De la mano de Anna Wintour, la moda ya es un show de masas

Furor en EE.UU. por el baile de inauguración de una muestra anual del Met neoyorquino
Eugenia de la Torriente
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20 de mayo de 2012  

NUEVA YORK.- El baile que celebra la inauguración de la exposición de moda de primavera del Museo Metropolitano (Met) de Nueva York, realizado días atrás, ya ha adquirido una escala global. Le interese o no, aspira a colarse cada año en el living de los televidentes como antes lo hicieron la ceremonia de los Oscar o el Super Bowl. Para el mundo de la moda, la expectativa que suscita esta fiesta ya no se parece a nada. Las comparaciones con otros eventos (Premios Grammy o MTV...) se han quedado pequeñas. La gala del Met es el momento del año favorito de la industria. Varios factores se alían para ello: 1, se fomenta la recuperación nostálgica del baile y, por lo tanto, es una ocasión para lucir vestidos espectaculares; 2, se trata de una plataforma idónea para promocionar marcas de moda y accesorios; y 3, la organiza Anna Wintour.

Esta británica de 62 años, directora de la edición estadounidense de Vogue desde 1988, ha tomado el baile como una cuestión personal. Trazó un plan estratégico para convertirlo en un motor de la moda como un espectáculo de masas y en una vidriera de su cabecera. En 1995, cuando se estrenó como anfitriona de la gala -la principal fuente de financiación de la división de indumentaria del Met-, su recaudación rondaba los 900.000 dólares anuales. Este año se obtuvieron 11,5 millones. Antes de que llegara Wintour, era una fiesta de la alta sociedad con una repercusión limitada fuera de Park Avenue. Pero, al igual que hizo con la revista, Wintour quiso que tuviera un alcance global y trascendiera las acotadas fronteras del sector.

"Cuando empecé a ocuparme de la fiesta, traté de incorporar al mundo de la política, la literatura y la música para que no fuera un asunto puramente de moda. Es como producir un espectáculo", explicó en 2011 a The Wall Street Journal en un artículo significativamente titulado "Marca Anna". Según ese diario, sólo la gala Robin Hood Foundation recauda en la actualidad más dinero que la del Met en el circuito social de Nueva York. En la última década, el baile reportó al museo unos 16 millones de dólares. "Anna hace magia con esta noche", afirmó Thomas P. Campell, director del museo. "Es una mujer remarcable -señaló el cineasta Baz Luhrmann-. Ha convertido Vogue en un concepto que trasciende con mucho al de una publicación, y lo mismo ha hecho con esta fiesta. La moda tiene hoy el poder que solía tener la música".

La primera entrevista que Wintour mantuvo en Vogue se remonta a 1982. La entonces directora, Grace Mirabella, le preguntó qué trabajo le gustaría desempeñar en la revista. Cuenta la leyenda que ella no dudó: "El suyo". Seis años después, Mirabella estaba fuera y Wintour ocupaba su lugar. Esta clase de anécdotas alimentan un mito capaz de sostener dos películas. En la primera, El diablo se viste a la moda (2006), Meryl Streep encarnaba a la tiránica directora de una revista de moda según la adaptación de la novela escrita por una antigua ayudante de Vogue. Tres años después se estrenó el documental The september issue ( La edición de septiembre ), que seguía a la directora y su equipo durante la elaboración del mayor número en la historia de Vogue .

El mayor acierto de la inauguración de la exposición de este año ha sido emitir la llegada de los famosos por Internet y el acontecimiento tomó por asalto las redes sociales. Un paso definitivo para convertirlo en una cita del entretenimiento masivo. "El éxito y las amplias reverberaciones de la fiesta confirman el potencial de la moda para convertirse en un género de masas", sostuvo la página web Business of Fashion .

Un dato relevante para esta tesis es que la exposición del año pasado, dedicada al fallecido Alexander McQueen, fue visitada por 661.509 personas. Se convirtió en la octava más vista en la historia del museo y ha sido uno de los pilares -junto al vestido de novia de Kate Middleton- de la expansión del negocio de McQueen. Tal es el poder que se esconde bajo esta hoguera de vanidades.

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