Cuando la sensación de inseguridad supera los índices

Por Rodolfo Espinosa Especial para LA NACION
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27 de mayo de 2003  

La sensación de inseguridad de la población ha ido en aumento, más allá de lo que registran las estadísticas policiales.

Pero, ¿acaso se denuncia siempre lo que se padece en la calle? Para muchos, la denuncia es un engorroso trámite burocrático que no trae ningún beneficio.

El miedo es una señal que nos alerta sobre la posibilidad de un peligro. ¿Quién no tiene la experiencia concreta o no sabe de alguien que haya sufrido algún acto delictivo?

La vulnerabilidad

Lo que sufrimos, lo que sabemos que otros muy cerca de nosotros han sufrido, lo que nos muestran los medios de comunicación que sufren otros que no conocemos, la falta de Justicia y la falta de confianza, entonces, en las instituciones que mal o bien esta sociedad presenta como sus referencias de legitimidad, ¿no son razones suficientes como para que la sensación de vulnerabilidad de la población sea tan elevada?

Basta caminar unos pocos minutos por la ciudad para comprobar que hasta los espacios públicos más tradicionales se encuentran atestados de viviendas precarias, usurpados por necesidad.

Nos enfrentamos a cada rato con el exilio de muchos compatriotas de los que alguna vez habrán sido sus espacios naturales. Exilios que pueden ser muy difíciles para quienes lo padecen sin haberlo buscado.

Los medios, un lugar central

Nuestra representación de nosotros mismos se nutre de nuestras propias experiencias y de los espejos en los que cada cultura privilegia reflejarlas.

En nuestra cultura, los medios en general y en particular la televisión ocupan un lugar central.

En ellos, vemos a cada rato secuestros en los que muchas veces se piensa en la posibilidad de la participación de las fuerzas policiales, y en los que siempre se duda de si esos delitos alguna vez serán castigados: no siempre los culpables están tras las rejas, y es normal que la gente sienta cierto grado de vulnerabilidad.

A todo esto, se agregan catástrofes naturales, como la ocurrida en la provincia de Santa Fe, sobre la que recae la sospecha de que lo que allí sucedió podría obedecer no sólo a la lluvia, sino también a que las autoridades no habrían realizado los trabajos necesarios para evitar o prevenir semejante desastre.

Padecimientos

Si las instituciones no registran muchos de nuestros padecimientos, si nosotros mismos no confiamos en ellas como para tomarnos el trabajo de efectuar nuestras denuncias, si la realidad que percibimos en lo más inmediato de las calles nos confirma el desamparo, si los medios de comunicación a los que dirigimos nuestra mirada nos hablan de la falta de previsión de los que deberían estar ocupados en que la realidad nos resulte algo más previsible, ¿resulta tan extraño que la sensación de inseguridad vaya en aumento?

De allí que la gente sienta que las instituciones no registran muchos de nuestros padecimientos.

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