Martín Wainstein, profesor de Psicología Social de la Facultad de Psicología de la UBA.

Pasajeros espaciados en el subte porteño, otra de las medidas para prevenir el coronavirus
Pasajeros espaciados en el subte porteño, otra de las medidas para prevenir el coronavirus Fuente: LA NACION - Crédito: Tomás Cuesta

Por eso mismo, para la presidenta honoraria del Capítulo Salud Mental, Derechos Humanos y Emergencias Sociales de la Asociación de Psiquiatras Argentinos, Diana Kordon, es clave no perder de vista que este distanciamiento físico que estamos atravesando no implica de ninguna manera un aislamiento social. "Si logramos sentirnos cerca en esta emergencia, es posible que nos quede de ella la incorporación de ciertos hábitos protectores. Nuestro modo de manifestar afecto está inscripto en el orden de nuestra cultura, está incorporado a los aspectos colectivos de nuestra identidad, de nuestra subjetividad. Y sentimos fuertemente su carencia en las circunstancias actuales", sostiene.

"Hay diversas teorías, en algunos casos especulaciones, acerca de posibles cambios sustanciales en la estructura económico-social –reconoce Kordon-. Pero la realidad pone de relieve la persistencia de graves problemas que acucian al mundo y a nuestro país, particularmente las múltiples expresiones de desigualdad social. En sentido inverso, estamos viviendo un momento que nos permite apreciar la fuerza de la solidaridad. De cómo los pueblos podamos sacar experiencia del poder que nos otorga la práctica social compartida, devendrán las posibilidades de lograr cambios que reduzcan padecimientos y violencias sin sentido, y nos acerquen a lograr una sociedad más justa."

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