Cuando tartamudear es todavía un motivo de burla y exclusión

El 55% de los docentes de las escuelas porteñas dice haber sido testigo de una situación de bullying; el trastorno afecta a casi un millón de argentinos
Fabiola Czubaj
(0)
10 de noviembre de 2015  

En un mundo donde la comunicación es cada vez más breve y veloz, convivir con la tartamudez no parece ser fácil. Menos aún si esta disfluencia -que según la Asociación Argentina de Tartamudez (AAT) afecta a casi un millón de argentinos- aún provoca burlas.

En las escuelas públicas y privadas porteñas, el 55% de los docentes presenció alguna situación de bromas, burlas o bullying contra chicos disfluentes. "En general, veían que esas conductas eran más comunes en los pasillos o los recreos que en el aula", cuenta Mara Luque, fonoaudióloga especializada en el tratamiento de la tartamudez y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Los datos surgieron de un cuestionario previo a las charlas de capacitación en las escuelas. Antes de entrar, el desconocimiento de este trastorno del habla era casi total, de acuerdo con los resultados que presentó Luque en el 9° Congreso Mundial de Tartamudez, que se hizo en nuestro país.

El sufrimiento, el límite

"Me sigue sorprendiendo que haya ciertas diferencias que continúan siendo motivo de risa. Parecería que la tartamudez se toma como un inconveniente que la persona podría resolver y no lo hace. Esto sólo refuerza, quizás inconscientemente, la burla", dijo la psicopedagoga María Zysman, directora de Libres de Bullying, que suele trabajar con la AAT en actividades de prevención.

"Se considera que está permitido reírse de una persona con tartamudez. Es una dificultad que no se toma con piedad socialmente", agregó.

Zysman comentó que "muchas veces" el pedido de socorro a Libres de Bullying tiene que ver con la tartamudez. "Si el docente interviene rápido ante las risas, comentarios o burlas, para trabajar en el aula de qué se trata la disfluencia, las primeras reacciones no desembocarán en el bullying. Pero no intervenir puede llevar al acoso -explicó la especialista-. Hay quienes piensan que se puede hacer humor con todo, y el límite, siempre, es el sufrimiento del otro."

En los consultorios, es común que los adultos con tartamudez recuerden que en la niñez es cuando peor la pasaron. En el secundario ya aprendieron qué palabras tienen que evitar o a qué otras estrategias recurrir para disimular la disfluencia. "En general, la etapa de la escuela primaria es cuando más se sufren los comentarios hirientes. Alrededor de quinto grado o a los 10 años es cuando más crece el problema. En el secundario, eso no parece ser tan común como podría pensarse", señaló Luque.

Existe una versión intensiva del tratamiento para los adultos con un enfoque multidisciplinario que incluye estrategias para mejorar la calidad de vida.

Luque comentó que del 18 al 21 de este mes el Hospital Universitario Cemic coordinará un programa intensivo de tratamiento para mayores de 18 años con tartamudez, con acceso gratuito, sobre todo para las personas sin recursos que no pueden acceder al tratamiento. La única condición es enviar un correo electrónico a fonoaudiologia@cemic.edu.ar o llamar al (011) 5299-0100 interno 2989 para solicitar una evaluación previa.

ADEMÁS

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.