Coronavirus. Por qué es bueno el miedo y el mensaje esperanzador de una infectóloga: "Vamos a salir, ¡salimos de tantas!"

Eleonora Cunto, jefa de terapia intensiva del Hospital Muñiz
Eleonora Cunto, jefa de terapia intensiva del Hospital Muñiz
Ariel Ruya
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27 de marzo de 2020  • 11:37

"Hace poquito que entré al Hospital Muñiz : el 3 de octubre de 1983". Eleonora Cunto es la Jefa de terapia intensiva del gigante de la salud. No pierde el humor ni en tiempos de pandemias. Infectóloga y entusiasta, optimista de día y de noche, al mando de un grupo de médicos y trabajadores de la salud que caminan rápido, que corren, entre camas, respiradores y angustias. Es una especialista en el arte de combatir a los enemigos silenciosos. "Hay que tener miedo, pero nunca pánico", sostiene, en un puñado de minutos que destina a conversar con LA NACION .

Tiene 61 años, está casada con Jorge, un radiólogo, a quien conoció en el trabajo. "Me banca mucho, sobre todo, por el aislamiento. Se la banca solo, yo me tengo que ir a trabajar, me estimula. Esta es mi vida", reflexiona la médica, que tiene dos hijos (un varón y una mujer, que sigue sus pasos). "Son grandes. Por eso tengo la libertad de dedicarle tanto tiempo a esta pandemia", dice y saca a la luz el parte diario de este viernes: cinco confirmados y cuatro sospechosos. El coronavirus avanza, sin distracciones.

El recuerdo ayuda a comprender el presente. "Yo pasé la pandemia del HIV, había mucha discriminación en esa época. Las clínicas no aceptaban a los pacientes. Les daba miedo, tenían pánico, no entendían, no sabían. Tuvimos pacientes graves, con infecciones severas, no como ahora, que los portadores de esa enfermedad están controlados. Los rechazaban en todos lados y acá, en el Muñiz, les dimos confort, aprendimos a tratarlos. De todos, yo creo que es peor el Covid-19, por la forma en la que se diseminó, porque no entendemos hasta dónde puede llegar, es muy agudo . El cólera, la Gripe A, pasamos muchas cosas… Esa última fue en 2009. ¿Te acordás?", pregunta, con el manual de las infecciones en la cabeza. Y sobre todo, en el corazón. Su vida es ayudar, proteger. Curar. Es una cara visible entre tantos especialistas de la salud que lideran la ofensiva contra la enfermedad.

El Hospital Muñiz, un espacio de referencia en la lucha contra el coronavirus
El Hospital Muñiz, un espacio de referencia en la lucha contra el coronavirus Fuente: Archivo - Crédito: Silvana Colombo

"Habitualmente entro muy temprano, cuento cada uno de los pacientes, estoy en la terapia intensiva, los ingresos, los egresos, veo cuáles son las complicaciones. Ahora, con el Covid-19 se modificó la actividad de todos. La terapia intensiva está compuesta por cuatro salas. Dos de ellas, están destinadas a atacar al coronavirus. En una, ingresan los sospechosos y en la otra entran los confirmados. "La estamos llevando bastante bien, al menos, por ahora. Estamos preparados. El hospital Muñiz nació a fines del siglo XIX y desde los albores se dedica a las enfermedades de este tipo. Siempre hubo alguna enfermedad infecciosa o infectocontagiosa que dio vueltas por la humanidad", acepta.

En épocas "normales", supervisa todo lo relacionado con la gestión, los pacientes, el personal a su cargo, los insumos. Hoy tiene el equipo al hombro: se arremanga el delantal como si fuese un joven médico más. Lidera a los expertos y se nutre del dolor de los pacientes, entre el contacto directo con las carteras de Salud de Ciudad y Nación. Se compromete con los internados y a través de un vidrio les habla, los contiene, los aconseja. Les pregunta de qué van sus vidas, quiénes los extrañan en casa. Más allá de la angustia, les sugiere que vivan como si estuvieran en sus casas. Que disfruten de la comida, que conversen con los suyos a través de las videollamadas. Que no bajen los brazos.

Couto destaca el trabajo silencioso y eficiente de todos los integrantes de la cadena de trabajadores de la salud
Couto destaca el trabajo silencioso y eficiente de todos los integrantes de la cadena de trabajadores de la salud Fuente: Archivo

"Yo no tengo miedo. Si uno sabe cómo manejarse en estas situaciones, no tiene por qué tener temor", advierte, pero enseguida alerta. "Es entendible que la gente tenga pánico, pero hay que leer, instruirse", explica. Y descubre el otro lado de la luna: los que, desde adentro, no duermen por las noches. "Hay gente que tiene miedo. Y deberíamos tener miedo, porque el miedo moviliza, en cambio el pánico paraliza. El miedo hace que uno aprenda, su cuide y cuide al otro. Estoy tranquila porque tengo los insumos, porque aprendí a vestirme y desvestirme, cómo manejar al paciente… Más expuesta que yo están los médicos de guardia, los médicos de planta y los enfermeros. Hay todo un equipo que trabaja: la maestranza, los camilleros. Si vos me preguntas si hay gente que se niega y…, alguno que otro hay", dice.

Eleonora habla rápido, con convicción. No vacila. Repite verdades que son imprescindibles volver a escuchar, mientras se pone los guantes otra vez. "Los mayores son el verdadero grupo de riesgo, pero no hay cuidados especiales, es el mismo modo. Los que tienen problemas cardiovasculares, las enfermedades crónicas, los diabéticos... Tienen que quedarse en su casa. ¿Puedo darte cinco premisas importantes?". Pregunta. Y rápidamente, adivina la respuesta.

Cinco consejos para cuidarse

  • "La distancia social. Evitar reuniones, eventos, no salir de casa"
  • "La higiene de manos. Con el jabón de la ropa, del tocador, por 60 segundos, alcanza"
  • "Cuando uno tiene tos o estornuda, debe cubrirse con el pliegue del codo o con pañuelos descartables. Y después, tirarlos a la basura"
  • "Limpiar periódicamente las superficies con lavandina con agua. Una proporción de diez de lavandina y 90 de agua"
  • "La aireación de los ambientes. Sobre todo ahora, que no hace frío"

Esos aplausos que los empujan

El vacío no suele atraparla. Siente orgullo por el Muñiz. Y, solo por una vez, se enoja. "Los mejores somos la mayoría de los argentinos. Son los que responden, los que acatan, los que obedecen el decreto presidencial. A la minoría no le interesa nada, no siente empatía. Son menos. La ley debería ser rígida con estas personas, los que se toman esto como a risa, la ley debería caerles con todo el peso", sentencia.

Sus días son de pandemia exclusiva. Pero no para de reír: extraña el teatro, la cultura en general. Sus días, también, son de cuidados estrictos. Y de emoción. Esa que brota desde sus lágrimas –según ella misma confiesa–, cuando el reloj suena a las 21 reales. "El aplauso de todas las noches nos acompaña mucho, esto que estás haciendo vos, de preguntarme cómo estoy, es sentirse acompañado. Nos levantan a nosotros, a los trabajadores de la salud y les aumenta la autoestima a los que no son de la salud. Brindar un aplauso es brindar un homenaje, nos emociona. El que lo hace se siente partícipe de esta situación", valora.

"¿Te cuento una anécdota? Hoy, por ejemplo, me paró la policía, como corresponde, para controlar a dónde iba. Porque el aislamiento es obligatorio, me pidió el permiso para circular y me pidió la credencial de médica, me preguntaba cosas y quería saber cómo estaba. Éramos nosotros dos, al servicio de todos. El policía estaba interesado en mí, como persona. Nos quedamos un rato largo charlando, conociéndonos", cuenta, como una suerte de historia mínima de los que están del otro lado del mostrador. Los que no pueden quedarse en casa.

Y vuelve Couto sobre los fantasmas del miedo, antes de volver a terapia, cristal de por medio. "Hay que preocuparse. Pero primero, hay que ocuparnos. Yo sé que el encierro es un problema, pero hay medios tecnológicos para juntarse con la familia. Hay muchas formas de pasarla bien. Hay que tener miedo, un poquito, sí, para respetar esta enfermedad. Soy positiva, vamos a salir de esto. ¡Salimos de tantas cosas!", grita. Un grito de esperanza.

Por: Ariel Ruya
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