Desafíos que inspiran: a los 83 años, se propuso escalar el Aconcagua

Elisa Sampietro de Forti practicó deportes toda su vida; en 2016 se convirtió en la mujer de mayor edad que hizo un trayecto de 100 km para cruzar la Cordillera de los Andes
María Ayzaguer
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21 de enero de 2018  

"Correr me devolvió la vida", dice Elisa
"Correr me devolvió la vida", dice Elisa Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez

"Papá, ¿qué hago con la nona?", preguntó por teléfono, asustado, el nieto de Elisa Sampietro de Forti. Estaban corriendo en pleno desafío del Cruce Columbia, una competencia que tiene como objetivo atravesar los Andes, y ella se había caído y lastimado una pierna. Elisa insistía en continuar la carrera a pesar de que el médico de la expedición no se lo había recomendado. El veredicto telefónico fue contundente: "La abuela es grande y sabe lo que hace. Dejala". Así fue como Sampietro de Forti se convirtió, a los 82 años, en la mujer de mayor edad en completar en tres oportunidades el Cruce Columbia de los Andes, un trayecto de más de 100 kilómetros que se hace en el transcurso de tres días. Y, encima, se dio el lujo de hacerlo acompañada de su nieto.

Pero no se contenta con este logro. Hoy, a sus 83 años, ya tiene planeado ir por más. Será una de las 11 personas "inspiradoras" que, con el objetivo de promover el deporte y la vida saludable, intentará hacer cumbre en el Aconcagua entre el 1° y el 5 de marzo. La convocatoria es de Summit Argentina, una iniciativa que arrancará el 16 de febrero. La expedición durará alrededor de 19 días.

¿El objetivo? Llevar a la cima de 6962 metros la bandera de los Juegos Olímpicos de la Juventud, que se realizarán en Buenos Aires en octubre próximo.

Según la iniciativa, Elisa fue elegida como uno de los 11 inspiradores porque empezó a correr a los 72 años, luego de haber enviudado. Desde ese momento no paró de batir récords.

Su historia no se corresponde con la de una deportista de elite, rodeada de un ejército de profesionales. Llegó al running, cuando, por medio de su hija, se enteró de un grupo que iba a correr a la Patagonia, más específicamente a Villa La Angostura. Todos le decían que era un lugar precioso y ella se moría de ganas de conocerlo. Nacida cerca de Como, Italia, un enclave de lagos y cerros, la llanura de Buenos Aires podía ser un tanto monótona. Insistió e insistió tanto que la terminaron invitando al viaje. "Conocí al grupo de running, me integré. Les llevaba mínimo 20 años de diferencia a todos, pero me aceptaron como si fuera una vieja compañera", cuenta.

En aquel entonces jugaba al tenis (había dejado el vóley, deporte que practicó de manera semiprofesional). "Y el tenis es muy lindo pero un poco egoísta", dice.

Entrenó esos primeros días a la par del grupo y cuando volvió a Buenos Aires se unió para hacerlo todos los sábados. "Correr me dio mucha seguridad y me permitió salir de mi casa. Yo siempre fui muy tímida y cuando falleció mi marido decidí recluirme en casa. Con las carreras aprendí que se puede vivir de otra forma. Correr me devolvió la vida", relató en la página web del desafío Summit Argentina.

A los dos meses de volver de Villa La Angostura se anotó en la primera carrera. "Y la terminé en cinco horas, pero la terminé", cuenta. Desde entonces corrió decenas de competencias en escenografías tan disímiles como las que ofrecen Misiones, Jujuy, Río de Janeiro e Italia. Y con una clave para lograr los desafíos: hacerlos siempre a su ritmo.

Correr para recordar

Algo tímida, cuenta que mientras corre constantemente se le acerca gente a felicitarla o a agradecerle por la inspiración. Ella piensa en quienes trabajan en hospitales o en comedores y, afirma, no se siente digna de admiración. Pero reconoce que aprecia que los jóvenes se fijen en ella. "Cuando terminé una carrera en Salta, se me acercó un muchacho que me abrazó, me dio un beso en la mejilla y me contó que un año atrás estaba tirado en un sillón, mirando la televisión y me había visto corriendo. A partir de eso se replanteó su forma de vivir y él también comenzó a correr", contó en la página web de Summit Argentina.

Es disciplinada a la hora de entrenar. De lunes a jueves corre una hora por día. Los viernes practica natación. Los sábados entrena con el grupo de running. Y los domingos juega al tenis. Sí, no tiene ningún día de descanso. En el medio también reparte su tiempo con su familia: tiene cinco hijos, 11 nietos y tres bisnietos.

-¿Qué siente cuando corre?

-Expansión, soltura, libertad.

-¿Escucha música mientras corre como hace la mayoría de los runners? ¿En qué piensa?

-No, a mí me gusta escuchar la música del río, los pajaritos. Por lo general, voy pensando en recuerdos de personas queridas.

Y entre esos fragmentos de la memoria se cuela el de su amiga Nitín, nombre que llevó impreso en su remera con la que eligió cruzar los Andes. Junto a ella, a sus 14 años, emigró desde Italia a la Argentina, mientras dejaba atrás los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Ella le presentó a su primo, que terminó por enamorarla y, con el tiempo, se convirtió en su esposo. "Una de las últimas frases que me dijo mi amiga fue: Elisa, no dejes de correr, porque te hace muy bien. Ella me conoció tímida, metida en mí misma. Y el running a mí me sacó de mi casa. Entonces, cuando estoy corriendo y no doy más, le hablo: Por vos estoy en esto, así que acompañame un poco y después te vas de vuelta. Esas pavadas que uno hace".

-¿Cómo se está preparando para el ascenso al Aconcagua?

-Bien porque no me siento presionada. No tengo que demostrar nada. No tengo el ansia de decir: "Tengo que llegar arriba de todo". Aparte la cabeza yo ya la tengo, no sé cómo va a jugar el oxígeno. Yo lo máximo que corrí en altura fue en las Salinas, a 3200 metros. Está bien que acá no hay que correr. Pero no sé cómo me va a jugar eso. Me entusiasma que es un grupo de gente divino, toda gente linda. Queremos llevar el mensaje de que se puede cuando uno quiere.

-¿Se le cruza por la cabeza una vida sin deporte?

-Sin moverme, no. No sé si voy a poder seguir corriendo siempre. Pero algo voy a encontrar. ¡Aunque sea las bochas! (ríe).

Todos los participantes de la expedición lograron superar la adversidad por medio de la práctica del deporte como herramienta de transformación. Ezequiel Baraja encontró en el rugby un medio que lo hizo sentir libre mientras transitaba su condena por robo calificado en prisión. Silvio Velo nació ciego y en un hogar pobre y, gracias al fútbol para no videntes, se transformó en un referente en la lucha por la integración de personas con discapacidad. Un hilo similar recorre las historias de todos los participantes.

Cada metro suma

Por cada metro que ascienda cada uno de los 11 participantes de la expedición la Fundación Leo Messi, La Fundación Fortabat y Allianz donarán $10, $3 y $1 respectivamente. Todo el dinero recaudado será donado a la fundación Baccigalupo, que trabaja en pos del desarrollo psicomotriz de chicos con discapacidad intelectual.

Los 11 referentes que integran la expedición

FABRICIO OBERTO (Básquet)

A pesar de un recurrente problema cardíaco, Fabricio continuó jugando básquetbol de primerísimo nivel hasta que se retiró a los 37 años.

PAULA PARETO (Judo)

Es la primera mujer argentina en ser campeona olímpica (Judo, Río 2016) y la primera en ganar dos medallas olímpicas en disciplinas individuales. Todo esto lo logró mientras cursaba la carrera de Medicina.

SILVIO VELO (Fútbol de Salón)

El “Messi de los no videntes”, es considerado el jugador de fútbol sala para ciegos más talentoso del mundo.

MARIA DEL PILAR PEREYRA

Campeona del Campeonato argentino de Aguas Abiertas, no permitió que una lesión lumbar crónica la alejara de los Juegos Olímpicos del 96 y del 2000.

ELISA FORTI (Running).

Tiene 83 años y comenzó a correr a los 72. Desde entonces no paró de quebrar récords. Concretó cuatro veces el Cruce Columbia de los Andes

PABLO GIESENOW (Triatlón)

Hace 3 años debió ser amputado de ambas piernas debido a un accidente de tránsito. Hoy practica natación, ciclismo y atletismo, y entrena diariamente para competir en los Juegos Paraolímpicos de Tokio 2020

ALVARO CASILLAS (Tria y Ultra trail)

Era uno de los jóvenes toreros con mayor proyección en España hasta que en 2008 fue corneado por un toro, lo que le produjo múltiples lesiones. No sólo volvió a caminar normalmente, sino que hoy corre triatlones y carreras de ultradistancia.

EZEQUIEL BARAJA (Rugby)

Estando detenido comenzó a jugar al rugby, lo que le cambió la vida. Logró estudiar y salir en libertad.

PETER CZANYO (Trail Running)

Fumó toda su vida hasta que un cáncer le hizo perder casi todo un pulmón. Desde entonces cambió completamente sus hábitos y comenzó a correr y batir marcas contra todo pronóstico.

FERNANDO PEDRO MARINO (Maratón)

Ex Combatiente de Malvinas, al volver de las Islas se dedicó al deporte como método de resiliencia. Corrió maratones en los 7 continentes llevando mensajes de paz

JULIÁN WEICH, (Embajador del proyecto)

No tuvo que superar ninguna adversidad gracias al deporte, sin embargo el deporte tuvo gran incidencia en su formación como persona en todas las etapas de su vida, una línea de conducta que aún mantiene y se proyecta a sus hijos

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