Crece la pelea entre radicales e ibarristas en el gobierno local

Ibarra recibe presiones para despedirlos
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8 de mayo de 2003  

Nunca fue buena la relación entre los dirigentes del ex Frepaso y los del radicalismo en el gobierno porteño. Más concretamente: salvo casos puntuales, resultó compleja y desgastante la onda que mantuvieron. Sin embargo, no hubo en los últimos tres años un momento tan difícil como el que viven por estos tiempos. Nunca antes la sociedad que radicales y frepasistas denominaron Alianza se vio tan amenazada en la Ciudad.

Indignados por la beligerancia dialéctica del candidato a jefe de gobierno por la UCR, Cristian Caram, los funcionarios más cercanos a Aníbal Ibarra le reclaman al máximo dirigente local que les pida la renuncia a los radicales del Ejecutivo.

Los mismos radicales, encabezados por los secretarios de Hacienda, Miguel Pesce, y de Desarrollo Social, Gabriela González Gass, le ruegan a Caram que baje el tono de sus críticas. Pero Caram se ríe e insiste.

Las presiones de ambos lados llevaron a Ibarra a despedir a cuatro funcionarios radicales durante los últimos días. En el gobierno adujeron "problemas de gestión", pero pocos creyeron tal argumento.

Desde su posición de vicepresidente de la Legislatura, Caram respondió con el despido de dos ibarristas.

Estos hechos agravaron la bronca que existía en el gobierno luego de que Caram, que el martes próximo podría ser elegido presidente del Comité Capital de la UCR, publicó una solicitada en la que criticó duramente a casi toda la gestión de Ibarra.

Pesce y González Gass le pidieron que bajara el tono, pero Caram se negó. Inmediatamente, se sucedieron los despidos de ambos lados y la situación se tensó casi al máximo.

Los secretarios de Hacienda y Desarrollo Social firmaron ayer un comunicado junto con otros funcionarios radicales en el que ratificaron su apoyo a la "gestión" de Ibarra.

Ellos no quieren marcharse. "Pesce hizo una gestión fantástica en Hacienda. No puede irse por problemas que son políticos y no de su administración", justifican alrededor del economista. Cerca de González Gass piensan igual.

La diferencia entre ellos y Silvana Giudici, la radical que conduce Control, es que ésta apoya la "candidatura" de Ibarra. Los otros, en cambio, reconocen su pertenencia a la UCR.

Ibarra, mientras, hace equilibrio. No quiere ser el culpable de la ruptura porque, más allá de la estima que pueda tenerles a algunos, piensa que si llega a la segunda vuelta electoral necesitará a la UCR de su lado. Y los radicales no quieren dimitir porque temen que el estigma de las renuncias radicales los persiga de por vida.

La situación es compleja. Mientras crecen las presiones alrededor de Ibarra, los radicales sienten la tensión y evalúan sus próximos pasos. Los últimos vestigios de la Alianza local entre radicales y frepasistas corre peligro.

Tensión en la ciudad

  • Aníbal Ibarra

    El jefe de gobierno recibe presiones de sus allegados para que les pida la renuncia a los funcionarios radicales.
  • En los últimos días despidió a cuatro dirigentes de la UCR, con el argumento de "problemas de gestión".

    No quiere tensar más la situación porque necesitaría al radicalismo en las elecciones.

  • Miguel Angel Pesce

    El secretario de Hacienda integró la lista de convencionales radicales que promovió la candidatura de Cristian Caram, uno de los máximos críticos de la gestión ibarrista.
  • El no quiere irse e Ibarra no quiere que se vaya, pero dependen de las presiones de ambos lados; Ibarra le sugirió que lo quiere en el mismo cargo si gana las elecciones.

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