“Debemos procurar que nuestros mosquitos estén sanos”

Hernán Solari, especialista en modelos epidemiológicos
Hernán Solari, especialista en modelos epidemiológicos
Hernán Solari, especialista en modelos matemáticos de epidemias, destaca que los pacientes deben aislarse del mosquito en cuanto se detectan los primeros síntomas de infección
Nora Bär
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1 de febrero de 2016  • 22:02

Frecuentemente, ante la rápida y hasta "explosiva" diseminación (según destacó la OMS la semana última) de los casos de dengue, chikungunya y zika que se verifica en estos momentos en América latina, se pierde de vista que la "fuente" principal de estos virus es el propio ser humano y no el mosquito.

Para Hernán Solari, docente del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA (FCEN) e investigador del Conicet, este cambio de perspectiva tiene mucha importancia en la planificación de las medidas de prevención.

"Los virus se reproducen en gran escala en las personas, y mucho menos en el mosquito –subraya–. El mosquito hace el «delivery» casa por casa, pero el que produce y transporta largas distancias el virus es el ser humano."

Especialista en modelos matemáticos de epidemias, particularmente para Aedes aegypti y las enfermedades que transmite, Solari analizó el caso de la Ciudad y el Conurbano y destaca que para controlar la transmisión de los virus no basta con concentrarse en el vector: también hay que tener en cuenta la contribución de las personas.

"El ser humano hace el transporte de larga distancia, y también lo lleva de su casa al trabajo y del trabajo a la casa, a la escuela, al hospital, a las casas de sus amigos y familiares –puntualiza–. No sólo hay que concebir al mosquito como el que inocula el virus, sino también como el que adquiere el virus del ser humano. Debemos procurar que nuestros mosquitos estén sanos."

Graduado en física, Solari empezó a trabajar en modelos epidemiológicos casi por casualidad, para dirigir la tesis de doctorado de uno de sus alumnos. En 2002, algunos de sus trabajos despertaron interés y lo animaron a seguir investigando.

Según sus análisis, el brote tendrá un pico en marzo o abril; es decir, que seguirá creciendo, aunque todavía faltan datos para hacer estimaciones precisas. "Es una cuestión muy azarosa –explica–. A veces, las epidemias parecen empezar, hay unos cuantos casos y se extinguen solas. Depende de muchos factores."

Uno de ellos es la cantidad de personas que viajaron a zonas con circulación de los virus; otros, las condiciones ambientales (temperatura, lluvias), la cantidad de mosquitos y la de individuos que se contagian a partir de cada caso.

Un problema urbano

"En un trabajo que realizamos antes de la epidemia de 2009, analizamos el posible desarrollo de brotes de dengue en el área metropolitana –cuenta Solari–. El momento en que comienza la circulación del virus es un elemento determinante. Considerando los niveles actuales de poblaciones de Aedes aegypti en esta región, pueden producirse brotes grandes (unos pocos miles de casos) si la epidemia comienza en enero. Esto sin contar los brotes secundarios producidos por la movilidad de las personas. La epidemia de dengue actual en la región metropolitana podría ser unas 50 o 100 veces más severa que la circulación del virus en 2009, con focos de hasta 2000 casos si no median medidas de control. El dengue es fundamentalmente un problema urbano."

Según el científico, cuando el número de casos de una enfermedad supera significativamente lo usual se está frente a una epidemia. "El índice a considerar como indicador de una situación epidémica es el número reproductivo básico, familiarmente conocido como R0 –detalla–. Indica (entre otras cosas) la cantidad de casos secundarios producidos por una persona contagiosa. Si R0 es mayor que 1 estamos frente a un cuadro epidémico; si es menor, la circulación del virus puede sostenerse en el mediano plazo solamente por el flujo de casos importados."

Solari también destaca la importancia de eliminar los criaderos de mosquitos, que generalmente están muy cerca, e incluso dentro del hogar.

Tradicionalmente, el origen de los mosquitos eran los huecos de los árboles, pero en la actualidad estos fueron reemplazados por recipientes fabricados por el ser humano.

"He encontrado larvas criándose en una tapita de gaseosa –comenta–. En mi casa, descubrí 10 o 15 en la película de agua de un milímetro del secaplatos. Se pueden observar a simple vista. Se mueven muy rápido y, cuando escuchan que no va llegando, se van al fondo del recipiente. Además, cuando uno las alumbra con una linterna «se vuelven locas», son fotofóbicas. Para ver los huevos hace falta una lupa."

De acuerdo con la cantidad de comida de que dispongan, en cuatro cinco días los huevos se transforman en pupas, y éstas se convierten en adultos un día más tarde. "Lo primero que hacen es copular con los machos y pueden poner 40 o 50 huevos cada cuatro o cinco días –dice Solari–. Si tienen poco alimento, pueden durar hasta 60 días en estado de larva, y a ellas no les hace nada la fumigación."

Por todo esto, una de las ideas que propone Solari es que los vecinos se pongan de acuerdo y organicen un día de limpieza de toda la manzana para eliminar reservorios de agua.

También sugiere formar un comité de asesoramiento científico para este problema que contemple tanto la visión del médico, como la del biólogo, el sociólogo, el funcionario de salud pública y el de la epidemiología matemática.

"Es necesario adelantarse a los hechos y no correr detrás de ellos –subraya. Y enseguida concluye–: Hay que tomar muy en serio la detección. En dengue, por ejemplo, el paciente contagia un día antes de que se presenten los síntomas. Por otro lado, muchos siguen yendo a trabajar (por ejemplo, en la construcción, donde suele haber agua estancada), viajan en colectivo... Sin embargo, ante la primera señal uno debería extremar las medidas para aislarse de los mosquitos y así cortar la transmisión".

Datos útiles

  • Una investigación del doctor Ricardo Gürtler, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA– realizada en Clorinda, Formosa, mostró que los lugares en los que se encuentra mayor concentración de larvas son los tanques de agua sin tapa.
  • Según estudios de Solari y colaboradores, en condiciones naturales el Aedes aegypti no vuela mucho más de 40 o 50 metros.
  • Estudios en ciudades de la frontera de los Estados Unidos con México muestran que la epidemia es más débil del lado estadounidense porque hay más confort. Los acondicionadores de aire llevan a cerrar las ventanas, y las temperaturas más bajas hacen menguar la actividad del mosquito.
  • A partir de los 45 grados, la mortalidad de estos mosquitos aumenta. Durante el día están bajo las plantas y eso dificulta las tareas de fumigación.
  • Además de los cuidados hogareños, es preciso que las autoridades eliminen los criaderos y controlen el vector en los lugares de concentración de personas, como hospitales, fábricas y escuelas.
  • Para que sea efectiva la fumigación, los equipos deben estar cuidadosamente calibrados y mantenidos. "El tamaño de la gota en la niebla importa", dice Solari.

Por: Nora Bär
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