Día del Amigo: un lazo que nació y se fortaleció en más de 500 horas de diálisis

Néstor "Beki" Ribet, de 34 años, y Juan Pablo Galardi, de 37
Néstor "Beki" Ribet, de 34 años, y Juan Pablo Galardi, de 37
Juan Pablo Galardi y Néstor Ribet compartieron seis meses de sesiones en un centro médico; señalan que el vínculo fue fundamental para atravesar la dura espera del trasplante
Soledad Vallejos
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20 de julio de 2019  

Uno frente al otro, reclinados en una silla y con un brazo extendido en el que se insertan dos agujas que se unen a un tubo flexible y se conectan a un catalizador. La pose se repite tres veces por semana y debe mantenerse por unas cuatro horas, lo que dura una típica sesión de diálisis. Y mientras el tiempo corre, y la espera se hace de plastilina, se puede mirar televisión, leer, dormir una siesta, chequear infinitas veces todas las redes sociales en el celular o charlar con los "vecinos" de la sala. Así, mientras un filtro que actuaba como un riñón artificial limpiaba su sangre, Juan Pablo Galardi, de 37 años, y Néstor "Beki" Ribet, de 34, se hicieron amigos. Muy amigos.

"Yo, en general, llevaba la compu para seguir trabajando. Iba al centro de diálisis de la Fundación Favaloro los lunes, miércoles y viernes. Pero hubo un tiempo en que como algunos valores no estaban bien me dijeron que tenía que ir todos los días. Entonces, durante seis meses también sumé los martes, jueves y sábados, que eran los días en los que iba Beki. Nos pusieron enfrentados, y un día empezamos a charlar", cuenta Galardi, que después de ocho años de diálisis, el 1º de julio pasado fue trasplantado por segunda vez.

Cuando tenía un año y medio padeció el síndrome urémico hemolítico y desde entonces sus riñones comenzaron a fallar. En 2006, los médicos le dijeron que su única opción era un trasplante. Y fue su madre, que era compatible, quien se lo donó. Pero en 2011, ella murió y meses más tarde, sorpresivamente, su cuerpo rechazó el órgano. "Me derrumbé emocionalmente y eso influyó para que mi cuerpo lo rechazara", dice. Entonces, volvió a estar en la lista de espera hasta hace 20 días, cuando sonó el teléfono y la llamada registrada señaló "Operativo Trasplante". No era la primera vez que eso sucedía, porque recibir una llamada así no es una confirmación en sí misma. "En el último mes ya había recibido tres. Te hacen un montón de preguntas. Si tenés fiebre, si estás en la ciudad, cuándo fue la última vez que te dializaste -explica Galardi-. Pero a los 10 minutos me volvieron a llamar y me dijeron que estaba en el primer puesto. No podía ni hablar, me temblaban las piernas. Estaba en el trabajo y no me salían las palabras para contarle a mi jefa", recuerda Galardi ahora, y es tanta la emoción que no contiene el llano.

En la Argentina, 7317 personas necesitan un trasplante para salvar su vida en este momento. Unas 5539, como lo hicieron estos dos jóvenes amigos, esperan un riñón.

Cara a cara

Un año y medio. Ese fue el tiempo que Ribet tuvo que dializarse. De octubre de 2014 a mayo de 2016, cuando su hermana mayor le donó el riñón que le salvó la vida. En ese lapso, a mediados de 2015, Galardi y Ribet fueron compañeros de diálisis. Estuvieron cara a cara unas 500 horas durante seis meses, siempre en la misma posición. Y lo que comenzó con una charla "típica" entre dos desconocidos que comparten una misma condición se convirtió en una relación de amistad como ninguna otra. "Saber que Juampi iba a estar ahí cada vez que iba al centro, porque uno puede suspender cualquier actividad menos esa, era un alivio. Son cuatro horas sin poder moverte, y a veces nos metíamos tan profundo en un tema que el tiempo pasaba volando -confiesa Ribet-. No es una amistad tradicional en ningún sentido. Hablábamos de cosas serias. Nos podíamos reír de cosas que nos pasaban, que quizá para nuestra familia o los amigos no tenían nada de gracioso. Porque es difícil de entender para alguien que no la vivió".

En el caso de Ribet, todo surgió después de un pico de presión, en 2010. "Fui a la guardia y me mandaron a hacer un análisis de sangre, y ahí apareció. Mantuve la función renal por cuatro años más. Pero un día el cuadro se complicó y me internaron de urgencia", dice el joven, que es padre de Benjamín, de cuatro años.

Los dos, coinciden, tenían un mismo punto de vista. "Hay mucha gente grande que hace diálisis, y que el tratamiento, los remedios y todo lo que rodea a la enfermedad es en lo único que piensan. Para nosotros, todo lo que sucedía fuera de diálisis era lo importante. La proyección a futuro, lo que queríamos hacer. Juampi es un tipo que tiene mucha fuerza, que tira para adelante", dice Ribet sobre su amigo.

"Beki es un tipo que no tiene problema en decir lo que piensa. Habla con mucha sinceridad. Incluso cuando tiene que decirte algo en lo que no está de acuerdo. Es un gran virtud, y me ayudó mucho", responde Galardi desde su casa, donde adapta su rutina al protocolo de cuidados extremos que rigen en la fase inmediata al trasplante. Hoy se festeja el Día del Amigo, y Galardi se reconoce un "tipo amiguero". Antes, dice, era como Roberto Carlos. Pero con los años algunos fueron quedando en el camino. Además de su novia y su padre, explica, no puede recibir visitas. Pero siempre hay una excepción, y ayer Beki tocó el timbre y festejaron por adelantado.

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