Duras condenas para una banda de narcos

Todo comenzó con una llamada anónima
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5 de diciembre de 2001  

La llamada telefónica era desesperada: "No aguanto más. Quieren que mi esposa lleve la merca a Europa. Ya no aguanto esa presión. Los que manejan el negocio son Héctor Britez y los hermanos Báez en el Chaco". El interlocutor no dio su nombre, pero sí la información necesaria para secuestrar 50 kilos de cocaína que estaban escondidos en un quinta de Moreno y desbaratar una banda de narcotraficantes cuyos seis integrantes fueron llevados a juicio oral y condenados, el viernes último, a penas que van desde los cuatro hasta los dieciséis años de prisión.

El fallo del Tribunal Oral Federal N° 1 lleva la firma de los jueces Mario Gustavo Costa, Martín Federico y Juan María Torino, quienes impusieron una alta pena para Héctor Oscar Britez, considerado organizador del tráfico de estupefacientes.

Su esposa, Eleodora Báez, fue sentenciada a seis años de prisión; José Carlos Guanco, a nueve; Adolfo Grinberg y Antonio Báez, a cuatro años y medio, y María Cristina Ojeda, a tres.

Tras la llamada, ocurrida en 1998, la División Operaciones Metropolitanas de la Superintendencia de Drogas Peligrosas siguió los pasos de la organización y realizó escuchas telefónicas. Así detectó una llamada donde Britez anunciaba su llegada a Ezeiza desde Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.

Un laboratorio

Los policías lo siguieron hasta la quinta Lara Pinta, de Moreno, que alquilaba Guanco, con su concubina como garante. Allí, entre el cielo raso y el techo del baño de la vivienda, los policías encontraron los 50 kilos de droga compactados y un laboratorio de corte con prensas hidráulicas.

Como novedosa medida educativa, el tribunal que dispuso las condenas ordenó decomisar las prensas para que la Secretaría de Lucha contra el Narcotráfico las done a escuelas técnicas y les haga saber a los alumnos el origen de las herramientas y las condenas recibidas por los usuarios.

En la quinta también se encontraron armas largas y cortas, incluida una ametralladora PAM. Por eso algunas condenas son en concurso con el delito de acopio de armas de guerra. También se decomisó gran cantidad de autos, algunos importados.

Una ramificación de la banda llegaba hasta el Chaco, donde la policía decomisó en poder de los acusados dos camiones con los que supuestamente vendían papas y cebollas.

Tras dos años presos, los acusados fueron a juicio oral, con la intervención del fiscal federal Enrique Lotero. Durante el juicio, Britez, para justificar sus bienes, alegó que era jugador profesional de cartas. Su especialidad era la loba motorizada , una suerte de chinchón que se juega por dinero con naipes franceses. Muy pocos creyeron que su rara habilidad con las barajas le haya prodigado semejante capital para comprar los vehículos.

Las declaraciones en el juicio de los principales Vara, Villarroel y del suboficial Mediana que realizaron los seguimientos y las tareas de inteligencia fueron clave para llegar a las condenas, dijeron fuentes allegadas a la causa. Los investigadores sospecharon, pero no lo probaron en el juicio, que la organización se dedicaba a enviar droga a Europa.

Guanco, Grinberg y Britez seguirán en prisión; la esposa de este último continuará cumpliendo arresto domiciliario debido al estado de salud de sus hijos, mientras que María Cristina Ojeda y Adolfo Báez fueron excarcelados bajo caución juratoria.

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