Cambio de costumbres: dejaron de cazar para ser guardaparques

En los esteros del Iberá, en Corrientes, muchos lugareños abandonaron una práctica ancestral que ponía en peligro a las especies y pasaron a protegerlos; sus historias en lanacion.com. Por Mauricio Giambartolomei
Mauricio Giambartolomei
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8 de julio de 2011  • 15:10

Eran lugareños que se movían en pequeñas balsas con las que se internaban en las lagunas y pantanos durante semanas enteras; baqueanos de los pueblos cercanos que practicaban la caza deportiva, comercial y de subsistencia en los esteros del Iberá, en Corrientes. Una costumbre sin control que redujo la población de yacarés, ciervos de los pantanos, venados de las pampas y carpinchos.

Se los conocía como los cazadores furtivos del Iberá, o mariscadores -un desprendimiento del término mariscas, como se conoce a los humedales-, que realizaron durante años ésta práctica ancestral hasta que en 1983 se creó el Parque Provincial. Una tradición que fue eliminada casi por completo a través de un plan que los integró y los convirtió en guardaparques para ser parte del proyecto de conservación y protección ambiental.

El cambio, cuentan en Colonia Carlos Pellegrini -el pueblo de unos 800 habitantes por donde se accede a los Esteros del Iberá- fue vital para que, décadas después, sea notable el aumento poblacional de cientos de especies amenazadas.

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La transformación ambiental. Domingo Cabrera luce orgulloso la medalla que le colocaron en su homenaje: lo declararon guardaparque de honor. Lleva el sombrero que le obsequiaron por sus años al servicio del parque y posa, algo parco, pero orgulloso, para las fotos de protocolo. Creció cerca de los pantanos, conoce los animales de la zona como pocos, pero durante muchos años estuvo del otro lado. "Mi papá salía con una escopeta, yo lo acompañaba desde lo 12 años. Andábamos en unas canoitas muy chicas", recuerda.

Se para con las manos apoyadas en el cinturón y la mirada fija. Usa pocas palabras al hablar en tierra, pero cuando se sube a la lancha para recorrer las lagunas se suelta un poco más. Arriba del bote cuenta que vio animales de todo tipo salvo yaguaretés. Domingo recuerda que lo que más cazaba eran carpinchos, por su carne y el cuero, y yacarés, por su piel. "Hay distintas formas de atraparlos, de noche o de día, en la parte de los bañados. Antes hacíamos de todo para agarrarlos".

Los datos que aporta sobre la laguna demuestran el conocimiento que tiene de toda la región. "Fui uno de los primeros baqueanos en ser guardaparques. Ahora cuidamos los animales, pero antes no teníamos pena, si estaban a dos metros ¡pum! ", dice y con la mano hace el gesto de un arma. Pero deja clara su lugar actual: "Acá cuidamos siempre el espejo de agua, con la gente".

Domingo Cabrera
Domingo Cabrera Crédito: Gentileza Parques Nacionales

Cerca del turismo. No todos los cazadores se convirtieron en guardafaunas. Algunos aprovecharon la explosión de la zona como destino turístico y para realizar actividades ligadas al rubro. Es el caso de Cristian Mendieta que vive en el camping de Pellegrini y desde hace nueve años es timonel y guía en una lancha que recorre los esteros. También está a cargo de las excursiones terrestres.

"Requiere de mucha paciencia. La mayoría de los que trabajamos aquí tenemos los mismos gustos porque nacimos y convivimos con la naturaleza. Tengo contacto seguido con gente que viene a conocer el camping y siempre escucho que sienten un poco de envidia", reconoce sentado en su bote.

Su casa está ubicada a pocos metros de la laguna. Siente los animales cerca y, mientras cuenta su historia, observa un yacaré ubicado al costado del muelle por donde ingresan las lanchas. "Para mi es algo normal ver a los carpinchos o los yacarés. Los animales forman parte de nuestra vida cultural", afirma.

La sensación que transmite cuando habla es de tranquilidad, de serenidad que da el ambiente. Detrás suyo se ve la laguna; hacia los costados, vegetación espesa y algunas aves revoloteando por las ramas de los árboles. En unos minutos comenzará a ponerse el sol y regalará una postal anaranjada, única, a la que están acostumbrados los habitantes de Pellegrini. "La ventaja que tenemos es la vida sana. Hay un movimiento tranquilo, todo a su tiempo. Desventajas no encuentro; hay una pequeña diferencia con el mundo en general: la globalización no se siente tanto", comenta como al pasar.

La casa furtiva ha desaparecido en los esteros. Se ve una proliferación de especies que antes estaban amenazadas y una actividad turística en expansión. La transformación fue posible.

Corrientes tiene payé. Dicen sus habitantes que Corrientes es una República aparte por sus costumbres, el chamamé, las comidas típicas, el gauraní, las fiestas populares y otras tradiciones. En la localidad de Mburucuyá, a pocos kilómetros de la capital provincial, se combinan todos esos aspectos en la festividad de San Antonio de Padua, el patrono del pueblo. Durante varios días se reúne toda la comunidad para rendirle homenaje al santo, bailar, festejar y reunirse en lo que ellos llaman "la función".



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