Destruyeron 6000 armas de asaltantes y fuera de uso

El Renar convirtió un arsenal de 7 toneladas en acero fundido
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1 de diciembre de 2001  

Un calor extenuante y una gran nube de humo que cubría todo el predio era la imagen predominante, ayer por la mañana, durante la primera destrucción de armas del año que realizó el Registro Nacional de Armas (Renar) en la planta de Aceros Angelleti, en la localidad bonaerense de Longchamps.

El objetivo de la quema es combatir la inseguridad y desechar armamento fuera de uso. Un arsenal de siete toneladas fue sometido a más de 1650 grados. En tres horas, el lote de cerca de 6000 revólveres, escopetas y ametralladoras quedó convertido en acero fundido.

Esta es la primera vez en el curso del año que el Renar destruye un lote de armas de fuego. A fines de octubre del año último se realizó un procedimiento similar. En aquella oportunidad fueron nueve las toneladas de armas destruidas.

"Este es un procedimiento bastante rutinario. Se hace cuando hay una cierta cantidad de armas que dejaron de estar en circulación, otras que fueron entregadas por particulares o si no que fueron sustraídas en procedimientos policiales", aseguró a LA NACION el director de Operaciones del Renar, Héctor Méndez de Leo. El director del organismo, Gregorio Pomar, explicó la operatoria: "A lo largo del año se reciben todas aquellas armas que los particulares no desean seguir conservando por considerarlas un peligro".

Cantidad

Sumado a eso, algunas provincias y varios juzgados federales envían al organismo todo el material secuestrado en procedimientos.

"El Renar acumula todas las armas y cuando logra juntar una importante cantidad procede a destruirlas", aseguró Pomar.

Y agregó: "Si existe la posibilidad, es preferible que las armas sean destruidas en cada provincia, porque al ser transportadas desde cualquier punto del país hacia Buenos Aires corren riesgos de no llegar al lugar de destino".

Luego de haber sido levantadas con un gran imán, las armas fueron depositadas en un enorme contenedor. Desde allí una grúa fue la encargada de trasladar el armamento hasta el horno, que a una temperatura superior a los 1600 grados las transformó en acero líquido.

La fundición fue vertida en un molde y permanecerá allí hasta que quede completamente sólida.

Continuar con la destrucción de las armas en desuso y así poder evitar que sean reutilizadas son los objetivos principales del organismo.

¿Qué se hará con tanto acero?

En el Renar se evalúa la posibilidad de imitar la iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que transformó los restos de armas en un monumento en favor de la paz.

"Posiblemente lo usemos para levantar monumentos u otra cosa que resulte útil para la comunidad, -dijo Pomar-. Tenemos en mente realizar algo similar a lo que hizo la ONU. Es probable que lo hagamos el año que viene, pero todavía no hay nada firme."

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