Cromagnon: los bomberos se vieron superados por la crisis

Un subcomisario reconoció que tuvo que pedir ayuda a la gente que estaba en la calle
Ángeles Castro
(0)
7 de julio de 2005  

El oficial Omar Pizzella, que era el subcomisario de guardia de la Superintendencia Federal de Bomberos la noche del incendio en Cromagnon, reveló ayer ante la comisión investigadora de la tragedia en la Legislatura porteña que él pidió a los allegados de las víctimas -que permanecían apostados en las afueras del local desde antes y durante las tareas de socorro- que colaboraran en el traslado de los rescatados desde la puerta de la disco hasta las ambulancias o hasta algún puesto médico.

Así, su testimonio dejó entrever cierta falta de coordinación existente entre los distintos organismos que actuaron en el operativo desplegado en el boliche de Once.

Hasta ayer, la participación de familiares, amigos y voluntarios en lo que terminó siendo un inexperto transporte de los heridos había sido explicado como el producto de la desesperación de ese grupo de personas que echaban mano a cualquier intento por salvar a sus seres queridos, ante la ausencia de uniformados y médicos.

Sin embargo, ayer Pizzella aportó un dato esencial. Primero aclaró que había llegado a la disco pasadas las 23, en una unidad móvil de operaciones, advertido por la alarma enviada aproximadamente a las 22.54 por la primera dotación de bomberos que arribó al local bailable.

"La calle estaba cubierta de gente que no había podido ingresar en la disco y que, en su mayoría, tenía algún familiar adentro. Al empezar el incendio, entraron en desesperación porque sabían la cantidad de público que había en el interior. Tuvimos que abrirnos paso entre ellos y nos golpeaban la unidad", expresó el subcomisario.

Su relato enseguida cobró dramatismo. Pizzella detalló que logró acceder por el portón que conduce a un estacionamiento, al que da la doble puerta que esa noche quedó cerrada con candado y convirtió a Cromagnon en una trampa mortal.

"Una hoja de la puerta ya había sido abierta. Yo me encargué de abrir la otra. Encontré un colchón de personas apiladas de un metro de altura y hasta donde daba la vista. Otras víctimas pasaban por encima de esta pila, en su desesperación por abandonar el lugar. Evidentemente, los que yacían habían querido escapar y habían hallado la salida bloqueada", sostuvo.

Recordó Pizzella que, en ese momento, un chico lo tomaba por uno de sus brazos para pedirle por su novia, que estaba "arriba, en el primer piso", y otro le rogaba por su hermano "que estaba adentro". El uniformado entendió que, así, no podía trabajar. "La mejor manera que encontré de evacuar a los civiles que estaban en la calle fue hacerlos colaborar en el traslado de las víctimas que sacábamos hasta la puerta, el lugar seguro más cercano. Les decíamos que salieran y no regresaran", describió.

Ante la insistencia de la diputada María Eugenia Estenssoro (Plural) -a cargo de la audiencia junto con Fernanda Ferrero (Juntos por Buenos Aires)- sobre que esta actitud violaba la normativa porque había permitido el ingreso a la disco de familiares y el reingreso de sobrevivientes, que finalmente habían muerto, Pizzella aclaró que no le constaba ya que la oscuridad era total y no hubiera podido identificar dos veces a la misma persona.

Consultado sobre la falta del vallado que hubiera alejado a los civiles, el subcomisario indicó que era responsabilidad de la policía hacerlo, que él había solicitado un cordón policial a sus superiores, pero que consideraba que había resultado más útil emplear los esfuerzos en rescatar a las víctimas. "El tiempo usado en tender un vallado era tiempo perdido para salvar las vidas expuestas a gases tóxicos en alta concentración. En una hora y diez minutos, rescatamos a todos. Creí conveniente liberar la calle pidiendo a la gente que trasladara a las víctimas", dijo, y explicó que tampoco había en la puerta ni camilleros, ni enfermeros, ni médicos para hacer esa tarea.

Luego declaró el comisario Claudio Bonahora, jefe del cuartel Jorge Newbery, que acudió a Cromagnon cerca de las 23.45. El jefe policial no aceptó ninguna de las observaciones de Estenssoro, que había quedado sola (Ferrero debió atender una emergencia familiar); le aconsejó romper el manual sobre el que basaba sus opiniones y concluyó gritando que durante el juicio oral se vería quién tenía razón. Cuando abandonaba la Legislatura, enterado de que la comisión no podía sesionar con un solo miembro, advirtió que haría un informe.

Anoche, Ferrero dijo a LA NACION que podía anularse el testimonio y citar otra vez a Bonahora.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Sociedad

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.