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Coronavirus

Coronavirus: "Mi odio a la Covid-19 es mucho mayor a mi miedo", dice un enfermero que es voluntario para la vacuna

José María Costa
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24 de junio de 2020  • 14:33

Joan Pons es catalán, tiene 45 años, tres hijos de 18, 13 y 9, y una esposa de nacionalidad inglesa a quien conoció cuando decidió, hace dos décadas, dejar su país para ir al Reino Unido a cumplir su sueño de ser enfermero.

La pandemia del coronavirus, que ya dejó más de 43.000 muertos y 307.000 infectados en el Reino Unido puso a Joan en la "primera línea de fuego" de esta batalla global que se desató hace seis meses.

Fue su trabajo en el Sheffield Teaching Hospital como senior Charge Nurse lo que lo llevó a ser uno de los 10.000 voluntarios seleccionados por la Universidad de Oxford para participar de la "Fase 3" de la vacuna que podría frenar al virus SARS-CoV-2.

Miedo, dolor, angustia, esperanza, fe, pasión por la humanidad y el anhelo de que el 2021 sea "El año mundial de los abrazos", fueron los motores para que este hombre decidiera arriesgarse.

En diálogo con LA NACION, el enfermero de terapia intensiva, que recibió la vacuna hace 20 días, contó sus sensaciones y lanzó una frase que lo resume: "Mi odio a la Covid-19 es mucho mayor a mi miedo".

- ¿Cómo te sentís hoy?

- Me siento muy bien. Sobre todo porque pude poner mi grano de arena para esta batalla contra la Covid-19. Después de haberme puesto la vacuna, no tuve ningún efecto secundario, eso quiere decir que es efectiva y segura. Algo que para mí es muy importante porque la seguridad está por delante. No hay que arriesgar vidas en esta carrera en la que todos quieren estar adelante. Todos estamos deseando tener la cura, pero hay que asegurarse de que sea segura.

- ¿Cómo funciona la vacuna?

- Es una vacuna para generar anticuerpos y prevenir que me contagie la enfermedad. Como enfermero, siempre digo que es mejor prevenir que curar. Al curar, quiere decir que ya tienes la enfermedad y, a veces, no todo el mundo se puede curar. Por eso, la prevención y la vacuna tienen que ser la prioridad número uno.

Creo que ya estamos llegando al final de esta maratón que todo el mundo está corriendo. Estamos en los últimos kilómetros que, también, son los más duros. Pero la meta y el final del túnel ya se ven. La vacuna llegará y la de Oxford tiene muy buena pinta. Sino, será la de Japón, Rusia o China. Alguna de ellas dará buen resultado y para fin de año ya tendremos la vacuna para dejar atrás el 2020 y arrancar el 2021 con esperanza, alegría y mirando el futuro.

Yo amo a la humanidad, quiero que la gente pueda salir a la calle y abrazarse.
Joan Pons

La universidad de Oxford estudió cuál era la composición que tenía el virus y se dio cuenta de que era un virus respiratorio muy similar al del resfriado común de los chimpancés. Lo que hicieron fue tomar el virus del resfrío de los chimpancés y le añadieron unas proteínas de la Covid-19. Eso es lo que tiene la vacuna.

Después de aplicármela, lo que se espera es que mi sistema inmunológico produzca anticuerpos contra esta proteína de la Covid-19. Entonces, si en el futuro, el virus real me intenta atacar, mi sistema inmunológico podrá defenderse desde el primer momento. Eso es crucial porque si lo puede matar al virus antes de que se multiplique, yo no tendré ningún problema.

El problema actual es que, si uno contrae el virus sin tener una vacuna, el cuerpo tarda unos 14 o 15 días en hacer todo este proceso de generar los anticuerpos. En ese tiempo, en esas dos semanas, el virus se multiplicó y ya invadió muchas partes del cuerpo. Por eso, gente que no está sana o tiene enfermedades crónicas, son las que están sufriendo porque el cuerpo no puede responder al ataque del virus.

Joan tiene 45 años y hace 20 años llegó al Reino Unido para cumplir su sueño de ser enfermero
Joan tiene 45 años y hace 20 años llegó al Reino Unido para cumplir su sueño de ser enfermero

- ¿En cuánto tiempo se generan los anticuerpos de este vacuna de Oxford?

- Eso está en fase de estudio. Pero se estima que, como en todos los virus respiratorios, el cuerpo tarda dos semanas en producir los anticuerpos.

- ¿Qué es lo que tenés que hacer desde que sos voluntario?

- Tengo que tomarme la temperatura un par de veces al día. Además, tengo que llenar una planilla on line donde cuento cómo se siento y respondo una serie de preguntas para ver si tengo algún síntoma. También me tengo que hacer un hisopado de nariz y garganta una vez por semana y enviarlos a Oxford.

Luego, una vez al mes, que me tocará la semana que viene por primera vez, tengo que ir a mi hospital para que me hagan un chequeo médico total y un análisis de sangre. Ese día, supongo, me mirarán a ver si ya tengo los anticuerpos creados o no.

Además, están estudiando para ver si esos anticuerpos van a durar para toda la vida o si me tendré que poner una vacuna todos los años como sucede con la vacuna de la gripe.

Hoy en día tenemos estudios que muestran que personas que han tenido el virus y producido anticuerpos, estos no le duraron mucho tiempo. Por eso, quieren saber si con la vacuna los anticuerpos duran mucho más y cuál es longevidad de la vacuna.

La confianza de que funciona es tal que ayer sacaron un comunicado público diciendo que para octubre se podría tener la vacuna en Europa, en noviembre en el resto del mundo. Eso quiere decir, que para Navidad podría estar en el resto de las casas. Ese sería el mejor regalo de Papá Noel. El mejor regalo para la humanidad.

- ¿Te pidieron disminuir tus cuidados frente al virus?

- No. Normalmente, la "Fase 3", que es donde está la vacuna de Oxford, se demora entre dos o tres años porque es muy difícil que los voluntarios estén expuestos al virus. Por eso pidieron personas como yo, que trabajen en las Unidades de Terapia Intensiva (UTI). Con eso acortan el tiempo porque las probabilidades de que uno de nosotros esté en contacto con el virus es mucho mayor que la población general. Pero tampoco me pidieron que me saque los elementos de protección.

Me pidieron que siga haciendo una vida normal. Porque aún no se sabe cuál es la efectividad que tiene la vacuna. Porque no es lo mismo para todas las personas. Hay que tener en cuenta la edad, el estado de salud previo. Hay muchas preguntas en el aire, por eso me dijeron que no me relaje y continúe con todas las medidas de protección.

Si en alguno de los test que me hago todas las semanas doy positivo, me tendría que aislar e ir al hospital donde trabajo para que me hagan un seguimiento mayor y ver si los anticuerpos generados por la vacuna funcionan, pueden atacar y matar al virus antes de que invada mi cuerpo.

A mí me cambió la mentalidad, el día que llegué a mi guardia y me dieron un paciente que tenía exactamente mi misma edad
Joan Pons

- ¿ Por qué decidiste ser voluntario?

- Mi odio a la Covid-19 es mucho mayor a mi miedo por lo que me puede pasar al ser voluntario de la vacuna. Yo como enfermero he vivido el horror de la pandemia. Cuando fue el pico acá en el Reino Unido, en abril, la vida de mis pacientes se me escapaba de las manos. No solo eso. También la soledad que tenían los pacientes. Yo me he convertido en padre, hijo o esposo porque ellos no podían tener a sus seres queridos alrededor. Psicológicamente fue muy duro para mí y mis compañeros.

Era como una lotería donde el virus nos podía afectar a cualquiera de nosotros. Como me pasó con algunos compañeros, que estábamos juntos una semana y a la siguiente desaparecían. Cuando le preguntaba a mi jefa me decía que habían dado positivo y que estaban aislados. Hemos tenidos suerte de que ninguno de mis compañeros murió. Igual, siempre tenés en tu cabeza que eso te puede pasar a vos.

Estoy hartísimo de este virus. Como padre, esposo e hijo. El virus les está robando la juventud a mis hijos y la vejez a mis padres. Hace seis meses que no los veo. Fueron sus bodas de oro y no pude abrazarlos y felicitarlos. Tienen 75 años y no quiero que el resto de sus vidas lo pasen con la ansiedad de si les va a tocar a ellos o no.

La decisión de ser voluntario recién se la comentó a su familia el día previo a que le colocaran la vacuna
La decisión de ser voluntario recién se la comentó a su familia el día previo a que le colocaran la vacuna

Por eso, cuando leí que el virus vendría cada año, que habría segunda y tercera ola, dije que eso no podía pasar. Tiene que haber una vacuna. Y cuando yo tuve la posibilidad de poner mi granito de arena en esta lucha, no lo dudé.

- ¿Cuál fue el paciente que más te conmovió?

- A mí me cambió la mentalidad, el día que llegué a mi guardia y me dieron un paciente que tenía exactamente mi misma edad. Era dos semanas más grande nada más. No tenía ninguna condición médica de base o enfermedad crónica. Estaba sano y no le pude salvar la vida. En ese momento vi que el coronavirus no discriminaba ni por edad, ni por sexo, ni por dinero. A cualquiera le podía tocar.

- ¿Cómo está hoy tu unidad de terapia intensiva tras el paso del pico?

- Fue como una guerra, una batalla campal. Se llenó muchísimo en muy poco tiempo. Lo que vi es que los pacientes Covid-19 tardan muchísimo en recuperarse. Un paciente normal viene a la UTI por una semana y se va. Nosotros tenemos pacientes que llevan 80 días en nuestra unidad. Eso hizo que uno se involucrara más con cada uno de los pacientes.

La semana pasada estaba muy contento porque nos había quedado un solo paciente y me tomé una semana de vacaciones después de tres meses. Sin embargo, mi corazón se rompió el jueves cuando mi jefa me llamó y me dijo que tenía que volver porque nos estábamos llenando de nuevo de pacientes. Llegué a mi unidad y teníamos cinco pacientes. Al día siguiente seis y el domingo ocho.

La gente se confió en que la mortalidad estaba bajando muchísimo porque leyeron que estaban bajando las muertes. Se relajó y abandonó los cuidados. Por eso dije que estamos en la recta final, pero no hemos llegado todavía. Son los momentos más duros porque la gente está harta. Pero tenemos que aguantar unos pocos meses más.

Joan cuenta que aceptó participar del estudio de Oxford porque el valor de la vacuna en el mercado sería de 5 dólares y no estaría llenando los bolsillos de las droguerías
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