El argentino que triunfa en la NBA

Alcanzó la cima del certamen donde jugó su gran ídolo, Michael Jordan
Miguel Romano
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12 de mayo de 2003  

Puede afirmarse que los sueños juveniles de Emanuel David Ginóbili, la nueva estrella de San Antonio Spurs en la NBA, fueron cobijados por su ídolo: Michael Jordan. No en persona, claro está, si- no por la imagen enorme de un póster, tamaño natural, que él y sus hermanos mayores, Leandro y Sebastián -también basquetbolistas-, colgaron alguna vez en la habitación de su casa en Bahía Blanca. A media cuadra de allí se encuentra aún hoy el club Bahiense del Norte, donde su papá, Jorge, jugó, dirigió y es el presidente.

En ese precario gimnasio, Manu, como todos lo conocen, comenzó desde muy temprano a apuntar al aro. "Mi preocupación era la estatura, todos los días me medía en una pared de la cocina. Creí que jamás podría superar a mis hermanos, que no llegan a 1,90 metro", contó el goleador de 25 años y 1,98 de estatura. "A los 17 años, pegó un estirón increíble", relata su papá, tan fanático como él del basquetbol.

Tras la aventura de debutar en la Liga Nacional jugando para un equipo de La Rioja (Andino) y luego en Estudiantes, de su ciudad, se fue a Italia, donde rápidamente cobró trascendencia. Primero en Reggio Calabria y después en el poderoso Kinder Bologna, donde saltó a la fama de inmediato tras conseguir tres títulos en el primer año: la Copa de Italia, la liga nacional y la Euroliga, el certamen más exigente después de la NBA.

El arma ofensiva

Fue entonces el arma ofensiva más importante del equipo y conquistó a los fanáticos de Kinder, que aún hoy lo sienten como su ídolo y se preocupan por su futuro. Por eso, no extrañó que los reclutadores de la NBA posaran su ojos en este zurdo desgarbado y narigón, con carácter, talento y mucha habilidad, que fue dos veces elegido el mejor jugador europeo.

"Pensaba en llegar a la NBA, pero no era una cosa que me quitara el sueño. Después de los logros en Europa y de saber que me querían, empecé a tomar el desafío de jugar allí", señaló Ginóbili.

Tras el inesperado éxito personal y del seleccionado en el Mundial de Indianápolis, el bahiense encontró el camino despejado en San Antonio. Al principio lo tomaron como una buena opción para el equipo y ahora, después de seis meses, se convirtió poco menos que en el toque distintivo y la fuente de energía ganadora de los almidonados Spurs.

"Cómo no amar a un jugador con tantas agallas y fe para ganar", fue uno de los elogios de David Robinson, la máxima estrella de todos los tiempos de San Antonio. "Disfruto mucho cuando lo veo jugar", agregó su compañero Kevin Willis. Hasta Jordan y Kareem Abdul Jabbar alabaron su juego. Y también su técnico, Gregg Popovich, reconoció sus virtudes cuando expresó: "Todavía no se vio lo mejor de Manu".

Por estas horas, en una de las semifinales de la Conferencia Oeste frente a los tricampeones, Los Angeles Lakers, este argentino se atreve a desairar con un amago a Kobe Braynt o a encarar con sus fantásticas penetraciones al mismísimo Shaquille O´Neal. Dice que ama jugar los minutos más calientes y decisivos de cada partido. "Siento algo especial acá en el estómago", aclara.

Por eso, ya es una costumbre de toda la temporada que en el momento crucial de cada partido él se encuentre en la cancha tratando de inventar alguna jugada distinta de su extenso repertorio. También por eso ya tiene una barra de fans que corean su nombre y visten camisetas con el número 20. Y eso que sólo se trata de su año de debut en el planeta más poderoso del basquetbol mundial.

"A veces tomo distancia de todo esto y no puedo creer que esté pasándole la pelota a Duncan y marcando a Kobe... Pero cada vez me sucede menos."

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